«Que nadie se engañe, vamos a sufrir como perros esta temporada»

Miguel Linares Zafra (Jaén, 1991) es de sobra conocido en los mentideros del fútbol. El actual director deportivo del Linares fue monaguillo antes que fraile. Muy niño se marchó a Madrid para enrolarse en las filas de la cantera del Atlético, en la que despuntó, pero no lo suficiente para dar el salto al primer equipo. Cosas de la suerte o del destino, según se mire.

Hombre elegante y de buen gusto, sin llegar a ser un bon vivant, cree en la disciplina y tiene claras las ideas. Es un auténtico y genuino señor.

Entrevistar a Miguel Linares en estos tiempos de crisis nos permite tomar conciencia de lo que realmente representa el deporte rey en una ciudad tan pasional como Linares. Persona cercana y directa, transmite confianza. Nunca le ha importado exponer dónde están los pecados y vicios del oficio, y en esta entrevista tampoco.

Nos citamos con él en la cafetería del Hotel Santiago, un lugar único para charlar con el responsable técnico del club azulillo de su vida, de sus pasiones y, obviamente, de fútbol… Esta conversación nos da una imagen más global de las motivaciones vitales de un tipo versátil y elocuente, que gana mucho en las distancias cortas.

¿Quién es Miguel Linares?

—En estos momentos, el director deportivo del Linares y una persona ambiciosa, emprendedora, con ganas, ilusionada e inconformista, aunque espero que ese inconformismo nunca sea desmedido. Asimismo, suelo ponerme metas altas porque soy muy exigente conmigo mismo.

¿Qué quería ser de mayor?

—Cuando era niño quería ser futbolista, pero conforme vas creciendo te das cuenta de que aquella decisión infantil no es tan bonita como parece y que llegar a lo más alto es muy difícil. Por eso, cambié de pensamiento y aposté por la formación: hice los cursos de entrenador, de dirección deportiva, de scouting… porque me llamaba mucho la atención la negociación y el emprendimiento.

Fue en mi etapa como jugador cuando fui consciente de todo lo que rodea al mundo del fútbol y vi que me gustaba eso mucho más que estar en un terreno de juego.

¿Cuándo supo que no llegaría lejos como futbolista?

—No fue pronto. Llegué al Atlético de Madrid, luego me llamó la Selección Española, fui campeón de España con el combinado de Madrid. En ese momento, toda iba muy bien, aunque ya era consciente de que vivir de este deporte no es nada fácil. Lo comprendí realmente cuando salí del filial del Atlético. A partir de ahí, ya todo son deudas y ves compañeros mayores que no han llegado, a pesar del esfuerzo y el sacrificio que han hecho.

El fútbol no es una ciencia exacta, ser mejor que otro no te garantiza alcanzar la meta, a pesar de que seas una persona preparada, trabajadora, centrada y con hábitos de vida saludables. Existe un factor muy importante, llámelo suerte o azar, que influye en la progresión de un deportista.

Que importante es la suerte en la vida, ¿no cree?

—Así es, pero más que la suerte diría el momento o detalles muy pequeños que son capaces de cambiar el destino de una persona. Por ejemplo, un domingo eres titular y, al día siguiente, llaman a un compañero que no ha jugado para que suba a entrenar con el primer equipo porque está más descansado. Ese lunes le gusta al entrenador y se queda, mientras que tú no entras en sus planes, a pesar de que lo estás haciendo mejor.

¿Qué hay de mentira en el mundo del fútbol?

—Hay muchas, una de ellas es esa que dice que llega el que más se lo merece. Eso es una gran mentira. Hay gente que no está preparada ni es la mejor y llega porque aprovecha la ocasión que le brindan. Como le he dicho, es el momento, el detalle. Es una línea superfina la que separa el éxito del fracaso.

¿A Miguel Linares hay que conocerlo en las distancias cortas?

—Es mucho mejor porque existe una percepción que viene de la apariencia que no se corresponde con la realidad. Le aseguro que soy muy diferente.

¿Cómo es su familia?

—Muy sencilla, con unos hábitos de vida normales. Mis padres son funcionarios (enfermeros) y tengo un hermano que es menor. Los dos nos hemos criado en un ambiente de exigencia en cuanto a los estudios y los valores. Mis padres siempre han sido muy correctos conmigo y me han permitido elegir mi destino desde pequeño. Solo decirle que con 14 años me marché a Madrid porque así lo decidí y ellos me apoyaron en todo momento.

Vivimos en un mundo de apariencias, en el que importa más la imagen que se proyecta que la persona en sí. ¿Qué opina de esta reflexión?

—Pues que estoy totalmente de acuerdo con usted, sobre todo en las redes sociales en las que la gente nos muestra solo su lado más bonito. Dicho esto, creo que, a medida que vas avanzando en la vida, vas siendo consciente de que la apariencia no vale para nada.

¿Cómo puede tener un niño ocho o nueve años representante?

—Lo he hablado con el presidente en más de una ocasión y es algo que no alcanzo a entender. Es más, no doy crédito. Hay padres que pelean por el futuro de su hijo como si les fuera la vida en ello. Solo tiene ocho o nueve años y ya está pensando a qué club se va a ir, cuando está en plena etapa de formación. Es increíble y se nos está yendo de las manos.

—¿Solo el fútbol o se nos están yendo de las manos más cosas?

—En particular el fútbol, pero es cierto que hay más cosas que uno no comprende de esta sociedad. En lo relativo a mi faceta profesional, más no significa siempre mejor. Y es ahí donde fallan determinados padres o los agentes. Quizá puedes ser mejor y estar más a gusto en un lugar que, a simple vista, no parece tan grande como otro.

¿Cree que se están perdiendo principios, valores, educación…?

—Cada vez más, los valores o principios de una persona brillan por su ausencia. El esfuerzo, el sacrificio, la constancia no siempre son recompensados como se merecen. Quizá se produzca esto porque ahora todo es más fácil. Los niños, desde pequeños, tienen todo a su disposición. Vemos a críos con teléfonos móviles, pero no uno cualquiera, sino un Iphone, y si es el último modelo, mucho mejor. El valor del esfuerzo se pierde en el mismo momento que damos por sentado que lo que pidamos nos lo van a dar sin necesidad de luchar por ello.

¿Es un gentleman?

—Me gusta serlo (sonríe). Trato de cuidar mi imagen lo máximo posible. Creo que es importante.

Parece usted más italiano que andaluz.

(Risas) No tengo nada de italiano, pero curiosamente llevo fijándome en ellos desde pequeño. Me llama mucho la atención su estilo, su forma de vestir y, en definitiva, como entienden la vida. La manera en la que te presentas ante la gente es muy importante para establecer un primer contacto.

Por lo tanto, entiendo que debe encantarle la pizza.

(Sonríe de nuevo) No va desencaminado. Me gusta, pero no es mi comida favorita.

Lo hemos citado para hablar de fútbol, así que cuénteme cosas que no sé. Por ejemplo, ¿es cierto que la plantilla de la pasada temporada era una de las más baratas de la categoría?

—Es así de cierto. Nadie oculta que en Tercera División estábamos entre los cuatro o cinco más potentes del Grupo IX, pero en Segunda B, creo que solo el Lorca estaba por debajo que nosotros. Imagínese en Primera RFEF. Me he encontrado con jugadores y representantes que se han ofendido cuando les he presentado las propuestas económicas.

Para que la gente lo sepa, ¿quién es el que más cobraba de la plantilla la pasada temporada?

—No le voy a decir su nombre, pero cobraba 30.000 euros, es decir, unos 3.000 euros mensuales.

Se puede vivir bien en Linares con ese dinero.

—Perfectamente, da de sobra para vivir.

¿Es demasiado caprichoso el futbolista?

—El futbolista es caprichoso y egoísta por naturaleza. Considera que es el centro del mundo y que todos deben estar pendiente de él. Bien es cierto que hay jugadores que piensan más en el beneficio del grupo que en el suyo propio. Son los menos, pero los hay.

¿Cuál es su relación con el presidente?

—Es una relación que, con el paso del tiempo, ha ido más allá de presidente-empleado. Hemos pasado de compañeros de trabajo a amigos.

¿Cómo fue el viaje después de La Nucía?

—Durísimo. Hace unos días le escribí al presidente precisamente para recordarle que hoy estamos mucho mejor que hace dos años. Nos quedamos en Benidorm para hacer noche, pero no pegamos ojo. Las sensaciones eran malísimas, pero a las ocho de la mañana, durante el desayuno, nos miramos y nos pusimos a trabajar de inmediato porque en 20 días empezábamos la pretemporada. Jesús por su lado y yo por el mío comenzamos a trabajar para conformar un buen equipo.

El hecho de ascender a Segunda B en los despachos, ¿le resta valor?

—La alegría fue inmensa, pero no se disfruta igual. Si se hubiera producido sin Covid, supongo que hubiera sido mucho más intenso. Sin embargo, no pudimos festejarlo como la afición y los jugadores merecían.

Este curso se ha hecho historia con el salto a la Primera RFEF, una nueva categoría más profesional que la División de Bronce. Dígame con el corazón en la mano qué nos espera.

—Sin filtros le digo que vamos a sufrir como perros. Echando un vistazo al potencial económico de los clubes, es difícil ver algún equipo por debajo de nosotros. Es la primera vez que me ocurre. Siempre he sacado tres o cuatro equipos con menos presupuesto, pero este curso todos tienen más para gastar que nosotros. Desde el Alcoyano y hasta el Atlético Sanluqueño, que son dos de los equipos que más se pueden asemejar a nosotros. El Algeciras, por ejemplo, ha pagado 60.000 euros por un lateral izquierdo. Ni el mejor 9 puede cobrar eso en el Linares.

¿Sandroni fue la siguiente opción a Alberto González?

—Nos sentamos con cinco entrenadores una vez que supimos que Alberto González no quería continuar en el club. Hicimos una barbaridad de kilómetros esa semana para entrevistarnos cara a cara con cada uno de ellos y lo cierto es que con Sandroni hubo una especie de química. Fue, después Alberto González, la primera opción.

Desde mi punto de vista, encaja perfectamente en la filosofía del club.

—Hemos analizado todo de Sandroni, desde su manera de jugar hasta su trato con los jugadores, y es el que más se ajusta, como dice, al modelo del Linares. Apuesta por un equipo bien estructurado desde atrás porque sabe que vamos a tener enfrente a rivales de un enorme potencial. Lo lógico, por lo tanto, es que los superemos sin balón.

Además, es un hombre de proyectos al que le gustan los clubes donde se hacen las cosas bien. Lo más importante es su humildad y su gran capacidad de adaptación. Sabe que no va a contar con los medios de otros clubes en cuanto a instalaciones y presupuesto, pero le gustan los desafíos. Baste como botón de muestra su estancia en Yecla, donde sacó el máximo rendimiento a la plantilla, incluso yéndole las cosas mal. Y eso es muy difícil con un equipo que, de antemano, sabe que tiene todas las papeletas para descender.

¿Qué diferencia a la afición del Linares del resto?

—Lo pasional que es, para lo bueno y para lo malo. Es muy especial, cuando estás bien te lleva al cielo, pero cuando vienen mal dadas te traslada al infierno. No tiene término medio.

¿Cuál ha sido su momento más emocionante en Linarejos?

—Ha habido varios, pero quizá me quedo con el partido ante el Moralo. Tampoco olvido la eliminatoria anterior con el Tenerife. Teníamos mucha rabia dentro que necesitábamos sacar en el terreno de juego. Lo del Moralo fue un carrusel de emociones después de una semana muy dura, con problemas con su directiva y con algunos de sus jugadores, que se burlaron de los nuestros en Navalmoral de la Mata.

¿Qué tiene Linarejos de especial?

—El altísimo nivel de exigencia, como cometas un error o pierdas un segundo la concentración estás muerto. Llega incluso hasta humillar al jugador. Yo he jugado aquí y lo he pasado realmente mal hasta tal punto de verme hundido.

También he visto sufrir a nuestros jugadores ante la presión que ejerce. Es complicado estar por encima de Linarejos en Tercera o en Segunda B. Por eso va a ser tan importante su participación la próxima temporada en Primera RFEF, en la que los equipos están más acostumbrados a este tipo de escenarios tan exigentes.

Nadie oculta a estas alturas que el campo necesita obras como agua de mayo. Lo cierto es que su aspecto deja mucho que desear y máxime en una categoría tan profesional.

—Ya le digo que vamos a penalizar mucho tener que realizar la pretemporada en un campo de césped artificial -anexo- y disputar los partidos de preparación fuera de casa, con lo que ello conlleva en lo económico y en lo deportivo, tanto por el cansancio físico como mental. Como comprenderá, no vamos a preparar la temporada en las mismas condiciones que el resto de nuestros rivales y eso no es nada bueno.

En cualquier caso, confiamos en que el Ayuntamiento cumpla su palabra y adecente el campo. Tanto el presidente como yo, estamos seguros de que estará todo listo para el comienzo de la Liga. ¿Cómo? No lo sé a día de hoy.

Está claro que si el campo no está para el fin de semana del 28 y 29 de agosto tendremos que buscar alternativas, algo que, por otro lado, sería muy duro para la plantilla y para la afición. Nuestro objetivo pasa por jugar en Linarejos una semana antes del inicio de la temporada y si nos toca la primera jornada en casa que no haya problemas.

Fotos: Désirée Vicente Díaz

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