Reportaje | El boxeo se sacude la mala sombra en La Mina

Jorge Barbero dirige en Linares un club que busca acercar el boxeo a todas las edades y cambiar su imagen para apostar por la integración, la igualdad de género y el esfuerzo

Jorge Barbero es un vitoriano que se mudó a Linares en 2005 por amor. Llegó con las maletas cargadas de ilusión por emprender una nueva vida y una pasión: el boxeo. Se acercó a este deporte a través un amigo cuando tenía 22 años y desde entonces no ha soltado los guantes.

Es entrenador nacional y, justo antes de que comenzara la pandemia, decidió montar el Club de Boxeo La Mina, que imparte sus clases en una nave que tiene CD Palestra Martial Arts en el Polígono de Los Jarales. Allí, una decena de niños y niñas de la ciudad practican tres días a la semana -lunes, miércoles y viernes- una modalidad deportiva que les enseña «disciplina, esfuerzo y, sobre todo, respeto», explica Jorge, quien desmitifica la mala fama que arrastra el boxeo. «Es un deporte muy completo, al alcance de cualquiera. Aquí se entrenan personas con las más diversas vidas. Desde abogados, psicólogos, maestros a trabajadores que salen de la fábrica y quieren mantenerse en forma», señala a El Observador.

Su club busca eliminar barreras y romper techos de cristal. La integración y la igualdad de género son dos de sus premisas fundamentales. Los niños y las niñas comparten entrenamientos y cuadrilátero indistintamente de su sexo.

Mariola es una de las alumnas más aventajadas. A sus 13 años, compite en torneos oficiales y se ha convertido en una de las mayores promesas del boxeo femenino linarense. «Va por el mejor camino posible. Es un aplicada y le gusta. Estoy muy contento con su evolución», dice su preparador

Luego está la pequeña Maider (hermosura en euskera), hija de Jorge, que sacude el saco con una fuerza extraordinaria, a pesar de no levantar dos palmos del suelo. A su lado, otros dos chavales atienden sin rechistar las indicaciones de una monitora para el uso correcto de los golpes. Todos ellos, se entrenan con dedicación este deporte visto como una fuente de valores y principios, muy alejados de los relatos literarios o cinematográficos de tipos duros, macarras, mafia, bajos fondos o vidas rotas. «Nada más lejos de la realidad», apunta el entrenador, para añadir a continuación: «Esto va más allá de dar puñetazos. Se trata de una disciplina deportiva para gente inteligente, en la que la técnica y la táctica juegan un papel esencial. Es lo más parecido a una partida de ajedrez, pero sobre el ring», remata Jorge.

Al director del club no le ha temblado la mano a la hora de echar a alumnos que se han faltado el respeto o han llevado demasiado lejos su rivalidad en el cuadrilátero. «Esto no es un local de peleas, sino un espacio de convivencia en el que priman, por encima de todo, los principios del deporte olímpico», insiste.

No en vano, el boxeo también sirve de válvula de escape y la fórmula vencer los problemas. Sus practicantes, por muy pequeños que sean, «ganan en autoestima y confianza».

De siete de la mañana a tres de la tarde, Jorge Barbero trabaja en Liderkit, una empresa ubicada en el Polígono Industrial del Guadiel, y por las tardes se dedica en cuerpo y alma al boxeo. El crecimiento del club es espectacular. En poco más de año y medio ha pasado de tener cuatro niños a diez, sin contar el buen número de jóvenes y adultos que cada día pasan por sus instalaciones, independientemente de su clase social, profesión, condición física o género.

Verónica Medina.
Historias de La Mina

Detrás de cada boxeador hay una historia, y en La Mina hay muchas que merecen ser contadas. Desde el hombre que lleva perdidos casi 40 kilos gracias al entrenamiento y sacrificio personal, a la de Verónica Medina, pareja de Jorge, natural también de Vitoria, aunque con corazón y descendencia linarense. Sufre esclerósis múltiple, una enfermedad que afecta al cerebro y a la médula espinal (sistema nervioso central) y que causa problemas de sensibilidad, coordinación y movimiento, entre otros.

Hace un año, Verónica tenía que caminar ayudada por otra persona por que le costaba mantener el equilibrio. El boxeo ha sido mano de santo en su tratamiento. Hoy, se entrena como una más y ayuda a su marido en las tareas de formación a los chavales.

La importancia de las personas

«Aquí lo importante son las personas, da igual si eres hombre, mujer o del país que seas. No nos importa nada más allá de la persona», reitera Jorge para explicar la filosofía de un club humilde, sin ayudas institucionales, que se la apaña como puede para sacar el máximo redimiento posible a este bonito proyecto.

Todos aportan su granito de arena para que la familia de La Mina siga creciendo. «Lo que tenemos lo he ido haciendo poco a poco. Nos sentimos orgullosos de lo conseguido hasta ahora y muy agradecidos a la acogida que ha tenido el club en Linares», subraya Jorge. «Para nosotros es muy importante que no solo aprendan a boxear, sino que sean buenas personas en sus casas, en la escuela o en el trabajo», concluye.

Texto y fotos: Javier Esturillo

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