«Lo bonito del mundo analógico es que se respetaba al fotógrafo»

Enrique Alonso Donaire quería ser figura del toreo. Acudía a los tentaderos en busca de esa oportunidad con la que todo maletilla sueña. Incluso, su nombre apareció en más de un cartel. Sin embargo, el azar, el destino o una vocación escondida le llevó a la fotografía.

Hoy en día, es uno de los fotoperiodistas más respetados de la provincia. Y, por desgracia, de los pocos que quedan, porque su profesión está en peligro de extinción.

Lleva más de 42 años en el diario Ideal, en el que ha desarrollado toda su carrera profesional, principalmente en Linares, ciudad en la que nació, creció y reside. Hijo de minero, pasó su buena parte de su infancia en la mina El Mimbre. Recuerda aquellos años felices, pero, al mismo tiempo, muy duros.

Comenzó fotografiando bodas y, después, las tardes de gloria del maestro José Fuentes, con el que recorrió la piel de toro de España. Ya, de vuelta, se asentó en su destino como corresponsal del periódico.

Hay algo de Enrique Alonso Donaire como eminencia de la fotografía que conmueve: años dentro de salas oscuras, décadas de sangre, sudor y lágrimas le han convertido en un fotoperiodista de raza, de los que están en el lugar correcto a la hora precisa.

El Observador ha querido conversar con un buen hombre que, durante estos días festivos, expone en el Paseo de Linarejos una colección de 275 instantáneas que recorren la historia de los últimos 50 años de la Feria de San Agustín.

¿Cómo surge su afición por la fotografía?

—Mi verdadera pasión era ser torero. Comencé a hacer mis pinitos en los tentaderos y participé en alguna novillada de sobresaliente e, incluso, llegué a torear una en Linares. Había un fotógrafo, Juan Ruiz Casas, que iba a los tentaderos a hacerle fotos a los chavales que querían vestirse de luces. Al final de tanto ir a recoger mis fotos, entablé una amistad con este hombre que terminé haciendo mis propias fotos. De ahí, viene mi afición por la fotografía.

¿Y cómo llega la primera cámara a sus manos?

—Fue prestada. Posteriormente, utilicé la de este fotógrafo hasta que me compré mi primera cámara, una Yashica. Más tarde, adquirí un equipo con teleobjetivo para hacerle fotos a José Fuentes, con el que estuve cuatro temporadas por toda España. Ahí fue cuando comencé realmente como fotógrafo.

¿Cuándo llega el momento en el que decide cambiar una afición por un oficio?

—Eso no lo piensas. Tenía que trabajar y, de pronto, se convirtió en un medio de vida. Al principio, además de toros, lo que más hacía era bodas. Igualmente, este fotógrafo amigo mío me mandaba a eventos que había en Linares para que me soltara. Uno de esos eventos era un programa que había en Radio Linares (EAJ-37) que se llamaba ‘Radio alegría’. Allí me iba a practicar.

¿Lo suyo ha sido todo ensayo y error?

—Estuve una temporada en Madrid con un fotógrafo de Linares que se llamaba Vicente Ibáñez. Era amigo de José Fuentes y con él aprendí algunas cosas, pero realmente he sido autodidacta en este oficio.

En aquellos tiempos, no solo era tirar fotos, también había que revelarlas.

—Así es. Para que me salieran más baratos los carretes, compraba latas de treinta metros y en el cuarto oscuro cargaba los carretes y, como usted dice, revelaba las fotos en el laboratorio. Todo muy artesanal.

¿Existe la foto perfecta?

—Suelen buscarla y muchos tratan de hacerla. Supongo que a alguno le saldrá, pero la mayoría de las fotos son encontradas.

¿Qué es necesario para ser un buen fotógrafo?

—Las cámaras son todas iguales, el que le da su verdadera utilidad es el fotógrafo. Es necesario saber lo que quieres y dónde estás. Todo está en la cabeza del fotógrafo.

¿Hay que tener buen ojo?

—Eso sí.

Con la tecnología actual, cualquiera hace fotos. ¿Qué opina cuando ve que los teléfonos móviles comienzan a sustituir a las cámaras y, lo peor de todo, a los fotoperiodistas?

—Veo muy bien que la gente use esta herramienta de la tecnología. Pero no todo el mundo vale para ser fotógrafo, depende de su capacidad. Le pongo un ejemplo, para hacer una fotografía artística hay que tener, ante todo, arte y un escenario en condiciones para tirarla. Para hacer una foto periodística, tienes que estar en el sitio y en en la hora precisa para captarla, y, en este punto, entran más factores. Hay que estar muy pendiente del personaje, saber dónde estás y a lo que vas.

Dígame un momento en el que estuvo en la hora precisa y en el lugar adecuado para hacer una buena foto.

—Es relativo, porque todo se decide en décimas de segundos. Pero, quizá, en alguna que otra cogida a toreros. Las corridas de toros se ven con un ojo y sin hablar con nadie. Algunos compañeros no han cogido ese momento porque les ha pillado en otra cosa.

En línea de lo que me ha preguntado, recuerdo una Nochebuena cuando descarriló un ferrocarril en Despeñaperros. Esperé a que amaneciera y me marché corriendo para el lugar del suceso. Había mucha niebla y llovía bastante. Allí estuve hasta que sacaron la gente de los vagones.

Otro de los momentos que recuerdo fue el accidente de autobús de Bailén el 28 de febrero de 1996, en el que murieron 29 personas. Fue muy duro.

¿Hay alguna foto que le haya partido el alma?

—Sí (respira profundamente y guarda silencio).

¿Llega a ser uno frío a la hora de hacer fotos?

—Las haces porque eres un profesional, pero mentiría si digo que no afecta. Hay circunstancias en las que no puedes obviar la que realidad que estás presenciando.

Hace unos doce o catorce años, hubo un accidente en la travesía que va desde Bailén a Linares, con dirección a Linares-Baeza, en el que los gritos de dolor de dos niños eran espeluznantes, y no estábamos viendo nada. Haces las fotos y te vas, pero lo recuerdas.

¿Hay fotos prohibidas o que no se deben publicar?

—Hay que respetar mucho a los menores. De hecho, cuando hago fotos en las que salen niños es siempre con el consentimiento de los padres.

¿La foto taurina es la que más experiencia y técnica puede aportar?

—Para hacer una buena fotografía taurina hay ser aficionado a los toros. Es necesario conocer al torero, su manera de torear, cómo se cruza con el toro o el lugar que más le gusta para colocarse. Luego hay que esperarlo y que el torero tenga un buen día.

Hay momentos en los que el torero, por la razón que sea, no está, pero tienes que sacarle fotos buenas. Ya no esperas el muletazo, sino que tienes que anticiparte.

¿Cuál es el torero más fotogénico que ha captado con su cámara?

—Sin duda alguna, José Fuentes sería el primero. Luego pondría a Manzanares (padre e hijo). Hay otros toreros que dan mucho juego toreando, como Palomo Linares y Curro Díaz. Este último es un diestro de arte.

¿Cuándo empieza a trabajar para Ideal?

—Empecé hace 42 años. Luego lo dejé cuando me marché con José Fuentes y cuando volví fue para quedarme.

Usted ha sido testigo directo de la historia reciente de Linares. ¿Cómo ve la ciudad desde su objetivo?

—Linares, como ciudad, ha evolucionado mucho para mejor, pero también lo ha hecho para peor. La ciudad ha ganado en belleza y, al mismo tiempo, ha perdido mucho trabajo y, sobre todo, músculo industrial con el cierre de Santana, La Constancia, la ‘fábrica de las latas’, Azucareras… Han sido demasiadas empresas las que se han perdido.

Por curiosidad, permítame preguntarle: ¿Cuándo se ha tomado vacaciones?

(Risas) Nunca. Ahora estoy teniendo algunos fines de semana libres, porque me lo impone mi hijo (Enrique Alonso Martos, periodista), pero siempre voy con el portátil para poder trabajar.

¿Cómo fue su transformación del mundo analógico al digital?

—Unos cinco años antes de que llegara, ya me explicaron de qué iba. Curiosamente, pensaba que no iba a llegar nunca. Lo cierto es que nos ha quitado mucho trabajo. También es igual de cierto que las cámaras y los equipos son más caros.

Lo bonito de lo analógico es que se respetaba al fotógrafo porque no todo el mundo sabía manejar una cámara. En cambio, ahora, cualquiera tiene un móvil y hace fotos sin necesidad de formarse o conocer la fotografía. Antes no pasaba eso. No era solo poner el carrete y disparar, sino que hasta la luz tenías que imaginártela. Luego había que sacar el negativo y hacer las copias. Era un proceso largo que las digitales han reducido a la mínima expresión. Por eso, quizá no se le da tanta importancia.

Otro de los lugares en los que ha pasado frío, calor y se ha puesto de agua hasta arriba ha sido en el Municipal de Linarejos.

—Lo que peor llevo es la lluvia. Y no solo por uno, sino por el equipo que se puede dañar. Pero hay que estar ahí y hacer las fotos, aunque no salgan todo lo buenas que deseas.

¿Recuerda algún partido especial?

—La verdad es que soy más aficionado a los toros que al fútbol. Este deporte me ha gustado al final de tantas veces como he ido. Lo que más me gusta es la emoción de la grada, lo pasional que es la gente.

Lleva unos días su exposición en el Paseo de Linarejos. ¿Qué podemos ver en ella?

—Podrán ver fotos de ferias de San Agustín distintas, con algunas portadas de feria en el Paseo de Linarejos. Hablamos de 275 fotografías en color y en blanco y negro que se muestran en 42 paneles para recorrer momentos históricos, tanto en el antiguo recinto ferial como en el nuevo. También la feria taurina y conciertos de artistas de enorme talla. Sin olvidar, los pregones, la feria infantil o los fuegos artificiales.

¿Linares llegó a tener la mejor feria de la provincia y una de las mejores de Andalucía?

—Eso decían. La verdad es que era muy grande y sigue siendo muy grande en todos los sentidos. He visto la de otros sitios, pero no las he vivido como la de Linares. Lo que más me gusta es ver a la gente divertirse y ser feliz, aunque sea por unos días.

¿Cómo se ve la vida política a través de su cámara?

—Como todo. He tenido la suerte de vivir momentos muy importantes. Linares ha tenido la suerte de contar con buenos alcaldes, como Tomás Reyes Godoy, Julián Jiménez Serrano o Mariano Rodríguez, que estuvo seis o siete meses, y lo hizo muy bien.

¿Hemos mejorado o empeorado?

—Todo el que se presenta a alcalde, lo que quiere es hacerlo lo mejor posible por su pueblo o ciudad. Que luego lo consiga o no, es otro cantar. Todos y cada uno de los alcaldes de Linares que he conocido han pensado en su pueblo y hacerlo bien por los linarenses.

¿Cómo quiere que lo recuerden?

—Como persona, he sido trabajador y siempre he buscado el sustento de mi familia. Como profesional, nada mejor que el archivo de fotos que tengo. Espero que sea un referente para todos los linarenses.

¿Qué hará con ese archivo? ¿Se lo cederá a la ciudad?

—El archivo es muy personal y no se puede ofrecer a cualquiera. Mi deseo es conservarlo yo y luego que pase a manos de mis hijos. Ya que no tengo dinero que hereden algo (risas).

Fotos: Pedro Ibáñez/Visualy Linares

Deja tu comentario en este artículo

DEJA TU COMENTARIO

Por favor introduce un comentario
Por favor introduce tu nombre aquí

Artículos Relacionados

La Carolina entrega los VI Premios Ana López Gallego

Los galardones reconocen la trayectoria de personas e instituciones que destacan por contribuir a la igualdad de oportunidades La Plaza de la Iglesia de La...

El concurso de ideas para el nuevo uso del Mercado de Santiago se reanuda para elegir al ganador

El próximo 27 de septiembre se reunirá el jurado calificador para evaluar las propuestas presentadas con el fin de emprender la rehabilitación de la...

El estreno mundial de ‘El hilo dorado’ será el 20 de noviembre en Linares

La película, del cineasta linarense Tomás Aceituno, competirá para entrar en la preselección de la próxima edición de los Goya Ya ha fecha para el...

Síguenos en Redes Sociales

0FansLike
0SeguidoresSeguir
0SuscriptoresSuscribirte

Últimas Publicaciones