Javier Cotrina Martínez es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Cádiz y especialista en Rehabilitación. Linarense de pura cepa, tiene en su padre Javier Cotrina, a su gran referente.

Desde que comenzara a ejercer como médico, no ha parado de formarse ni un segundo con los mejores profesionales del mundo hasta convertirse en toda una institución dentro de su campo. En su haber está haber sido pionero en aplicar técnicas para tratar el dolor, principalmente de hombros. Actualmente ejerce su labor en el Hospital Público de Mérida y pasa también consulta privada.

¿Por qué decidió ser médico?

—Desde muy pequeño, lo tuve claro. Mi familia y amigos han sido fundamental en este camino, no siempre fácil. Rodearte de gente que suma y te saca una sonrisa ha sido clave. He cumplido la ilusión de mis padres y mi abuela, que en paz descanse, y ya solo por eso, ha merecido la pena. Decidí especializarme en Medicina Física y Rehabilitación, en Cádiz.

¿Cómo está viviendo la crisis sanitaria derivada del Covid-19?

—Con mucha incertidumbre, al igual que todos mis compañeros sanitarios. Hemos vivido semanas de auténtico caos, recibiendo datos diariamente de cifras de contagios y fallecidos por centenares, extendiéndose progresivamente a todos los países del mundo. Si los ojos de toda población hubieran visto lo que mis compañeros en primera línea, en planta y en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), estoy convencido de que estaríamos infinitamente mejor.

—¿Qué ha sido lo más duro?

—Estar separado de mi hija, de un año de edad, durante dos meses.
Mi mujer, médico de familia, ha trabajado y trabaja a diario en un centro de salud.
Hemos tenido contacto muy estrecho con pacientes Covid-19 en UCI y planta de hospitalización, por lo que decidimos conjuntamente que lo más prudente y sensato era proteger a lo que más queremos. Sin la ayuda de los abuelos, hubiera sido imposible.

Ha sido pionero en el tratamiento del dolor. ¿Hablenos de la técnica que utiliza y cómo llega a ella?

—Mi pasión es la Rehabilitación Intervencionista, Tratamiento Avanzado del Dolor Osteoarticular y Medicina Regenerativa. En mi día a día, en consulta, utilizo la ecografía como método auxiliar para explorar y diagnosticar lesiones del aparato locomotor, siempre precedida de una exploración completa del paciente. Es el fonendo del presente y futuro. Permite visualizar lesiones milimétricas con una resolución impresionante de un tendón o ligamento, y aplicar tratamiento específico e individualizado a cada paciente con una precisión máxima.

Decidí formarme en técnicas avanzadas contra el dolor en París con colegas de prestigio mundial y en Las Palmas de Gran Canaria, con mi querido compañero Antonio Ramos, un referente para todos los médicos rehabilitadores que nos dedicamos al tratamiento del dolor.

La radiofrecuencia pulsada es una técnica avanzada para el tratamiento de lesiones crónicas, en las cuales han fracasado o no han sido lo suficientemente efectivos tratamientos previos. Consiste en el paso de una corriente de alta frecuencia a través de una cánula totalmente aislada, excepto en la punta (2-4mm) que es la parte activa, y ejercerá la acción terapéutica.

Cuando existe una zona anatómica con una lesión importante, por ejemplo un hombro, rodilla, columna lumbar… podemos aplicar una energía a los nervios que recogen dicha información de dolor e interrumpir la señal dolorosa. La finalidad es proporcionar un alivio duradero del dolor y, por tanto, el paciente no precise tomar gran cantidad de fármacos. Es una técnica ambulatoria, muy llevadera y con muy buenos resultados.

¿Cómo es su experiencia en Mérida?

—Muy positiva. Llegamos hace unos dos años, dejando atrás nuestra segunda casa (Cádiz), donde hemos vivido y trabajado desde 2005. La capital extremeña es Patrimonio de la Humanidad, y tiene una calidad de vida muy buena. Compagino actividad pública en el Hospital Universitario de Mérida y consulta particular.

¿Qué echa de menos de Linares?

—Lo que más, mi familia y mis amigos de siempre. Pasear por el centro y subir hasta el Paseo de Linarejos. Pasar delante de mi colegio (CP Jaén) y de mi instituto (IES Cástulo) y sentir una nostalgia increíble. Subir al campo de fútbol un domingo y vibrar con la afición (aún conservo carnets de socio de la infancia…) Linares tiene un talento increíble. No podéis imaginar la cantidad de jóvenes (y ya no tan jóvenes) linarenses fuera de su ciudad. Aquí en Extremadura, unos cuantos…

¿Le gustaría ejercer en su tierra?

—Intento vivir el presente y no pensar en el futuro. Si se dan las condiciones necesarias, me encantaría.

¿Hacia dónde camina su futuro?

—Mi familia es la máxima prioridad. Son ellos. Educar en positivo a mi hija, recuperar valores perdidos en la sociedad actual y hacerlos crecer en ella. Mi profesión exige actualización constante, seguir estudiando para ofrecer lo último y más efectivo a mis pacientes. Trato de inculcar a los médicos residentes que me acompañan a diario los valores de la Medicina Humanista integrados con el conocimiento y habilidades técnicas. “Trata a tus pacientes como quisieras que te traten a ti”.

Fotos: Cedidas

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