Los desposorios de Alma y Dody

Damas, caballeros, ciudadanos, compatriotas –o apátridas, ¡qué más da!, sabiendo ya lo que nos ha caído encima, pues nos hemos relajado y otra vez el mal, que nunca duerme y permanece vigilante frente a los muros del sistema, se nos ha vuelto a colar hasta la cocina, dejando un profundo engaño en el centro mismo de la cultura popular–. Lo ha hecho, además, del modo más artero que nadie pueda figurarse: con el disfraz de una inocente diversión.

Debemos, todos, entonar el mea culpa, cada cual por el escaso rigor mostrado en la vigilancia de su parcela, aunque de un modo especial deberíamos oír cómo se alza el lamento de aquellos en los que delegamos una mayor responsabilidad de denuncia y persecución, ya que ni los más fanáticos de nuestros ofendidos ni los más capaces de nuestros censores lo habían notado hasta la fecha.

¡Qué lamentable y qué larga nuestra ceguera!, pues de no haber sido por Teresa Rodríguez, lideresa y portavoza de Adelante Andalucía, que hace días puso el ardid al descubierto, sin su grito de alarma, señores, señoras, pobladores de ambos hemisferios, entérense de una vez por todas que no habríamos advertido que la Patrulla Canina… ¡es machista! ¿Cómo se les queda el cuerpo?

Dice Rodríguez, y debe ser así, que de los cachorros que la integran, que son siete, sólo una, Skye, representa al género femenino. Lo hace, además, con una carga de estereotipos evidentes, o lo que es lo mismo: envuelta en una prendita rosa. Pero no queda en esto el desaguisado; asegura doña Teresa que hay «demasiadas series con exactamente un solo personaje femenino», siendo, para colmo, «normalmente accesorio de los principales personajes masculinos».

O sea, ya no es sólo que a la pobre Skye la dejen disputar únicamente los minutos de la basura, cuando está todo el pescado vendido, como les ocurre a Mariano y Luka Jovic en el Real Madrid; no, ¡agárrense!; y es que podemos deducir que su existencia podría responder a una especie de disculpa preventiva con la que evitar futuras acusaciones, algo que convierte a la perrita en un personaje de cuota, lo cual, hay que admi-tirlo, supone un cálculo, y donde hay cálculo falta buena voluntad.

Desde las manifestaciones de Teresa Rodríguez, se han alzado algunas voces apuntando a la existencia de otra fémina en la intrépida patrulla, una tal Everest, así como señalando que habría otras series infantiles en las que el protagonismo recaería en personajes femeninos, como La Abeja Maya, Las Supernenas o Dora La Exploradora.

Ante todo debemos ser conscientes de que el diablo está en los detalles, por lo que tales afirmaciones podrían ser parte de una estrategia encaminada a introducir una ficción, la de una realidad paralela, con otros matices.

Con tales zancadillas que nos pone la mentira, la imposición del nuevo paradigma nos acabará resultando una tarea titánica. Deberíamos ir pensando, pues, que lo más seguro para apuntalar el nuevo dogma sería adoptar otras medidas que evidenciaran una mayor determinación. Dora, Maya, Heidi, ¿hay pruebas de que hayan existido? Porque lo que no podemos ver, no existe. Por nuestro bien, ¡no dilatemos más el borrado y la cancelación! ¡Prohibición inmediata!

No todo, sin embargo, ha sido malo en los últimos tiempos, admitámoslo. Mientras seguíamos preparando el asalto definitivo a la discrepancia con el que poder amordazar a los saboteadores de la verdad, en la ciudad de Lorca, en 2019, pudimos celebrar un hito histórico en cuanto a patrullas caninas e igualdad se refiere.

No importa cómo se produjera –que fuera por una petición expresa de la asociación Apandis, de niños con parálisis cerebral–, sino el acto en sí: que dos perros, macho y hembra, pertenecientes a la Unidad Canina de la Policía Local de Lorca, se unieran en matrimonio en un mismo plano de igualdad. Así fue, y esta vez sí hubo un equilibrio paritario, además de amor, en la ceremonia que oficiara Belén Pérez, concejal de Seguridad Ciudadana, quien será eternamente recordaba por su contribución al equilibrio universal.

No obstante, ya desde un principio, la masa crítica intentó sembrar la duda diciendo que no se había tenido en cuenta la voluntad de ambos canes. Un infundio que quedó desmentido con la entrevista que los contrayentes concedieron a El Esperpento News.

Allí se evidenció no sólo voluntad, también los matices personales de cada uno. Quedaron patentes, por ejemplo, al desvelar Alma, la novia, que «durante muchos años estuve algo perdida. Descuidé mi formación y anduve de aquí para allá con Rottweilers, Dóbermans y Pitbulls. Ya sabes, gente de gimnasio, con una perrunidad tóxica. Hasta que el destino me volvió a juntar con Dody, pastor alemán, como yo, a quien no presté mucha atención durante los estudios…»

«Yo, en cambio –interrumpió Dody–, jamás dejé de pensar en ella. La amo desde el instituto y lo seguí haciendo mientras la veía gastando sus mejores años con aquellos tipos. He conseguido lo que quería. La espera ha valido la pena, aunque digan por ahí que soy un pagafriskies».

Bueno, hemos de reconocer que ha sido un gran paso. Pero no podemos dormirnos; todavía queda mucho por hacer, como la normalización de parejas perrunas de un mismo sexo. O interraciales, y sin detenernos en nada, ni siquiera en el dimorfismo –llegado el caso chiguaguas con mastines, ¿por qué no?–.

Y siempre teniendo en mente el objetivo final, la fórmula más inclusiva posible, capaz de acabar con la discriminación más inimaginable, algo que sólo podríamos lograr impulsando el matrimonio entre las distintas especies, y con la vista puesta en la eliminación de barreras: la lombriz felizmente casada con la carpa, lobos con corderitas, o la mamba negra con la rana punta de flecha –aun corriendo el riesgo de que puedan mantener una relación tóxica–, y así hasta logar que los pre-juicios vayan cayendo, especialmente para algunos casos particulares, como el de lagartas y zorras, para que puedan ver como algo próximo el fin de su soledad, pues siempre debería haber algún cabrón dispuesto a tirarse al ruedo –les deseamos a ellos también, por supuesto, que alcancen la estabilidad emocional; pero es necesaria mucha paciencia y saber perdonar–.

De modo que si acontece, nunca olviden celebrar estos ejemplos de amor panteísta como el que en su día nos brindaron Alma y Dody. Eso sí, si acabara en boda, mejor que la Patrulla Canina no conste en la lista de invitados. Sería de mal tono. ¡Al enemigo ni agua!

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