Pensando en silencio

0
402

Con las mandíbulas desencajadas, Michael Corleone aúlla ante la visión del cuerpo inerte de su hija Mary desplomándose sobre la escalinata. Es, quizá, el grito más sobrecogedor del cine hollywoodiense; vean la escena si no la recuerdan exactamente. Sí: el dolor genuino se expresa de forma muda.

Mucho más difícil de manejar que la palabra, el silencio puede ser bendición o tortura, enemigo o aliado, signo de respeto o demostración de poder. Y mucho más allá de la ausencia de sonido, su elocuencia lo convierte en una potente herramienta del lenguaje.

No existe el espacio en blanco, dicen -y bien es cierto- que el silencio se abre paso entre las palabras para iluminarlas; cómo nace el poema si no es de la pausa que evita la contaminación de la palabra por el ruido de la anterior.

Así, la ausencia de comunicación verbal no se traduce automáticamente en ausencia de mensaje. La particularidad del silencio es que, al contrario de la palabra, conteniendo su propio significado carece de uno singular. Su comprensión, al depender de tantos factores como compleja es la mente humana, hace que raramente sea experimentado e interpretado en su forma original y llegue al extremo de desconcertar hasta el delirio.

Por qué no me habla. Si me siento culpable pensaré que es desprecio, si le desprecio pensaré que es un arma de agresión, si al contrario le amo, pensaré que es sabio por su parte el haber puesto fin a la cacofonía. Es tan poderoso el silencio que puede hacerte pasar por todos los estados de ánimo mientras dure, incluso en bucle. Luces de neón, falsos profetas en los sonidos del silencio.

DEJA TU COMENTARIO

Por favor introduce un comentario
Por favor introduce tu nombre aquí