Los muertos amateurs

Hace días, estando próximo a dos de mis paisanos tan aleatorios como anónimos, al menos para quien escribe, tuve la oportunidad de ser testigo de una escena tan reconocible que cualquiera apostaría fama y fortuna a que a todos nos ha sucedido alguna vez.

Como decía, aquellos hombres se hallaban conversando, y en un momento dado uno de ellos preguntó aquello de «Oye, ¿sabes que se ha muerto Fulanito? Sí, el hijo de…, que vivía en…, el que estuvo con nosotros cuando…».

Transcurrió un tiempo hasta que el otro pasara de la duda a la incredulidad, pues, aun habiendo reconocido al infortunado, hizo, como se suele hacer, unas preguntas de verificación: «¿Fulanito, el que se casó con la hija de…, la que estuvo trabajando con mi cuñada en… ?¡No me digas…!»

Cierto, era él, por desgracia, y una vez en posesión de esta fatídica certeza fue cuando pudo honrar su memoria con una frase sentenciosa. Fue entonces, al escuchar el homenaje del que fuera su amigo, que el que pasara a ser el sorprendido fuera yo: «¡Que la tierra le sea leve!», escuché.

Por el modo en el que lo dijo –despacio, con voz grave y escuchándose a sí mismo–, resultaba manifiesto que aquella fórmula no era parte de su repertorio. Parecía más bien una nueva adquisición que al fin había podido estrenar, una cuestión que me resultó tanto más llamativa por cuanto que la conversación la protagonizaban dos personas ya inmersas en su sexta década, edad en que las costumbres están más que fijadas y se suelen orillar las novedades, incluso en el lenguaje.

Pero la novedad fue dicha, y enseguida pensé en su procedencia: nuestras queridas redes sociales. Comienza a ser moda que esta breve frase acompañe al anuncio de una muerte –normalmente la de un conocido–, como también que desfile numerosas veces en la cascada de comentarios que esta clase de publicaciones deja tras de sí. Mucho me temo, sin embargo, que los adeptos a la nueva fórmula mortuoria desconozcan su verdadero origen (o quizá me equivoque).

Hay que decir primero que su forma original difiere de lo que escuché. «Que la tierra te sea leve», sería el modo correcto, y supone, como vemos, una alusión directa al finado. Por su concisión, gravedad y un cierto halo de consolación estoica, como el de una máxima, parece remitirnos al mundo clásico. Así es: se trata de un epitafio –sit tibi terra levis– bastante común en las lápidas romanas, y extraído a su vez de una tragedia griega, obra de Eurípides: Alcestis.

Qué nos ha sucedido, me dije, para que se dé esta variación en las costumbres. Hasta hace un suspiro las frases proverbiales no tenían alternativa: ni la vitalista y mundana «Y que nos espere muchos años», con la que se hacen votos por que el encuentro con el fallecido quede lo más lejos posible, ni las solmenes «Descanse en paz» o «Que Dios lo tenga en su gloria» que podíamos escuchar incluso en boca del ateo más pintado.

En cambio, la antedicha fórmula pagana, que dibuja a las claras la impresión claustrofóbica imaginada al representarnos un enterramiento, carece del sentido trascendente propio de nuestra cultura –la similitud entre «la otra vida» del mito grecorromano y la espera de la resurrección es, digámoslo, algo pálida como poco–.

Precisamente aquí está la clave. El lenguaje no es sino el eco donde resuenan las variaciones del pensamiento y de las costumbres de una sociedad. Y precisamente en cuanto a lo que nos ocupa, es imposible obviar que las últimas décadas han supuesto toda una ruptura. Exigencias sanitarias y de seguridad jurídica irían impulsando una regulación por la cual la sala velatorio con capacidades de refrigeración de algunos hospitales, pero principalmente de los tanatorios, pasaría a tener la con-sideración de domicilio funerario.

Supuso el fin del velatorio en el hogar familiar, y con ello vino el destierro de la muerte de las ciudades y de la cotidianidad, perdiendo buena parte de su sentido, fenómeno que ha ocurrido en paralelo a un proceso de desarraigo y de enajenación respecto a nuestra propia cultura como nunca antes habíamos experimentado.

De ahí que hoy proliferen las fórmulas asépticas, tanto en la forma como en el fondo. Dicho en cristiano: el que nuestros tanatorios sean indistinguibles de la sala de espera de un podólogo no es porque nuestro país esté huérfano de historia, sino porque vivimos en un continuo pánico a respirar por no molestar a nadie. El miedo a ser, ya sea lo que somos por todo lo que fuimos, nos ha ido imponiendo la obligación de ser neutro.

¿Acaso creen que exagero? Permítanme entonces que ponga el índice sobre un ejemplo que por sí solo delata y condensa este proceso dudoso que tiene más de desdecirse que de evolución. No teman, ni siquiera tendrán que salir de Linares. Será suficiente con plantarse frente al cementerio antiguo, el de San José.

En el centro de su majestuoso arco de entrada hallarán una lápida de mármol fechada en el 1892. Tiene la siguiente inscripción: “Y oí una voz del Cielo que me decía: Escribe: Bienaventurados los muertos que mueren en el Señor. Ya desde ahora, dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos”. Es el capítulo XIV, versículo XIII del Apocalipsis. Más abajo, en la escalinata, en el vano de uno de los muretes que sostienen el pasamanos, no hace mucho se colocó una placa. Contiene una frase del intelectual hindú Rabindranath Tagore: «Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando».

La esperanza y el misterio teológico por un lado; por el otro, algo entre el lirismo y la psicofonía, sobre un fondo de personalismo vacuo; y entre una cosa y otra el miedo a ser, la imposibilidad de ser, e ir pariendo una vida amateur que banaliza y empequeñece todo, hasta la muerte.

Deja tu comentario en este artículo

DEJA TU COMENTARIO

Por favor introduce un comentario
Por favor introduce tu nombre aquí

Artículos Relacionados

Diputación anima a los municipios ligados a Paisajes del Olivar a sumarse a la asociación que gestionará los sitios protegido

Pilar Parra se reúne con responsables de 14 ayuntamientos para implicarlos en este proyecto e informarles sobre la candidatura que España presentará a la...

Cerco a las motos ruidosas

La Policía Local de Linares pone en marcha una campaña de control de ruido de las motocicletas con dispositivos en distintos puntos de la...

Baños y el aroma de los nuevos negocios

La galería comercial La Plaza abre sus puertas con el objetivo de diversificar la economía local y generar empleo La galería comercia La Plaza ha...

Síguenos en Redes Sociales

1,948FansLike
2,518SeguidoresSeguir

Últimas Publicaciones