No olviden leer

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Decía José Luis Sampedro que “escribir es vivir”. Así tituló uno de sus obras. Y no estaría mal hablar de este tema, sobre todo, teniendo en cuenta que ayer se celebró el Día del Libro. Pero, claro, también tenemos la súper liga de ricos, esa de la que todos quieren pillar cacho olvidándose de los valores del mérito, el esfuerzo y la solidaridad que acompañan al deporte, pero de este tema ya les habló mi compañero en este lugar, Julio Ruiz Araque.

Sin embargo, hoy me parece imposible. Si ustedes pudieran ver mi rincón de trabajo verían un revoltijo de pañuelos desechables, botellas de agua, tazas de café, un termómetro y post-it de las tareas pendientes que no logro acabar. Mi cabeza no da para más. Estoy resfriada y me cuesta pensar con claridad.

Sería previsible hablar sobre Sant Jordi, remarcar la importancia de la lectura e, incluso, repasar algunos de los imprescindibles. Es difícil, pero, desde luego, no podrían faltar “El libro secreto de los gnomos”, del escritor Wil Huygen y el ilustrador Rien Poortvliet y los Astérix de mi infancia.

En mi adolescencia irrumpió con fuerza Mario Benedetti. Su pequeña obra teatral “Pedro y el capitán” marcó el paso de la literatura juvenil a otra más comprometida y de crítica social. Era el despertar y la conciencia se abría paso con la contundencia, impaciencia y avidez de la juventud. Así llegó la literatura hispanoamericana y la poesía social española. Qué tiempos. A esta época le debo los versos de Oliverio Girondo hablando de la mujer: “no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar”.

Entonces apareció el entrañable Martín Romaña, un personaje de Bryce Echenique, un peruano de bien que llegó al París de mayo de 1968. Imaginen sus andanzas. Volviendo al gran Sampedro, nunca podré olvidar a aquella “vieja sirena”, la de los ojos glaucos, la que siempre se ha dibujado en mi memoria con la imagen de mi amiga Cris. Con Irenia viajé y apareció el amor en sus diferentes formas. No solo nos regaló grandes libros, sino referentes para andar por esta vida. Sus lecciones y sus palabras nunca me han dejado. Lo mismo sucede con Eduardo Galeano.

También es necesario el humor y me enamoré de Jeeves, el particular mayordomo creado por P. G. Wodehouse y casi de cualquier obra de David Lodge. Son geniales.

Esto se empieza a parecer a una lista, pero nada más lejos de la realidad. No puedo clasificar los libros, lo mismo me ocurre con la música. Y no son solo las lecturas, sino las conversaciones que los acompañan, las tardes con los amigos, los libros compartidos y los cafés eternos. Escribir es vivir, sí, pero leer, también lo es.

Cada uno pertenece a una etapa. Unos se van y otros han quedado grabados para siempre. Kapúscinki, Saramago, Sartre, Tariq Alí, Juan José Millás, Luis Sepúlveda, Paul Auster, Eduardo Mendoza y tantos otros. En este viaje no puedo desdeñar a otros. Edmundo Montés, Porthos, Aramis y Athos, creados por Alejandro Dumas, son buenos amigos míos, cuántas batallas hemos librado. Reconozco que disfruto como una niña con las novelas de capa y espada, con las de aventuras y con las históricas. En este punto no puedo dejar de citar a Magdalena Lasala, que le da a la mujer un papel primordial en cada uno de sus letras.

Ensayos, poemas y otros muchos que aquí no he nombrado están en esta lista. El otro día me senté a leer en el sofá y, rápida, Martina vino con su libro para que lo leyésemos juntas. Por eso, ahora mi universo literario está plagado de las andanzas del elefante multicolor Elmer, de princesas que no quieren ser rosas y de historias de duendes y hadas.

Decía Borges que la lectura debe ser una forma de felicidad. Recientemente, mi padrino me ha regalado “El infinito en un junco”, un libro sobre la historia de los libros. Su autora, Irene Vallejo, relataba que las bibliotecas son un lugar magnifico en el que conviven héroes y villanos, la guerra y la paz, el amor y el desencanto… Como la vida misma. Es decir, como decíamos al principio “escribir es vivir, y leer también lo es”. Por eso, lean y vivan, lean y disfruten. Y, ahora, voy a tomarme un Paracetamol.

1 COMENTARIO

  1. Me encanta!!! En primer lugar, espero y deseo que ya esté usted algo mejor; y en segundo lugar, mil gracias por las recomendaciones. Yo he pasado mi día del libro con EL IMPOSIBLE LENGUAJE DE LA NOCHE de Joaquin Fabrellas que una buena amiga y compañera en gustos y aficiones me regaló para sumergirme en la vorágine cultural del Nueva York de mitad del siglo veinte. Apasionante. En gran parte somos lo que leemos y cuando alguien te regala un libro, te está haciendo el mejor de los regalos. Fantástico paseo por las letras, enhorabuena señora Espinilla.

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