Lo de Rociíto

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Para hacer el foie-gras es preciso crear un hígado cirrótico que se obtiene colocando un embudo dentro de la garganta del pato o de la oca y vertiendo por él alimento a presión hasta que llegue directamente al buche.

Sin haber llegado a ese punto de saturación irreversible sí llevamos dos semanas de resaca y hoy toca la tercera toma, queramos o no.

A las aves se les coloca un elástico en la garganta para impedir el vómito; lo que no consumamos esta noche nos lo irán metiendo por redes, prensa, radio o televisión: el cebo está listo y el producto hace ganar mucho dinero.

Desde las ahora cándidas Mamachicho pasando por los frikis, las casas de Gran Hermano y sucedáneos, el espectáculo televisivo se caracteriza por apelar a los instintos más primarios del espectador.

La receta ganadora, desconectar el cerebro y tirar a las tripas. Por nuestras pantallas han desfilado peleas, gritos, lágrimas, humillaciones, copulaciones, confesiones, traiciones y lapidaciones de primeras figuras para mayor frotamiento de manos de sus respectivos séquitos de Cholis, Chanos, Charos y Chulis, satélites parasitarios a quienes tampoco se les suele conocer otro oficio o talento que el de la berrea en plató.

Si nada nuevo, entonces por qué tanto jaleo. No, no es porque la protagonista cuente o deje de contar. A todos nos viene un concepto a la mente: pornografía emocional, entendida ésta como algo obsceno, crudo, sin filtros.

¿De verdad? ¿Obscenas las lágrimas e hiperventilaciones a estas alturas? ¿Obsceno que haya cobrado el sueldo que pone el público a quien le parece todo tan mal que ahí está, domingo tras domingo, para comprobarlo?

Obsceno es que unos presentadores que se han venido lucrando a costa de ella, de él, de todo lo que se ponga por delante y de hacer la croqueta en un plató de televisión hoy se presenten como sumos sacerdotes de una superioridad moral de la que carecen en todo punto. Obsceno es que del sufrimiento evidente de una pareja rota y sus hijos se imponga por decreto quasi ministerial un punto de vista maniqueo.

Tan obsceno es darle toda la razón a ella porque sus lágrimas como, ojo, dársela a él porque no haya sentencia condenatoria. Y es que obsceno es ignorar que ni la realidad televisada ni la realidad judicial se corresponden salvo rarísimas excepciones con la realidad real.

Obsceno, ya que estamos, es que para la banda sonora del programa eligieran al suizo ese tocando el piano cuando tenemos a Paquita la del Barrio y un temazo que, visto lo visto, iba al pelo.

Se dice y opina que desde lo de Nieves Herrero en Alcásser no se había visto semejante refocilo en la desgracia ajena. Rompiendo una lanza por ella, así como la recuerdo pidiendo al espectador “Yo quisiera que compartieran el dolor, el dolor de estas familias. Vamos a compartir ese dolor” no la recuerdo mirando simultáneamente a cámara diciendo «¿Quieres ganar 12.000 euros? Llama al 555». Eso es obsceno. Más asco que eso no puede dar nada. O sí. Esta noche lo sabremos

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