«Más que política me siento servidora pública»

María Auxiliadora del Olmo Ruiz (Linares, 1966) se ha ganado a base de esfuerzo y reconocimiento un papel clave en el nuevo equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Linares, donde dirige las carteras de Participación Ciudadana, Festejos y Bienestar Social. Esta última por orden del alcalde, Raúl Caro-Accino, tras la remodelación que acometió en su Gabinete a principios del mes de febrero y que costó la ruptura con Cilu.

Caro-Accino le encomendó esa tarea por la capacidad que tiene para construir puentes de diálogo y saber escuchar a los demás. Quizá sea porque la concejal del Partido Popular no ve a sus semejantes como siluetas, como instrumentos para sus fines o como objetos descartables, sino simplemente como personas. Eso le ha valido para granjearse el respeto y la confianza de los vecinos y de los colectivos de la ciudad.

La empatía es una aptitud que se echa en falta en la política, máxime en medio del dolor o de situaciones de crisis. Auxi del Olmo la desarrolla con entrenamiento, con estímulo y, sobre todo, con implicación, lo que le acarrea más de una lágrima al día.

Nos citamos con ella en una cafetería que está a tiro de piedra de la iglesia San Agustín, donde fue la primera niña de esa parroquia bautizada con el nombre de María Auxiliadora.

De fuertes convicciones religiosas y principios sólidos, es, además de edil en el Consistorio linarense, profesora de Literatura y Lengua en el IES Los Cerros de Úbeda. Madre de Fernando e Isabel -«tengo a los Reyes Católicos en casa», dice con una sonrisa en los labios-, repasamos con ella asuntos de actualidad, pero también hablamos de su vida y de sus recuerdos de la ciudad que la vio nacer.

¿A qué hora ha comido hoy?

—A las dos y media de la tarde

¿Es lo frecuente en su casa?

—Normalmente sí. Comemos junta toda la familia. Nos esperamos los unos a los otros para comer y cenar siempre.

Se lo pregunto porque su carga de trabajo ha aumentado en el Ayuntamiento.

—Es muy complicado cuadrar las horas dado de que ahora el Ayuntamiento me ocupa mucho más tiempo. Es complicad compaginar las clases en el instituto con mi labor como concejal, pero no quiero que mi familia quede en un segundo lugar.

¿Qué papel juega precisamente la familia en su vida?

—Es lo primero. He crecido en una familia muy estructurada y muy, muy unida. Vivíamos en una casa enorme en la que también residían mis abuelos maternos y un tío mío sacerdote. Todos los domingos nos reuníamos toda la familia, primos y primos segundos, para comer y merendar, por lo que, desde pequeña, he vivido esa unión que trato de transmitir a mi familia. Mis padres así me lo inculcaron a través de unos valores y principios muy sólidos.

¿Ha sido una niña pija?

—No. He vivido bien y no me ha faltado nada, pero no he sido una niña pija, para nada. Lo tengo muy claro. Mis padres se esforzaron mucho para que pudiera estudiar tanto en Linares como en Granada, donde hice la carrera de Filología Hispánica.

¿Pero le han dicho alguna vez eso de niña pija?

—Directamente no, pero si lo he oído. Nunca me ha dado por aludida porque no me considero así.

¿Cuándo se afilia al Partido Popular?

—Fue después de casarme y a mi regreso de Madrid. Pensé que era el momento porque era algo que me gustaba. Por aquel entonces (1995), era Juan Bautista Lillo el presidente y la verdad es que funcionaba todo muy bien. Nunca me planteé entrar en la política activa, pero hace unos años Ángeles Isac quiso contar con un grupo de mujeres, entre las que me encontraba yo, para tratar de dinamizar el partido.

Antes de concejal, ha hecho de todo en el partido.

—Así es. Empecé en la base y, más en concreto, en el área de Cultura debido a mi profesión, aunque siempre me llamó mucho la atención Juventud y Bienestar Social. Durante todo el año, llevábamos a cabo una programación muy extensa con todo tipo de actividades y campañas, muchas de ellas solidarias. Pero si he tenido que coger sillas, pegar carteles, limpiar o echar una mano en cualquier cosa, lo he hecho. Siempre he estado a disposición del partido para lo que fuera necesario.

¿Es difícil ser del PP en una ciudad con una marcada tradición de izquierdas?

—Ni lo es ni ha sido difícil para mí, bien por mi manera de pensar o porque me lo han hecho fácil. Mi relación con el PSOE o Izquierda Unida, más allá de las diferencias políticas, es buena. Por encima de las siglas y de los partidos están las personas. Llevar la política a lo personal es una enorme equivocación y un grave error. Lo que no quiero para mí no lo deseo para los demás. Así de sencillo.

Esa empatía que defiende le ha valido para que los vecinos hablen bien de usted, ya sea en los barrios más obreros o en el centro, donde el voto conservador está más arraigado. ¿Cómo se consigue?

—Porque soy la misma persona en un sitio que en otro. Cuando me dieron Participación Ciudadana no había área como tal, por así decirlo, ya que no disponía de un técnico ni prácticamente de presupuesto. Entonces me propuse trabajar en esa aspecto e incrementar el contacto con los vecinos. De este modo, comencé a reunirme con los barrios para conocer a la gente y que esta me conociera a mí.

Mi labor en Participación Ciudadana es más de intermediaria entre los vecinos y el resto de áreas. Por eso, lo mejor es que ellos me cuenten sus problemas e inquietudes para, de este modo, poder transmitírselo a mis compañeros. Saben que hay cosas que no dependen de mí directamente, pero trato de que sus demandas lleguen.

Lo que más me agradecen es que les demos respuestas, que les escuchemos y que le contestemos. Tienen derecho a pedir y a quejarse, pero lo importante decirles la verdad, no darles largas. Por ejemplo, hace unos días me reuní con dos asociaciones que tenían problemas con el aljibe. Nos pusimos en contacto con Linaqua y en una semana llegaron los resultados de los análisis del agua. La mayor satisfacción que puedo tener es que me manden mensajes dándome las gracias. No cuesta tanto trabajo. Además, ellos tienen mi teléfono personal y saben que estoy a su disposición las 24 horas del día de lunes a domingo. Saben que pueden hablar conmigo.

Escuchar a los vecinos es muy importante puesto que existe la sensación de que los concejales están más metidos en los despachos que con la gente.

—No sé si mis compañeros están más tiempo metidos en los despachos. Quizá las áreas que llevan algunos te obliguen a ello. En mi caso, como responsable de Participación Ciudadana, mi obligación es estar en permanente diálogo con los vecinos. Es verdad que hay veces que me resulta complicado ponerme en contacto con ellos, pero saben que en cuanto saco algo de tiempo les devuelvo la llamada o los mensajes. Existe una complicidad y una confianza entre nosotros que facilita mucho las cosas. Además, si es algo que podemos hacer al momento, llamo a Luis Carlos o a Juan Pedro, que son mis manos en Participación Ciudadana y Festejos, para que se resuelva esa solicitud lo antes posible.

¿Ha tenido una voz más alta que otra con algún compañero por defender a los vecinos?

—No, no. Hay mucho respeto entre nosotros. Lo que si hemos hecho ha sido cambiar la dinámica de Participación Ciudadana. Así, desde mediados de febrero, todos los registros de los vecinos llegan a mí, de manera que es mi área la que deriva al resto de departamentos. Nos reunimos una vez al mes con los concejales que deben solucionar las necesidades de los barrios y vamos viendo la forma de resolver los problemas.

La mayoría de las peticiones pertenece a la Concejalía de Infraestructuras y Servicios porque se trata de desperfectos o deficiencias que detectan los vecinos en sus calles, parques y jardines. Bien es cierto, que este área no tiene el personal suficiente para atender todas las necesidades. Algo que parece que va a cambiar ahora.

Me suena a excusa que casi dos años después de llegar al poder municipal me diga esto, sobre todo porque la percepción que existe en la ciudad es de total abandono de los barrios.

—Llevamos casi dos años en el Gobierno y uno de ellos pandemia.

Le repito que me suena a excusa porque pandemia hay en todo el mundo.

—No considero que los barrios estén abandonados como usted afirma. No lo están. Lo que ocurre es que arrastran numerosas deficiencias de años anteriores, no solo de ahora. E insisto no llevábamos ni una año cuando apareció el coronavirus. Nos ha hecho mucho daño en todos los niveles y en todas las áreas. No es una excusa. Ahora las circunstancias han mejorado y vamos a intervenir en los barrios. Todas esas necesidades que nos han trasladado estamos tratando de solventarlas. Los vecinos deben confiar en este equipo de Gobierno porque nos quedan dos años y los resultados de nuestro trabajo se va ir viendo poco a poco y mejor, se lo aseguro.

Con la reestructuración del Gobierno, a usted le dieron una cartera muy complicada, pero, a la vez, ilusionante para trabajar de manera directa con las personas que más necesitan implicación. ¿Cómo se siente en Bienestar Social?

—No le voy a negar que Bienestar Social es una de las áreas más complicadas del Ayuntamiento. Lo primero porque me implico mucho en las cosas que hago y esa implicación hace que me lleve más de un problema a casa. Bienestar Social toca mucho la fibra sensible porque tratas con las personas más vulnerables. Sin embargo, para mí ha sido un regalo. Conocía esta delegación en mi etapa en la oposición, pero ahora que estoy dentro le puedo decir que es maravillosa, sobre todo por los técnicos y los profesionales que trabajan en ella. Se lo merecen todo.

También es cierto, desde mi punto de vista, que es necesario una reorganización y una reestructuración para adaptarnos a las nuevas políticas sociales de la Junta de Andalucía. Vamos a trabajar sobre tres zonas y no sobre una como hasta ahora. Para ello necesitamos reforzar las Unidades de Trabajo Social (UTS) con más personal, desde psicólogos a asistentes sociales o gestores. Hemos elaborado un informe para saber cómo está la situación y de qué forma nos podemos adaptar a la ley. Este análisis nos dirá, además, qué es lo más urgente.

Es curioso también de que un área de esta magnitud no celebrara reuniones de manera periódica con el personal. Es algo que los trabajadores echaban de menos, no solo en este mandato, sino anteriormente. No había reuniones ni de equipo ni de coordinación. Eso ya lo hemos cambiado, al igual que vamos a rotar al personal de las UTS porque entiendo de que estar siempre en el mismo sitio durante mucho tiempo puede llegar a ser agotador. Esta propuesta ha sido bien acogida por los trabajadores. Lo haremos cuando terminen los expedientes en los que están trabajando. No sabemos si será en verano o a la vuelta de vacaciones cuando llevaremos a cabo esta medida.

¿Hay alguna historia en estos dos meses al frente de Bienestar Social que le haya emocionado?

—Sí las ha habido. Recuerdo un caballero de cierta edad que me pidió que lo atendiera directamente. Nos pusimos de acuerdo y un día pasó por el despacho para una reunión personal. Su relato me emocionó mucho. Luego, al marcharse, me dejó unos poemas relacionados con una enfermedad muy dura y me dijo que, si alguna vez tenía contacto con alguna persona que sufre esa enfermedad, recordase lo que me había escrito. La verdad es que me llegó al alma. Hay casos muy duros en Bienestar Social.

También da muchas satisfacciones, como los mayores que tenían muchas ganas de regresar a los talleres.

—Ver la cara de las personas mayores ya en los talleres presenciales ha sido un placer. Lo tenemos todo bien organizada por si, en algún momento, tenemos que volver a la vía telemática para que no se sientan desatendidos. Estos talleres en junio, pero ya estamos trabajando en una nueva edición en la que las cosas serán más fáciles porque habrá un número mayor de inmunizados.

¿Se siente más política o servidora pública?

—Sin lugar a dudas, más servidora pública. Me siento más útil sirviendo a la gente; también por mi vocación como profesora. Piense que las familias dejan a sus hijos en los centros educativos, donde pasan con nosotros muchísimas horas y somos responsables de de que estén bien atendidos. Además, tenemos contacto directo con los padres que muchas veces tan solo quieren que los escuches, como ocurre con los vecinos o con la gente que tiene problemas. Es importante que sientan nuestro cariño y afecto, más aún en tiempos de pandemia. El afán de servir es algo innato en mí.

Sabe, sin embargo, que las personas que se implican mucho suelen sufrir más que el resto.

—Es mi manera de ser, me implico en todo aquello que hago. No es un defecto ni una virtud, simplemente una forma de entender la vida y el trabajo. Es cierto que esa implicación me puede hacer daño porque soy una persona muy sensible. Siempre hago las cosas pensando en cómo me gustaría que actuaran conmigo. Quizá eso sea un defecto, pero a estas alturas de mi vida no tengo intención alguna de cambiar. Esa implicación a pie de calle me gusta y la siento. No sería la misma si no lo hiciera.

Es profesora de Literatura y Lengua. ¿No le duelen los oídos cuando escucha a alguno de sus compañeros de Corporación? Son muy deslenguados.

—No me gustan las personas deslenguadas ni en la política ni en otras facetas de la vida. No me gusta que se hable mal en el pleno ni tampoco se hable mal de las personas. Quizá en política es frecuente meterte con el contrincante. Yo no soy así. Apuesto por el diálogo y por el consenso con todos los grupos. Lo hago en mis comisiones. Por ejemplo, en la de Festejos y Participación Ciudadana cada uno aporta ideas y proyectos que pueden mejorarse con la opinión o el punto de vista de otros compañeros. Mi forma de ser es intentar dialogar y negociar con la gente.

¿No cree que esa crispación que trasmiten en los plenos los alejan aún más de los ciudadanos?

—Estoy de acuerdo con usted. Esos plenos tan bruscos y crispados no nos ayudan en nada. Realmente hay veces en las que se va hacer daño sin medir las consecuencias. No estamos en la política para odiar o para hacer daño porque no piensen como nosotros. Estamos aquí para ayudar a las personas y ayudarnos entre nosotros. Sería lo mejor para la política más cercana que es la nuestra.

No es normal que dejes de hablar con alguien porque no piensa como tú, incluso después de abandonar la política. No lo entiendo la verdad porque se hace tanto daño simplemente por el hecho de pensar de manera diferente. Así, lejos de construir se destruye.

¿Dónde encuentra su momento de paz?

—En el día a día, lo suelo encontrar después de cenar. Luego, saco momentos para ir a la iglesia o al cementerio, donde se encuentra mi padre que falleció hace siete años. Lo echo mucho de menos –se emociona al hablar de él-. Me llena mucho saber que está ahí y que puedo hablar con él, aunque ya no esté entre nosotros. Lo hago en soledad porque esa paz que necesito en determinados momentos me la da mi padre.

Sé que es muy futbolera.

—No solo yo, sino toda la familia. Mi padre era un gran seguidor del Real Madrid y del Linares, al igual que lo son mi marido y mi hijo –Fernando Pulpillo realiza las crónicas del equipo azulillo en Diario JAÉN-. He ido a Linarejos mucho antes de ser concejal. El Linares para nosotros es algo muy grande.

Le puedo decir, además, que mi hijo se aprendió las banderas de Europa con su abuelo por los equipos con los que jugaba el Real Madrid. Esa afición ha incrementado con el paso de los años.

¿Cree que vamos a ascender?

—Me gustaría y creo que este va a ser nuestro año. Confío muchísimo en este equipo y a Linares le vendría de maravilla desde el punto de vista deportivo pero también económico. La ciudad necesita noticias positivas como las que nos está dando nuestro equipo de fútbol.

Linares es una ciudad muy solidaria, como ha demostrado siempre. Cuando era pequeña, recuerdo las operaciones que se realizaban para ayudar a los demás a través del fútbol y de otras muchas iniciativas.

Eso no lo hemos perdido, y lo estamos viendo con la pandemia. Es increíble como la gente se ha volcado con Cáritas y otras organizaciones para ayudar en todo lo que ha sido necesario, sobre todo en el confinamiento. Fue muy duro y lloré en más de una ocasión viendo lo que estaba pasando. Pero la ciudad respondió de maravilla, tanto las instituciones como los particulares. Todo el mundo se implicó muchísimo.

Se avecinan cambios no solo en el Partido Popular de la provincia, sino también a ámbito local. ¿Cómo lo ve?

—Pues confío en que todo se haga con normalidad y acuerdos. Sabemos que Erik Domínguez será el candidato y sustituirá a Juan Diego Requena, quien cogió el partido en un momento muy complicado. Creo que ha logrado reestructurar el partido.

Erik es una persona joven, pero muy preparada. Lo que más me gusta de él es que es muy cercano y huye de la confrontación. Eso va a ser muy bueno para el partido. Lo que nos toca ahora a todos es estar unidos y apoyar al presidente a partir del 15 de mayo. El PP es un partido de Gobierno, como ha demostrado a lo largo de su historia. Tenemos las ideas muy claras.

¿Usted está a disposición del partido?

—Siempre estoy a disposición del partido. Tengo vocación de servicio y mi deseo es seguir sirviendo a los linarenses.

¿En Linares habrá ruido de sables?

—Espero y confío en que no. Soy una persona conciliadora a la que no le gustan nada las peleas internas. El PP de Linares está para ayudar a los linarenses y creo que puede seguir haciendo muchas cosas por esta ciudad.

Por último, hábleme de la Feria de San Agustín.

—Aún es pronto, pero es difícil que se pueda celebrar como a nosotros nos gustaría. De momento, no hay nada confirmado ni programado. En las próximas comisiones iremos viendo qué vamos hacer. Está claro que una feria como tal no habrá. Vamos a buscar alternativas atractivas para los linarenses, como ya hemos hecho con otras celebraciones. Da mucha tristeza que Festejos no pueda hacer nada tal y como estaba programado, pero nos ha tocado esto y debemos ser creativos para mejorar lo que tenemos.

Fotos: Désirée Vicente

 

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