Treinta años del último día en la mina

Se cumple el treinta aniversario del cierre del pozo de Matacabras, con el que se ponía fin a más de un siglo y medio de explotación minera en el distrito Linares-La Carolina

La Cabria de Matacabras da la bienvenida a los que llegan a Linares y, de paso, les recuerda el inmenso patrimonio minero que toda la comarca tuvo durante buena parte de los siglos XIX y XX. Pero ese vestigio no es más que un símbolo de lo que fue un pasado esplendoroso. Hoy, el presente, es más incierto.

El pozo Matacabras fue la última mina de plomo que quedaba abierta en el distrito minero Linares-La Carolina. Corría el 21 de mayo cuando echó el cierre a una historia de más de siglo y medio de duración en el que el mineral situó en el mapa a esta zona del sur peninsular y permitió el crecimiento de pueblos y ciudades de un marcado carácter minero.

El entonces delegado de Industria de la Junta de Andalucía, Francisco García Martínez, atiende a los periodistas acompañado por el alcalde de Linares, Manuel Rodríguez Méndez.

Pertenecía a la compañía Minas La Cruz, gestionada por una empresa de Linares que cuando decidió cerrar Matacabras explotaba otros cuatro pozos: San José, Cobre, Número 5 y Cerro Hueco. Con su desaparición quedaron en la calle 250 trabajadores. Una cifra muy modesta comparada con los 50.000 mineros que horadaban los suelos de La Carolina, Linares, Guarromán, Baños de la Encina y Bailén en las primeras décadas del siglo XX.

Instantes antes de encarar la rampa de descenso al pozo, la resignación dejó paso a las lágrimas ante la clausura de toda una historia ligada a la minería, cuya decadencia comenzó tres décadas antes. Las principales consumidores de plomo habían sido industrias automovilísticas, que lo usaban para las baterías y los faros, pero la innovación tecnológica llevó a reducir la demanda en un tercio. Esto unido a elevados costes en la extracción hizo que paulatinamente los mineros viesen cómo se quedaban sin bajar a los pozos.

La explotación de las minas de plomo convirtieron a Linares en una pujante zona industrial y comercial, supuso un fuerte incremento de la población y la llegada del ferrocarril. Sin las minas jamás hubiese existido El Centenillo, una colonia minera que se fundó en el XIX por la familia inglesa Hasseldem. Hasta tal punto llegó su auge que contó con escuelas públicas, iglesias protestantes y cristianas, un hospital, un casino, un mercado, un campo de fútbol y hasta una pista de tenis.

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