Lo carpetovetónico. Biba España

La España Carpetovetónica hace referencia a esa presunta idiosincrasia de lo que siglos más tarde será el nacionalismo a ultranza, lo rancio español, en alusión a unos Pueblos de filiación Celta, reticentes a toda influencia foránea, que habitaban el centro de la Península Ibérica, anteriores a la Hispania Romana: los Carpetanos y los Vetones.

Es un poco el precedente del «Spanish is different» de Fraga con el tanga bañándose en la playa nuclear de Palomares; la España de Quevedo, del Lazarillo, del Esperpento de Valle Inclán, donde la realidad se deforma al reflejarse en los espejos cóncavos del Callejón del Gato, o la que describe Berlanga en sus películas «Bienvenido Mister Marshall», «La Escopeta Nacional», incluso «Todos a la cárcel»; la España surrealista de «Amanece que no es poco», de Dalí, en los ratos que descansaba de ser suuublime artiiista; grotesca, pícara, tragicómica, negra, casposa, cazurra…y el maravilloso mundo de Pepe Isbert: «como alcalde vuestro que soy os debo una explicación». Luego, inconscientemente, Rajoy le rendiría varios homenajes.

Tengo un sentimiento contradictorio respecto a esto, de tristeza y vergüenza ajena, que es aquella que uno experimenta por delegación, ya que quien debe sufrirla no la asume. Pero, por el mismo precio, me invade una mezcla de compasión y ternura que me impele a proclamar: Este es mi sitio. Si me fuera de aquí, lo encontraría a faltar.

Claro, me estoy refiriendo (ironizando un poco, sin atender a la dimensión delictiva de alguna) a cosas como estas: el Caloret de la Rita, que en paz descanse; la Esperanza mamandúrrica con la boina de paracaidista; el Bartolín, aquel ser de La Carolina que se autosecuestró; el taxista que condujo la carrera declararía: «no sé si secuestrao, pero iba solo»; el asalto a la isla de Perejil; el «estamos tan agustito», de Ortega Cano; los Bingueros, Esteso y Pajares; egg Joseg Bono, con su pelo; las orgías de Roldán; la Lola Flores de «hacienda somos todos si me dais una peseta» o la de «si me queréis, irse»; la enésima inauguración de cajeros, mojones de carretera y rotondas, petás de concejales; los 56 de la independencia catalana; el Rey de las Barbacoas; Ricardo Costa, el drogadicto del caviar «inyectamé 100 gramos», el «te quiero un huevo, Bigotes»; el «no soy putero, solo sé lo que vale un Malboro y un gintonic», del Guerrero Andaluz (una variante golfolúdica del «solo sé que no sé nada» atribuido a Sócrates); los masters que hago con sacrificio y luego no encuentro el título; «¿Nos vemos esta tarde? Es que tengo que acabar 12 asignaturas de Derecho que me quedan. Mejor mañana»; la Susana Díaz apelando a una memoria histórica ¡que no mire hacia atrás!, qué genio!; los bocadillos de calamares como vacuna contra la Covid; el aeropuerto sin aviones del abuelo…(*)

Últimamente el Aguado, inaugurando un dispensador de hidrogel en el Metro de Madrid o el diputado valenciano de Compromis con playback fingiéndose inglés con mascarilla, que deja a Ana Botella y su relaxing cup sin la medalla de oro. Sus peras y manzanas alcanzarían el bronce. En fin, «marca España».

Para mí, el mejor, aquel episodio en Barajas dónde se perdieron 15 mil maletas. Porque perder 50 maletas es un acto de incompetencia, pero 15.000 es la prueba de un talento étnico inigualable, un acto poético, algo que a uno le hace sentir un patriota y amar a este país.

Y decir:»esta es mi casa»

(*) Me he referido sobre todo a políticos y quizás sea un poco injusto. Como siempre me gusta aclarar: ellos son, o podrían ser, nosotros…

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  1. Me alegra leerte desde El Salvador, disfruto muchísimo de tus reflexiones, enhorabuena que ya eres internacional, aunque haya sido mi hermano el que me transmitiera tus reflexiones, un abrazo desde centroamerica

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