Te amo Linares

La hoja en blanco me produce placer al mismo tiempo que respeto. Es más, en días de ceguera ante la página virgen habría deseado que las papelerías vendieran folios con texto impreso.

Al estar sobre todo afiliado a mí mismo, con mis desatinos y manías, fundamentales para conocerme, siempre he plasmado lo que me apetece. Escribo acerca de mi mundo, sin pretender ser egocéntrico desarrollando emociones. También navego sobre el miedo de no decepcionar a los amigos, y a quienes gastan cinco minutos de su tiempo en leer lo que firmo.

Hay tres cuestiones esenciales por las cuales mi existencia se hace firme; el valor, la esperanza y sobre todo el amor.

En 1991 el Partido Andalucista que encabezaba Alfonso Siles Velasco, sacudió el panorama electoral en Linares. Como eslogan de campaña utilizó una frase simple y contundente, «Te quiero Linares».

He recordado tal hecho, por sentir hoy en esta coyuntura de barro por la que atraviesa Linares, esa leyenda con fuerza, incluso doy un paso más para mostrar algo que siempre he tenido dentro, lo manifestara o no, amor por mi tierra.

Si bien Linares tiene una rica historia milenaria para exponerse hacia fuera con garantias, puede que para muchos mi pueblo sea como otro cualquiera. No tiene abundantes monumentos, no posee grandes teatros, carece de paisajes que estremezcan los sentidos. Pero posee algo que no tiene nadie más el posesivo «mi», eso es lo que le hace único y lo diferencia del resto.

Me he pasado, por cuestiones profesionales, un tercio de vida errante en otros lugares, en otras ciudades y pueblos, donde me han acogido como uno más, pero no he podido situar en ninguno de ellos el «mi».

Amo Linares porque en él aprendí pisando los adoquines del llamado Casco Histórico, eso tan difícil que es ser niño, disfrutando de primaveras largas y claras, merienda al trote sobre zapatos gorila y principalmente pude practicar el juego en su forma más enriquecedora la colectiva. Hacíamos del fin de semana un reino particular, delimitado por calles sin aduana y plazas sin trincheras: Zambrana, Cantina, Jardines, Albaicin, Baeza, Plaza del Gallo, Plaza Nueva.

He tenido la fortuna de criarme en una tierra que ha sido en ocasiones pobre, otras rica y sobre todo orgullosa, donde nos conocemos casi todos, por eso no necesitamos monumentos al desconocido, sean soldados o porteras.

Fui creciendo -en todos los sentidos- dentro de una generación hija de la abundancia, desafiando las manecillas del reloj, de alma erguida y atardeceres tranquilos. La vida con su suerte nos había sonreído, trabajabas, estudiabas o hacías del ocio arte.

Amo mi pueblo que derrocha por su frente el sudor de plomo líquido, de cultura urbana, ganador y perdedor a partes iguales, donde la inmensa mayoría de su gente se toca, habla en voz alta, le basta la servilleta de bar para firmar un tratado, dan los buenos días desde el portal, se chocan las miradas sin miedo y nos entendemos con palabras propias del «gachí» cortas de letras, largas en intenciones.

Me he metido dentro de su piel de plata para poder disfrutarla sin límites. He recorrido el «canalillo» de su escote hasta resquebrajarme.

Mis sentidos serían otros de no haber conocido la cita en las Ocho Puertas, los besos furtivos en la Plaza de Colón, el viento fresco de mañana en el Paseo, la paz silenciosa a la sombra en Santa Margarita, los chorros de agua acariciando la cara una tarde de verano en la Fuente del Pisar, los colores del olor a feria.

Soy astilla de su palo. Gramo, entre toneladas de linarensismo con una forma peculiar de ser, de vivir, de sentir, o de entender un mundo que no deja de chirriar.

Pero los años pasan a más velocidad de lo permitido. El miedo, escondido en el pliegue de nuestras dudas, nos ha obligado a cerrar puertas y renunciar a esa vida de azúcar.

El corazón se quiebra cuando ves tu pueblo sacudido por la maldad más antigua del mundo, la mentira. La tristeza me inunda al comprobar como empiezan a desvanecerse los sueños y la esperanza cae vencida en una existencia sin rumbo.

Duele al ver Linares en el cajón del olvido, de quienes tienen el deber y la obligación de hacer lo necesario para que eso no ocurra. Angustia tanta falsa política con guadaña, que nos priva del derecho a ser tratados con dignidad y justicia.

Pues bien, aquí estoy, aquí estamos, porque a pesar de los necios sabelotodo que hablan de nosotros sin conocernos, las desinformaciones que nos golpean, los buitres de mano larga y cerebro corto, o las mentes metálicas de políticos que solo saben arrebatarnos lo nuestro, voy a seguir amando, vamos a seguir amando a Linares.

Creo más que nunca en mi gente, en su fuerza desbocada y vigorosa, en la razón que nos mueve a seguir planteando la batalla de la esperanza. «Queremos que se cumpla la voluntad de la tierra», escribió Lorca en Poeta en Nueva York.

Por todo esto, y aunque esté en desuso, voy a seguir creyendo en los domingos de Resurrección.

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  1. Coincido contigo en la calidad del pueblo de Linares del amor que tu expresas pero no podemos ser gloriarnos y Román test arnos tanto puesto que ahora hacen falta palabras cortas precisas directas. No cabe la prosa ni la rima ante la asfixia económica que sufre Linares qué pena que yo que también he estado fuera 36 primavera y Linares sigue igual o peor si cabe. La falsedad de los religiosos y su Semana Santa en la que se vuelven ostentosos y sacan a relucir unos sentimientos que luego no salvan a los pobres y los inocentes. Faltan docentes más que curas y monaguillos e iglesias procesiones y ceremonias litúrgicas. No pueden tratar de terrorismo a los chavales que se enfrentaron a los antidisturbios, la vida de un linarense vale más que señales de tráfico y contenedores que se vuelquen. Coincido contigo en que los políticos no son nuestros amigos e incluso son unos pocos los que hacen verdadero periodismo los demás trabajan para los que ponen el dinero y casi todos dicen lo mismo. Una cárcel de información falsa en la que nos tienen sometidos dónde lanzan calumnias e injurias que la Justicia ha desmentido. Perdona que te diga que el franquismo no se ha ido qué hay quién los representa en lo ideológico y en lo político, muchos ocupan cargos notorios y otros, tienen grandes empresas y los hijos de sus hijos. Que no me hablen de izquierda y derecha cuando el PSOE ha sido lo mismo un engaño a la izquierda una traición al obrero y al sindicalismo. El verdadero partido se quedó en Toulouse, y Felipe González nos vendió como corderitos de domingo. No hay que poner el listón tan alto dejar que los jóvenes hablen y digan lo que les está pasando antes de que sea tarde antes de que dejen ser niños en este mundo de adultos.

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