Sufrirás en vida, te espera el paraíso eterno

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Tienes que quedarte ahí. Postrado. Dejando que pasen los segundos, los minutos, los días, las semanas, los años. Cada uno de ellos interminables. Sufriendo. Sin poder decidir tu destino. Enganchado a una máquina. Sin poder hablar. Sin poder moverte. Aguantando que otros elijan por ti. Tus deseos no importan. Total, estás enfermo y nos hemos apropiado de tu voluntad. Así, sin más. Eso es lo que hay. O lo que había.

El pasado día 18, el Gobierno aprobó la ley de la eutanasia convirtiéndose así, junto con Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Canadá, en uno de los primeros países del mundo en regular la muerte asistida.

“Hoy, cansado de la desidia institucional, me veo obligado a morir a escondidas, como un criminal. […] Considero que vivir es un derecho, no una obligación. He sido obligado a soportar esta penosa situación durante 28 años, cuatro meses y algunos días. Pasado este tiempo, hago balance del camino recorrido y no me salen las cuentas de la felicidad. (…) Solo el tiempo y la evolución de las consciencias decidirán algún día si mi petición era razonable o no”, dijo Ramón Sampedro antes de ingerir el veneno que le quitó la vida.

Fue la primera persona en España en solicitar la eutanasia, algo que se le negó una y otra vez. Supo encontrar salida, pero escondiéndose. Todo esto ocurrió hace más de veinte años. Seguro que recuerdan el caso. Alejandro Amenabar lo recogió en su película “Mar adentro”.

No hace tanto, en 2019, Ángel Hernández ayudó a morir a su mujer, María José Carrasco, enferma terminal de esclerosis múltiple. Su ayuda llegó a un juzgado de violencia de género. Un acto de amor tan doloroso como ese se vio agravado aún más al verse Ángel perdido en una maraña judicial.

Son muchos, miles los casos de personas que son obligadas a vivir. Pero la única solución que nos proponen desde PP, UNP y Vox, cómo no, es una ley de cuidados paliativos. Lo mismo es. No piensan el sentir de aquellos que sufren.

Ramón Sampedro se mantuvo postrado en una cama durante 30 años, tras sufrir un accidente en la playa.

Con el argumento de que se ha implantado “la cultura del descarte y la muerte”, juegan a ser dioses defendiendo la vida, aunque esta no sea una vida. Y, qué quieren que les diga, no sé a ustedes, pero a mí no me han prometido el paraíso eterno, por lo que quiero sentirme bien aquí y ahora. Quizá los que se oponen están convencidos de que tras la vida, aunque sea una mierda de vida, les espera como recompensa el paraíso prometido.

Como todas las leyes que garantizan un nuevo derecho no está exenta de polémica. De hecho, tiene una parte de la sociedad en contra. Por suerte, al Partido Socialista no le tiembla la mano a la hora de implementar nuevas garantías sociales. Solo hay que mirar atrás para saber a quién debemos agradecer la ley del divorcio, del aborto o los matrimonios igualitarios. En todas ellas hubo voces en contra, conciencias privilegiadas que nos aleccionaban sobre los peligros de cada avance social.

No sé si a algunos de los que se consideran con la autoridad moral para decirnos lo que es bueno o es malo se han visto en una situación similar. Quiero dejar claro que la ley de la eutanasia no es un descarte, sino una oportunidad de terminar con el sufrimiento, un derecho reclamado por miles de personas sin un futuro, muertas en vida. Una decisión personal y no una obligación.

Me alegro de que esté ahí, para todos los que la necesiten y, ojalá que no existiera nadie en este mundo que tuviera que recurrir a ella. Por eso, es una victoria de la democracia. Me alegro de vivir en un país que apueste por la vida digna. Quiero decidir por mí y no que otros me obliguen y me encadenen al infierno. La iniciativa socialista ha sido valiente, pensando en los demás, sin buscar réditos. Estamos de enhorabuena y brindo por ello.

3 COMENTARIOS

  1. Estoy muy orgullosa de que en mi país se cuente con un nuevo derecho, el de morir con dignidad. Libertad de decidir, sin incumplir leyes, cuándo una persona quiere acabar con su sufrimiento.
    Gracias a tod@s l@s que han hecho posible esta ley.

  2. Cuan necesarias son estas reflexiones para despejar las nubes, que a veces nos nublan la visión, muchas veces fruto de planteamientos maniqueos que no soportan el más mínimo cuestionamiento. Mil gracias una vez más, Inma.

  3. La derecha en su línea, siempre que hay una ley que supone un avance en derechos, ellos se oponen pero luego son los primeros en utilizarlas, como el divorcio, el aborto o incluso el matrimonio entre personas del mismo sexo! Y eso tiene un nombre, hipocresía! Dicho esto, me siento orgullosa de la valentía del PSOE que una vez más legisla pensando en los demás y en este caso, en poner fin al sufrimiento y el dolor de tantas y tantas familias cuyos enfermos no tienen solución. No es cuestión de justicia divina, es cuestión solo de justicia y empatía.

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