‘Puta’

El lenguaje ofende, hiere y, si se utiliza intencionadamente, es capaz de matar. Hasta ahí, todo bien. “Puta”, escucho por la calle. Algo se quiebra dentro de mí. «Hijo de puta», dicen unos niños jugando, y me vuelvo a romper al pensar en su futuro. Sí, sí, claro que duele.

Duelen los prejuicios y me rebela la cosificación de la mujer. Pero si algo me enerva de veras es aquellos que se valen de la riqueza de nuestro idioma para engañar y soliviantar.

Son los mismos que se ponen nerviosos al escuchar hablar del lenguaje inclusivo y los mismos que se ofenden cuando la cultura saca los pies del tiesto.

Esta semana, por desgracia, hemos tenido que volver a ver cómo se censura la creatividad. El cartel del concierto de Zahara no era lo «suficientemente respetuoso» como para ser colgado en las calles de Toledo.

Y es que a Vox le parecía «una ofensa extrema a la Virgen». Removió cielo y tierra hasta que consiguió que desde el Ayuntamiento se informase al promotor del evento que esa imagen podía herir sensibilidades. Obviamente, se ha cambiado hasta mostrar un reclamo plano.

Seguro que sí las hiere, la verdad. Es provocador y entiendo que los católicos puedan sentirse ofendidos. Aun así, la periodista Pilar Eyre reconoció que, a pesar de sus creencias, no se siente agraviada por la situación. Yo tampoco. Pero, ¿no creen que últimamente nos ofendemos demasiado?

Todos los días hay un debate de forma, pero no de contenido. Nos molestamos por el envoltorio y no miramos en profundidad. Nos enfada que esta palabra se diga de tal o cual manera o por quién es el que la dice. Nos llenamos de ira cuando se trata de legalizar el aborto o ampliar los derechos de los trans. Protestamos contra la eutanasia. Y centramos nuestras fuerzas en luchar contra aquellas normas que solo persiguen mejorar la vida de algunas personas que se ven obligadas a tomar decisiones nada fáciles y que no afectan a los ajenos en su problema. Entonces, nos erigimos en los salvaguardas de la moral.

«Puta», le decían a Zahara cuando era una niña. Sufrió bullying, abusos y machismo. Se recompuso como pudo y, en su último disco, sacó todos esos demonios fuera. Rompió con sus miedos y bajo a los infiernos para resurgir. Y resulta que su catarsis nos ofende.

Sin embargo, esos acosos se producen cada vez más a menudo en el colegio. En la calle vemos palizas entre adolescentes, soportamos discriminaciones y lo que no encuentro por ningún lado es el empuje necesario para que desaparezca.

Claro que hay políticas que buscan romper esos estereotipos y reeducarnos como sociedad, pero no veo a todos esos que se rasgan las vestiduras salir en defensa por los más débiles. Arrojamos la palabra «puta» como insulto, para degradar a la mujer y ahí casi nadie alza la voz. No miramos las «sensibilidades que hiere» ni la «ofensa extrema» a la persona que lo recibe. Eso no importa.

Me encantó cómo Zahara volvió a aparecer después de la polémica del cartel. Como única respuesta ofreció arte, buena música y elegancia. Ole por ella y ole por todos los que luchan. Me enorgullecen todos los mensajes de apoyo que ha recibido y el amor a raudales enviado a través de las redes sociales y el mundo de la cultura.

Supongo que para ella toda esta historia ha sido un nuevo regreso a su pasado más oscuro, a lo que la hace sufrir, pero también un bálsamo para su alma al ver que hay gente a su lado, al lado de todos los que sufren. Estoy deseando ver cómo se presenta en Toledo, qué mensaje dará, pero estoy convencida de que se alzará con una potencia y fortaleza que nos servirá a todas las demás.

Sin embargo, lo que no se ha reparado es el daño a la cultura, que vuelve a ser víctima de la cerrazón y el despropósito. Así, ¿hasta cuándo? Hoy más que nunca necesitamos una cultura crítica que nos ponga ante el espejo, una cultura despierta y viva que nos muestre la belleza y nos muestre lo peor de la sociedad. Defendamos una cultura libre y sin ataduras. Centrémonos en lo importante y dejemos la creatividad en paz, por favor.

Inma Espinilla
Inma Espinilla
Periodista

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  1. Desde ciertos sectores la cultura se ve como ese mal menor que hay que soportar pero que no dudan en machacar cuando, en su supuesta Libertad, se mete donde no debe (siempre según sus mentes retorcidas e i tolerantes). Cuanto miedo le tienen a la cultura, y más que le deberían tener, porque la cultura es irreverencia, valentía, reflexión, burla, consciencia, belleza, horror, compromiso, Libertad…. La cultura es tanto y tan abarcable que les será imposible poner “puertas al campo” y más aún si hay gente que nos empeñamos en abrir esas puertas para que circule el aire y el olor de las flores. Una vez más, Espinilla, has dado en el clavo. Gracias!!!

  2. Buen artículo Inma Espinilla, no van a poder con la cultura pero los intolerantes están ahí y avanzan, nos quieren enviar al siglo pasado donde la censura marcaba la vida de una sociedad con ganas de olvidar y vivir libres y en paz…ya veremos que pasa pero si luchar no se gana. Gracias

  3. Habría que tener un poco mas de respeto….y así no se hubieran metido con ella,es decir marcar cada uno los límites, no todo vale y en estos tiempos creemos que vale todo y así nos va…

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