Otra vez Afganistán

En Kabul viven cerca de 4 millones de habitantes y en estos días, algunos de ellos, atemorizados y escondidos con sus familias, esperan la llamada rescatadora de una embajada occidental. También de la española. Los GEO les esperan en un sitio pactado de la ciudad, acercarse al aeropuerto es muy peligroso, sobre todo, si vas con niños. Con suerte, aquellos para los que trabajaron, para los que sirvieron de guías o intérpretes, vendrán a rescatarlos de un mundo en grietas que se desmorona. Las emociones contenidas, el miedo en el cuerpo, saben que algunos se podrán quedar en el camino.

¿De verdad alguien pensaba que la presencia de EE UU y de la OTAN en Afganistán iba a traer la democracia, la igualdad e iba a liberar a la mujer? ¿Nadie pensó en que sucedería cuando los estadounidenses hicieran sus maletas? Al parecer, pactaron su salida con aquellos a los que vinieron a echar. Así que, 20 años después, se marchan dejándolo todo igual o peor. Su presidente, qué decepción, hablaba, hace unos meses, de que era “muy improbable” que los talibanes gobernasen todo el país. ¡Claro que sí! Lo que hoy vemos son fuegos artificiales. Me cuesta creer que como sociedad seamos tan ingenuos. Dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver. Sinceramente, creo que eso es lo que ha ocurrido.

Nos resulta fácil adormecer la conciencia y decidir que vamos a creer que no pasa nada, que todo está bien. Podemos digerir alguna noticia, de vez en cuando, de un ataque talibán o de una mujer asesinada por querer, simplemente, vivir su vida. Es a lo que estamos acostumbrados, algo con lo que lidiamos con una naturalidad aterradora.

Y, sin embargo, aquí estamos. Más o menos igual que hace 20 años, cuando en 2001 EE UU decidió invadir Afganistán en nombre de la defensa de las libertades – Libertad Duradera se llamó, irónicamente, la operación – y con el “firme objetivo” de consolidar la democracia. El Gobierno de Estados Unidos se ha gastado desde 2001 al menos 83.000 millones de dólares para formar y armar a los soldados del Ejército afgano. Guerra y negocio como el mejor matrimonio y siempre bajo la tutela del interesado Tío Sam. Ha facilitado diferentes Gobiernos y ha estado presente, supervisando cada proceso electoral. Ha alzado presidentes y denostado a aquellos que no movían el rabo a su son.

Dos tercios de las jóvenes afganas no están escolarizadas, el 80% de las mujeres siguen siendo analfabetas, más de la mitad han sufrido violencia machista en el seno de su propia familia y el 75% afrontan matrimonios forzosos, en muchos casos antes de cumplir 16 años. Estos datos recogidos por Olga Rodríguez para www.eldiario.es no son antiguos. Son de la época en la que EE UU, la OTAN y otros andaban por allí sembrando la paz. Sí que es cierto que ha habido avances en las grandes ciudades y que las mujeres habían conseguido “algo” de representación y, como decía, eso es suficiente para tranquilizarnos. De hecho, sostiene Rodríguez, Europa consideró que Afganistán era un país seguro para ellas y prefirió no aceptarlas como personas refugiadas.

No vamos a repasar la historia. Es demasiado larga, pero tampoco, hagámonos los indignados. Esto se veía venir. Estaba claro. Un Gobierno sostenido, unos funcionarios puestos a dedo y una inversión en guerra que no podían traer la paz. Que sí, que sí que algo, muy poco, había cambiado para mejor, pero todo ha sido un espejismo.

Volvemos a ver a miles de personas huyendo, al horror paseándose por las calles, a una población cansada de tanta violencia y a un Occidente muy por encima de todo o, simplemente, poniéndose de lado. En las próximas semanas veremos la respuesta de la Unión Europea a la avalancha de refugiados que se espera y nos volveremos a decepcionar, una vez más, cuando les cerremos las puertas. Llenamos nuestros informativos y nos quejamos de lo que está pasando. Sentimos mucho ver a la gente huir, llorar y morir. ¿De verdad no se veía venir? ¿Cuántas guerras pacificadoras han cumplido su objetivo? ¿Vietnam, Somalia, Irak, Afganistán?

Inma Espinilla
Inma Espinilla
Periodista

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  1. No se puede hacer una mejor visual de la desastrosa y desesperante situación de Afganistán. Por apuntar algo, recomiendo ver la película War Machine, protagonizada por Brad Pitt que ya apuntaba gran parte de lo que podía suceder en Afganistán y que ya está pasando…..

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