«Raúl Caro está muy solo y carece de un equipo con preparación y experiencia»

Juan Bautista Lillo Gallego nació hace 74 años en Mengíbar, pero su vida ha estado ligada casi por completo a Linares, ciudad de la que fue alcalde solo cuatro años (1995/1999), pero cuyo legado sigue vigente para muchos linarenses.

A pesar de que lleva algunos años fuera del ámbito público, sigue de muy cerca la actualidad tanto de lo que ocurre en Linares como en la provincia. «Trato de estar siempre bien informado», asegura. Incluso podríamos decir que está extraordinariamente bien relacionado, algo que constatamos tras más de hora y media de conversación.

El que fuera también subdelegado del Gobierno en Jaén durante las legislaturas de Mariano Rajoy, sigue en plena forma y con una memoria envidiable.

Es un hombre cercano, de principios y valores sólidos, leal al Partido Popular y, sobre todo, a Linares. «Estoy aquí para lo que me necesiten», afirma mientras sostiene la taza de café en La Rosaleda, en la Plaza de Santa Margarita, lugar que hemos elegido para la entrevista en una mañana casi primaveral del mes de marzo.

Con Juan Bautista Lillo no hay silencios incómodos. Carga contra todo aquello que le parece injusto y no guarda rencor a nadie. No ve demasiada esperanza en el futuro de Linares y cree que la clase política que dirige sus designios carece de liderazgo, preparación y experiencia. Es más, considera que la mayoría está en el sillón porque no tiene otro lugar mejor al que ir. A su edad, le importa poco o nada el que dirán.

¿Cómo se encuentra?

—De salud bien, de ánimo mejor y disfrutando de la etapa de jubilación. Me he apartado de la política activa, pero sigo de cerca el día a día de lo que ocurre en Linares, en la provincia y, por supuesto, en mi partido con mucho interés. Además, echo una mano en todo aquello que me solicitan.

Eso significa que está a disposición de la ciudad.

—No le quepa la menor duda. Suelo hablar con frecuencia con el alcalde y sabe que me tiene a su entera disposición para lo que necesite.

¿Cuántas veces se ha dicho a sí mismo: quién te ha visto y quién te ve, Linares?

(Reflexiona durante unos segundos) Conozco la realidad económica y social de la ciudad con detalle desde hace mucho tiempo, no solo por la política, sino por la Universidad y por mi cargo de director de zona de Sevillana (Endesa), en el que estuve más de 30 años y sabía qué empresas venían y cuáles se iban, simplemente porque se daban de alta o de baja de la compañía eléctrica.

Dicho esto, Linares ha tenido muchos altibajos como consecuencia de su dependencia de la minería, al principio, y de Santana, después. La desaparición de la fábrica de coches ha llevado a Linares a la situación en la que se encuentra actualmente. Pero también han influido otros factores, como dejar pasar numerosas oportunidades por diferentes motivos.

Ahora nos encontramos en un punto muy bajo. Linares nunca ha estado tan mal. Tenemos una tasa de paro que da hasta pena decirla y unas perspectivas de recuperación muy poco halagüeñas, porque aquí se han perdido, en los últimos años, varios trenes. Y no precisamente el tren que ahora queremos recuperar, con el que poco va a ganar Linares. Pensar en que un posible AVE venga aquí es ilusorio.

Le hablo de otros trenes más importantes, como la Universidad. Tardamos quince años en hacer el Campus por motivos espurios. Luego se trajo una fábrica de tratamiento de la madera que se iba a montar en tres fases. Solo se hizo una, siendo yo alcalde, mientras que de las otras dos no se supo nada. Habría que preguntarle a los responsables políticos locales y provinciales el porqué no se desarrollaron, y porqué se fueron a Valladolid y Galicia.

Luego hay otra cuestión a la que no se le ha dado mucha importancia, pero que hubiera sido una solución para Santana. Hablamos de la marca que vino aquí con una carta de intenciones, a través de la Cámara de Comercio de Italia en España, y con un documento de confidencialidad para comprar la fábrica. Hice gestiones con el entonces presidente de la Junta, Manuel Chaves, para saber cuánto valía Santana, porque los interesados en su adquisición querían saber su precio. El presidente de la Junta me dijo que si el que venía tenía nombre y dinero se la podía quedar por una peseta. Confidencialmente le dije a Chaves que era Lamborghini y que era uno de los mayores accionistas de la Wolsvagen.

El consejero delegado de Lamborghini vino a Linares con la idea de ver la fábrica y después marcharse a Sevilla para cerrar el acuerdo. Sin embargo, se encontró con la desagradable sorpresa de que fue recibido por el ingeniero jefe de fabricación, una dignísima persona, pero ni el presidente de la Junta ni el consejero de Industria se interesaron en conocer a este hombre y su oferta. Fue tal su enfado que cogió el coche, se fue para Madrid y regresó en avión a Italia. No se paró ni a tomarse un café en Linares. Y el problema es que nadie dio explicaciones en su momento.

Con esto le quiero decir que se han perdido oportunidades que difícilmente que se vuelvan a producir. Sin ir más lejos, nos pasó lo mismo con la Universidad. Dejamos, en 1999, todo el proyecto definido con el rector para que se implantaran en Linares todas las carreras técnicas. Pero, para ello, debíamos acabar el Campus en un tiempo récord, en dos o tres años. Eso no ocurrió y hoy, desgraciadamente, tenemos un Campus magnífico, pero con más de una década de retraso y con solo unos mil alumnos, hablando en números redondos. Lo único cierto es que 6.000 alumnos estudian carreras técnicas en la Universidad de Jaén y aquí solo la cifra que le he dado. Fíjese lo que hubiera significado para Linares.

Lillo en su etapa como subdelegado del Gobierno de España en Jaén.

¿Qué parte de culpa tuvo, en su opinión, el PSOE para que Linares no progresara como hubiera deseado?

—Me va a permitir que no culpe a nadie, y si tengo que hacerlo, le diré que es de todos. No culpo ni al PSOE, ni al PP, ni tan siquiera a un consejero o un director general. Lo único que hago es exponer los hechos de lo que se ha perdido en Linares en los últimos tiempos, como sucedió con la Universidad, después de que tuviéramos acordado con el rector todo y dispuestos más de 30.000 metros cuadrados en la zona de Zambrana y otros 30.000 más si era necesaria la ampliación del Campus. Lo hicimos todo en un tiempo récord, menos lo más importante, comenzar las obras. Desde 1999 hasta que se acaba, pasaron unos años decisivos. Alguien tuvo la culpa de aquello y debe asumirla, al igual que con la fábrica Tradema, que hubiera supuesto una enorme fuente empleo para esta ciudad, con la segunda y tercera fase.

Le puedo hablar de lo que hice nada más tomar posesión de la Alcaldía, como constituir una oficina de captación industrial, con cuatro o cinco personas con libertad de circulación por toda España que lograron traer bastantes proyectos. En ese tiempo, conseguimos, además, impulsar el nuevo polígono industrial (Los Rubiales), puesto que aquí no había terrenos para implantarse. No solo lo hicimos en un tiempo récord, sino que también empezamos a legalizar Los Jarales. Por desgracia, aquella oficina desapareció y con ello la posibilidad de que viniera industria.

Solo estuvo cuatro años en la Alcaldía, pero su meta siempre fue mirar más allá de su mandato, con proyectos de enorme relevancia, como preparar el terreno para la llegada de empresas, el nuevo Estadio de Linarejos, el Campus, mejorar los servicios ferroviarios de la Estación Linares-Baeza, con su incorporación a la Alta Velocidad… ¿Por qué esas iniciativas no se materializaron posteriormente en tiempo y forma?

—Pues no lo sé. Eso debería de preguntárselo a otras personas. Lo que sí le puedo decir es que todo esto es consecuencia de la bajísima calidad de la clase política en España y, particularmente, en Andalucía y en Linares. El impulso que se le dio a Linares en esos cuatro años es incontestable. Nosotros cogimos una ciudad con unos 6.000 parados y nos marchamos con solo 3.000. Ni digo que el Ayuntamiento crease 3.000 puestos de trabajo, pero algo de culpa tuvimos, eso sí con mucha oposición porque no nos lo pusieron nada fácil.

Solo recordarle que conseguimos de un constructor que nos hicieran la Plaza del Ayuntamiento gratis a cambio de darle durante 50 años la explotación del aparcamiento. Sin embargo, no lo echaron para atrás en el pleno y, como resultado de aquella decisión, la remodelación nos costó 400 millones de las antiguas pesetas cuando hubiera salido a coste cero para gastar ese dinero en otras cosas.

En cualquier caso, durante nuestro mandato, invertimos en Linares cerca de 6.000 millones de pesetas en proyectos que están ahí, como la recuperación de La Constancia, la Estación de Madrid, el Hospital de los Marqueses de Linares, la Plaza de Santa Margarita, la estación de aguas residuales, el saneamiento desde Santa Ana hasta el arroyo Periquito Melchor, la conclusión del Parque de Bomberos, liquidamos la cuentas que había pendientes con Fomento de Construcciones y Contratas, se terminó y se pagó la piscina cubierta, se trajo la primera avenida de agua desde La Fernandina y tantas y tantas cosas de las que, en la actualidad, disfrutan los linarenses.

¿Cómo pudo ejecutar todo eso en cuatro años con la Junta y la Diputación en manos socialistas?

—El secreto fue trabajar, trabajar y trabajar, además de rodearnos de un buen equipo con el que logré meter en el Ayuntamiento el espíritu de una empresa. Movimos las teclas adecuadas para lograr los objetivos.

Siendo sincero he de reconocer que tanto los ministros, durante los nueve meses que estuve con el Gobierno de Felipe González, como, posteriormente, los consejeros de la Junta me atendieron perfectamente. Es más, Francisco Vallejo -entonces consejero de Obras Públicas y Transportes- nos ayudó muchísimo y puso a mi disposición lo que hizo falta para resolver los problemas de agua que teníamos.

He tratado de llevarme bien con todos, dentro, como es lógico, de las diferencias políticas que teníamos. Algo que se perdió cuando el Ayuntamiento se enfrentó con la Junta de Andalucía, a la Diputación y al Gobierno central. Así, difícilmente, se pueden conseguir cosas. Nosotros trabajamos de forma profesional porque no estábamos para perder el tiempo. De hecho, en mi caso, pedí la excedencia en la compañía eléctrica y limité a solo dos horas mis clases en la Universidad, que las daba de tres a cinco de la tarde. El resto del tiempo lo dedicaba de manera íntegra a gestionar la ciudad.

Pero es que mis concejales hicieron exactamente igual, abandonaron sus negocios o sus puestos de trabajo para volcarse con Linares. Trabajamos todos a una para lograr cuestiones muy importantes para esta ciudad que, a diferencia de Úbeda, Andújar, Alcalá la Real o Martos, ha ido para atrás con las mismas crisis que ha sufrido esta provincia.

No había horas para nosotros hasta tal punto de que viajaba a Madrid, de madrugada, para reunirme con algún ministro o alto cargo y antes del mediodía ya estaba en el Ayuntamiento. Ni había dietas ni cosas de esas.

Es cierto que por aquí pasaron ministros durante sus años de alcalde. ¿Algún poder tendría en Madrid?

(Sonríe) Más que poder, contactos y muchas ganas de hacer cosas por Linares, como cuando a Álvarez Cascos le hice saber las enormes posibilidades que tenía para la Estación Linares-Baeza la Alta Velocidad para conectarnos con Almería, porque era más sencilla y barata la conexión. Le di la matraca al ministro durante una visita que hizo a la ciudad con motivo del 50 aniversario de la muerte de Manolete y, junto con el alcalde de Almería, Juan Megino, hicimos el viaje en tren.

El ministro estudio el proyecto e incluso creó una comisión. De hecho, se puso la primera traviesa para la Alta Velocidad. Quedaba mucho por hacer, pero insistí, sin ser alcalde ya de Linares, a los diputados y a los parlamentarios de Jaén, Granada y Almería, para que lucharan por el proyecto. Sin embargo, quedó en nada.

El porqué no empujaron para que fuese una realidad, pues, como hemos hablado al principio, la política ha bajado muchísimo el nivel. Los políticos actuales ni están preparados ni tienen experiencia ni tienen autoridad sobre su partido ni conocen a nadie de la sociedad civil.

¿Considera que no hay implicación en la clase política actual?

—No quiero meterme con nadie. En mi momento, entendí que Linares necesitaba un cambio de rumbo y fue lo que hicimos. Me remito a los hechos. Le puedo decir que desde antes de la Guerra Civil solo dos alcaldes, cuyos nombres me reservo, han trabajado verdaderamente por esta ciudad y han hecho cosas positivas que han quedado para la posteridad. Cada alcalde que vea lo que ha hecho realmente. Esa es la situación en la que estamos. Todos hemos fallado.

Cuando el Partido Popular ganó las elecciones generales en 1996, me volví loco hablando con los ministros para luchar denodadamente por salvar lo poco que quedaba de la minería. Propuse, entonces, que hicieran lo mismo que había hecho con el carbón en Asturias, es decir, producir plomo y venderlo cuando fuera posible. Sabía los números del carbón asturiano, por lo que pedí solo la décima parte de ese dinero. Sin embargo, no tuve suerte con esa gestión, pero sí en otras con Álvarez Cascos, Cristóbal Montoro o Javier Arenas, quien nos facilitó 2.000 millones de pesetas que se debían de pólizas de los santaneros.

Reconozco, en cualquier caso, que algunas veces me pasé de frenada, pero es que otros ni pisaron el pedal. Todo ello ha hecho que veamos a Linares en la situación en la que se encuentra. Una ciudad en la que buena parte de su población vive de pensiones o de subsidios, y la pensión media está muy poco por encima de los 800 euros. Ha desaparecido la industria y ahora lo está haciendo el comercio.

Hablando de comercio, ¿qué hay de cierto en que los primeros contactos con El Corte Inglés se producen con usted como alcalde?

—Así es. Durante mi etapa como alcalde, vinieron dos directivos de El Corte Inglés para hablarnos de la posibilidad de montar un centro en Linares, puesto que, en aquellos tiempos, la renta per cápita estaba por encima de la de Jaén capital, pero era algo ficticio, porque se debía básicamente a la estabilidad de Santana y a las jubilaciones de la fábrica automovilística, de La Cruz y de Adaro. Eso significó mucho dinero en A que estaba en los bancos.

También coincidió con el boom de la construcción, donde Bailén era un auténtico referente, y en La Carolina, Ramón Palacios había conseguido atraer mucha industria, por lo que había un movimiento importante de capital por esta zona. Esto hizo que El Corte Inglés sopesara bastante abrir en Linares, ya que, además, estaban en plena expansión y quería montar sucursales en ciudades con más de 50.000 habitantes.

En Jaén encontraron la dificultad de los terrenos, y como se retrasaba aquello, primaron El Corte Inglés de Linares. Además, Marín Palomares estaba en una mala situación, por lo que nos pusimos a su disposición para realizar la operación que se precipitó en el último año de mi mandato. Bien es cierto que todo se materializó con Juan Fernández que en todo momento contó con nuestra colaboración.

¿Qué error cometió para que los linarenses no depositaran la confianza en usted para un segundo mandato?

—Para empezar, Linares es una ciudad de izquierdas, y eso pesa mucho. Seguramente nosotros también nos equivocamos y cometimos errores, pero le aseguro que actuamos de manera honrada y honesta, cayera quien cayera.

Cuando llegué había más de 800 personas trabajando para el Ayuntamiento, entre ellas los empleados del Hospital Marqueses de Linares, a los que conseguimos meter en el Servicio Andaluz de Salud, y con ello reducir la nómina municipal, después de pagar todos los sueldos atrasados gracias a una serie de gestiones con bancos.

Además, modernizamos el Ayuntamiento e hicimos una comisaría y una sede municipal en Arrayanes, lo que pasó que el PSOE se encargó de decir que era para que los vecinos de este barrio no pisaran la ciudad, algo que es completamente falso.

Seguramente hubo funcionarios molestos con nosotros porque pusimos orden, por ejemplo, en la Policía Local a la que le compramos desde uniformes y hasta vehículos nuevos, que logramos a cambio de la licencia de apertura de Santana, que curiosamente no tenía. También adquirimos pistolas a un precio simbólico gracias a un amigo. No sé de que se podían quejar la Policía o los Bomberos.

Lo cierto es que en toda mi gestión tuve la ayuda inestimable de Alfonso Siles (Partido Andalucista), que, a pesar de nuestras diferencias, siempre estuvo ahí.

¿Se puede gobernar en minoría?

—Perfectamente. Cuando te cargas de razón, es imposible que se vaya en contra de un proyecto de ciudad o de una iniciativa.

¿Qué percepción tiene del equipo de Gobierno y de la Corporación actual?

—El principal problema que veo en la inmensa mayoría de los 25 concejales, todos ellos dignísimas personas y cargados de buena voluntad, es que carecen de preparación suficiente, de experiencia en el campo en el que están actuando y apenas tienen proyección hacia la ciudadanía.

No es normal que más de la mitad de la gente de esta ciudad no sepa quién es el alcalde. Es una excelentísima persona, pero está muy solo, no tiene equipo ni de los suyos ni de los míos -en referencia al PP-.

Insisto en que veo gente poco preparada, con poca experiencia y con escaso trato con la ciudadanía. Bien es cierto que en mi caso llevaba 22 años en la Sevillana y me conocía tanto al que le había cortado la luz como la empresa a la que le había dado electricidad. Sin olvidar, todos esos alumnos a los que di clase en la Universidad.

¿Tan solo ve al alcalde?

—Le reitero que le falta un equipo, asesores y gente que sepa, aunque esté en coalición con nosotros. Además, hay dos cuestiones muy importantes a tener en cuenta, primero que es necesario conocer el campo que pisas y, en segundo lugar, saber delegar. No digo que no delegue, pero para hacerlo necesita personas preparadas en cada delegación. Es fundamental.

Para tener un buen equipo es necesario rodearte de los mejores y echarle muchas horas al día. Por desgracia, en la actual política no están los mejores, ni siquiera la clase media de la sociedad. Están los que no tienen donde agarrarse a otro sitio. Me da igual que se moleste alguno.

Manuel Rodríguez Méndez, Raúl Caro-Accino, Alfredo Catalán García y Juan Bautista Lillo Gallego.

Me puede decir cuánto cobraba como regidor.

—Muy poco. Los años que fui alcalde de Linares cobré poco más de 225.000 pesetas al mes y apenas percibí dietas. De hecho, iba Madrid para hacer gestiones con ministerios y evitaba comer allí para no hacer gasto. Le puedo decir que, incluso, perdí mucho dinero porque solo por mi cargo en Sevillana y en la Escuela Politécnica ganaba más del doble. Nunca me importó porque sabía dónde me metía y a lo que iba al Ayuntamiento.

¿Cree que en la actualidad el político ha perdido el contacto con la ciudadanía?

—Ese es uno de los males que azotan en estos momentos a la política. No tienen contacto con la calle. Se pierden en los despachos. El ciudadano es muy particular y lógicamente quiere que les prestes atención, sea cual sea su problema. Socialmente mi equipo de Gobierno se comportó de manera ejemplar con los linarenses.

Tuve la suerte de que las personas que estaban en las instituciones eran de un altísimo nivel de preparación y experiencia, que llevaban mucho tiempo en sus puestos. Más de uno tenía las maletas hechas para irse y se quedó porque se lo pedimos. Por ejemplo, con los presidentes de Cáritas y Cruz Roja hicimos muchísimas gestiones por esta ciudad. Cedimos casas a asociaciones y echamos una mano a todos los que no lo pidieron. Que le voy a decir de las agrupaciones musicales, del Conservatorio o del Palacio Zambrana, que han sido incapaces de barnizar las puertas.

Bueno hablemos de su partido, aunque sé que no le gustan las intrigas palaciegas. ¿Cómo lo ve?

—Soy una persona leal a mi partido y las disputas se deben producir en el foro interno. Una ver resuelta la discusión, el que ha ganado es el que manda y todos deben seguirlo desde el principio de lealtad. He podido ser presidente provincial del PP, pero mi vida no giraba en torno al partido, porque profesionalmente siempre he tenido trabajo.

Fui candidato a la Alcaldía y estuve en la oposición porque así lo decidieron los ciudadanos. Luego llegó una etapa más dulce en la Subdelegación porque me lo pidió el partido, pero nunca he dependido de él para vivir. Le estoy muy agradecido a toda esa gente que se sigue acordando de mí.

Un político no se puede perpetuar en el sillón. Debe aportar y sino aporta es mejor que se vaya. Lo que pasa es que muchos no tienen dónde ir.

¿Cree que Ángeles Isac tiene liderazgo?

—Hay líderes con más fuerza y carisma y otros con menos. Cuando me ha tocado mandar, he mandado y han respetado mis decisiones. El problema ahora es que se ha perdido la línea de mando, como ocurre en el Partido Popular de Linares. Mucha gente me dice que el partido está fracturado y que vuelva, pero mi tiempo ya pasó.

Fotos: Javier Esturillo, Subdelegación del Gobierno y Archivo

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  1. Señor Lillo que tiempos usted si fue un alcalde de verdad un señor con formación y preparación y ahí están los hechos que lo corroboran quizás necesitemos de su ayuda muy pronto para cambiar este panorama que tenemos Linares necesita gente como usted señor Lillo

  2. Lleva mas razon que un Santo….y que conste que soy de izquierdas,No hay liderazgo,no tiene contactos y sobre todo no tiene EQUIPO.
    Llorando que es lo que hace este gobierno no se arregla este pueblo….van como pollos sin cabeza…pero el problema es A QUIEN PONEMOS…

  3. Entiendo que en los años democráticos ha sido el mejor alcalde que hemos tenido hasta la fecha, a ver si hay suerte y alguien lo iguala

  4. Un Alcalde que goberno con mano firme,tomando decisiones sin pensar que podian dar o quitar votos,como debe ser. Puso cimientos que después,por circunstancias diversas se abandonaron.Un gran Alcalde y es obligado reconocerlo.

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