Reportaje | La Estación recupera el espíritu ferroviario

Una nueva hornada de jóvenes maquinistas garantiza el relevo generacional en Linares-Baeza. El Observador te cuenta su historia

La llegada del ferrocarril a mitad del siglo XIX trajo consigo una nueva clase social: los ferroviarios. Con el advenimiento del nuevo transporte, se produjeron una serie de adaptaciones laborales y tecnológicas que dieron lugar a trabajos vinculados exclusivamente al mundo ferroviario.

Jefes de estación, factores de circulación, guardagujas, interventores, enganchadores, guardesas, guardabarreras, capataces, sobrestantes, maquinistas, visitadores, guardanoches, interventores en ruta y guardafrenos son algunos de esos oficios que se desarrollaron con el ferrocarril y que encontraron acomodo en el principal nodo ferroviario del Sur de la Península hasta la implantación del AVE en 1992, año en el que la Estación Linares-Baeza fue perdiendo gas hasta convertirse en una playa de vías desértica.

Pero si miramos el árbol genealógico de los vecinos de la Entidad Local Autónoma podemos comprobar una estirpe de trabajadores ligados al tren que siguen habitando la zona y cuyos nietos e hijos quieren mantener vivo el espíritu ferroviario. Se trata de la nueva hornada de jóvenes maquinistas de la Estación.

Francisco Javier Sánchez, Ángel del Moral y Miguel Ángel de la Torre son tres de esos ejemplos. Han decidido que su experiencia laboral esté vinculada al ferrocarril, como la estuvo la de sus antepasados o paisanos.

Representan talento, esfuerzo, trabajo y pasión por un oficio que ha recuperado brillo gracias a la liberación del sector y la nueva llamada de Renfe para la incorporación inmediata a su plantilla de conductores.

Francisco Javier Sánchez (33 años) se graduó en Relaciones Laborales y Recursos Humanos por la Universidad de Granada. Sin embargo, un día decidió que su futuro estaba a los mandos de un tren. Así que habló con sus padres para poder inscribirse en el Centro de Formación Créate de Sevilla. En la capital andaluza, realizó el curso de maquinista y hace menos de un mes aprobó con «buena nota» la oposición de la compañía pública.

Para llegar hasta aquí, ha tenido que invertir 1.150 horas de teoría y de prácticas, además de desembolsar unos de 30.000 euros. A cambio, ha hecho realidad un sueño: conducir una locomotora. Lo hará después del verano. «No pensaba que me iba a gustar tanto», asegura a El Observador.

Esa sensación ya la ha probado Ángel del Moral (28). Este nieto de guardagujas e hijo del quiosquero de la Estación lleva dos años como maquinista en Renfe. Cubre la línea Almería-Madrid y la primera vez que hizo parada en su pueblo a los mandos de un Talgo no pudo contener la emoción. «Sentí algo muy especial. Tenía la piel de gallina», recuerda.

Ángel estudió Prevención en Riesgos Laborales y Mecatrónica Industrial en Jaén. Una formación más que suficiente para encontrar trabajo, pero prefirió irse a Madrid para sacarse el título de maquinista en la escuela de Renfe. Eso sí, antes, tuvo que superar un duro examen.

A los tres días de estar en el centro de la operadora, una empresa de Linares lo llamó para contratarlo. Los nervios por aquella oferta le hicieron replantearse las cosas, y telefoneó a su madre para decirle que se volvía a la Estación. La respuesta de ella fue contundente: «Como vengas, no te abro la puerta de casa», rememora ahora con humor.

A Ángel fueron los amigos maquinistas estacioneros, los que le empujaron a acabar el curso y convertirse en profesional del ferrocarril. «Ha sido muy duro, pero ha merecido la pena», afirma, al tiempo que agradece el respaldo de sus padres. «Sin ellos no hubiera sido posible», añade. Lo mismo piensa Francisco Javier. «La familia es súper importante. Me animaron y me apoyaron desde el principio», señala.

Miguel Ángel de la Torre es mayor que ellos. Tiene 44 años y está en plena fase de prácticas de conducción en Valencia y Zaragoza a través de la Escuela Ferroviaria de Transfesa. Dentro de muy poco se examinará para obtener la licencia de conducción que concede el Ministerio de Fomento. Como sus compañeros, se lo ha tenido que currar y mucho. El precio del curso, la dificultad del temario, en volumen y diversidad de materias, y las prácticas entrañan una «dureza personal» para la que todo el mundo no está preparado.

Miguel Ángel de la Torre.

De la Torre, diplomado en Trabajo Social, es un tipo sencillo y humilde que siente auténtica devoción por la Estación Linares-Baeza, de la que se marchó muy joven para trabajar en Castellón. «A pesar de lo pequeño que es, puede presumir de ser el pueblo con más maquinistas por metro cuadrado de toda España, por delante de Villacañas y Alcázar de San Juan», recalca orgulloso.

Para él, la profesión de maquinista, más allá de «apasionante y bonita», es una «extraordinaria salida laboral» a la que cada vez se están enganchando más jóvenes de la localidad hasta convertirse en un «fenómeno alucinante». Y no le falta razón, porque cerca de una treintena de estacioneros se prepara para conducir trenes o lo hace ya.

Este dato tan ilusionante contrasta, sin embargo, con la realidad: en Linares-Baeza hay solo dos maquinistas destinados por Renfe y residen de Córdoba. A esto se suma el desmantelamiento de los servicios que han dejado a la Estación prácticamente sin trenes de pasajeros y de mercancías.

Los tres coinciden en que una de las soluciones pasa por la creación del Puerto Seco. «Sería un punto de inflexión y le daría una vida increíble a la Estación y a Linares», considera Francisco Javier.

Lo cierto es que Linares-Baeza añora aquella época en la que los niños iban a pie de vía para ver llegar a los interminables trenes de mercancías o al ‘García Lorca’, que hacía el trayecto entre Barcelona y Granada y Almería. Tiempos que agrandan la leyenda ferroviaria de la Estación y del propio Linares.

Fotos: Javier Esturillo y Transfesa

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