Reportaje | Cristina Mata, espíritu de superación sobre ruedas

La linarense, que sufrió un grave accidente mientras realizaba un vuelo en parapente, es la primera tenista andaluza en silla de ruedas

Mientras practicaba parapente en El Yelmo, Cristina Mata sufrió un accidente que a punto estuvo de costarle la vida. Sin embargo, a pesar de las gravísimas lesiones que padeció, tomó la determinación de seguir adelante con más ganas si cabe y no rendirse jamás. En la actualidad, es la primera tenista andaluza en silla de ruedas y sueña cada noche con disputar su primer partido oficial en una pista.

Para conocer mejor la historia de Cristina Mata, de 43 años de edad, hay que remontarse al 24 de septiembre de 2017 en la Sierra de Segura. Aquel día decidió realizar su primer salto. Experimentar la sensación de libertad y soltar adrenalina. Lo hizo con un monitor, pero, durante el vuelo, algo falló y ambos cayeron al vacío desde una altura de 30 metros (cinco pisos).

El golpe contra el suelo fue brutal. Su cuerpo se hizo añicos por dentro, desde la cara y hasta los pies, pasando por la columna vertebral. Fracturas múltiples que la llevaron directa a la UCI, donde dice, entre risas, que se vio en más de una ocasión con San Pedro, y de ahí pasó a la cama de dos hospitales de la capital durante tres meses.

Los médicos no apostaban nada por ella. Incluso, le advirtieron que de esta a lo mejor no salía. Ella, de espíritu indomable, se abrazó a la vida de tal modo que logró regresar a casa, aunque con unas secuelas terribles que le han obligado a pasar por el quirófano en numerosas de ocasiones para reconstruir sus dañados huesos.

Solo pensaba en recuperarse y en jugar al tenis. De hecho, lo primero que preguntó a los facultativos nada más despertar fue cuándo volvería a coger la raqueta. Esa obsesión por regresar a la pista, y ponerse en manos del doctor Pedro Cavadas -cirujano de reconocido prestigio internacional- fueron determinantes para que Cristina Mata recobrara la ilusión y la esperanza.

También ayudaron los vídeos que veía una y otra vez de Cisco García, considerado uno de los mejores tenistas en silla de ruedas de España. «Es una pasada verlo jugar», exclama Cristina, quien pensó entonces: «¿Por qué no lo puedo hacer yo, qué me lo impide?» Esa reflexión interior causó un efecto motivador descomunal en ella.

Madre de dos hijosManuel e Inés-, comenzó a entrenarse durante toda la semana: tres días de tenis y otros tantos de natación, sin olvidar el gimnasio para ganar musculatura en sus brazos. La evolución fue tal que pronto se vio donde quería: en las pistas de tierra batida del Mariano de la Paz. Al principio, con sillas no adaptadas hasta que, a través de su club, el CT Linares, se consiguió el dinero suficiente para adquirir una hecha para su deporte.

Nada ni nadie ha podido con la fuerza de voluntad de Cristina Mata, ni siquiera el hecho de no tener oponente al otro lado de la red en esos primeros entrenamientos. «Los busqué yo en las redes sociales y en la calle. Por ejemplo, a Adri lo asalté en la puerta de un pub de Linares y le pedí que jugara conmigo, y con Domingo contacte por redes sociales», recuerda.

El nivel de ellos -reconoce- es superior porque proceden de otros deportes, como el bádminton, en el caso de Domingo. Eso no es óbice para ella que apure hasta la última bola en busca de la victoria. Pronto, según comenta, se sumarán al grupo otra chica (Cati, también de Linares) y Diego, de Vilches.

En su horizonte solo hay un reto: disputar su primer partido oficial. «Sin competición qué sentido tiene tanto sacrificio y esfuerzo», señala a El Observador. Este año no podrá ser con casi toda seguridad debido a la pandemia del Covid-19, pero del año que viene «no pasa», asegura con firmeza.

Las tenistas en silla de ruedas no abundan en España, por lo que tendrá que enfrentarse a hombres, puesto que las dos mujeres del circuito son paralímpicas y están algo lejos de la calidad de Cristina Mata. «Lo bueno es que sería bronce en el torneo», dice con ironía.

Disciplinada, sencilla, amable y con un sentido del humor -algo negro-, esta linarense cautiva por la manera en la que afronta el presente y mira el futuro. Bastan unos minutos con ella para que hasta el más holgazán sienta el impulso de activar endorfinas: «El deporte, de verdad, es vida y es vitamina para el alma, para todos».

Sus argumentos se sostienen en la experiencia propia y, desde la más pura honestidad, lanza una irrechazable invitación para que todos, tengamos o no una discapacidad, nos veamos contagiados para salir de la zona de confort y vivir intensamente: «Es tan apasionante, es tan divertido y te sientes tan vivo practicando tenis que yo solo puedo decir: gracias», remata.

Hiperactiva y emprendedora, Cristina Mata es la primera tenista andaluza en silla de ruedas y, sobre todo, una lección de superación digna de ser contada en un mundo tan deshumanizado e individualista como el nuestro. Es como una bombilla que se enciende en la oscuridad.

Fotos: Cedidas

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