«La solución de Linares pasa por no dejar morir la ilusión y el ímpetu que siempre hemos tenido»

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Juan José Reca Vicaria nació en Marmolejo, pero se siente linarense por los cuatro costados. Lleva en la ciudad minera más de 43 años y es el presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos Himilce, que, en la actualidad, agrupa a dieciséis colectivos. Es, por lo tanto, una de las personas que mejor conoce el estado de cada calle de Linares.

Dice que los principales problemas de los barrios son el paro y la seguridad ciudadana y, durante la entrevista para El Observador, realiza un diagnóstico sobre la situación del movimiento vecinal, desde sus demandas hasta las soluciones que puede aportar para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Hombre sereno a la vez que reivindicativo, Juan José Reca reconoce que el actual equipo de Gobierno -Ciudadanos, Partido Popular y Cilu- es más técnico que político y, en este último punto, cree que los vecinos han salido perdiendo. Confía en que con el paso del mandato este hecho cambie y se recupere la simbiosis que existía entre la Federación y las asociaciones vecinales y el Ayuntamiento.

¿Cómo se encuentra el movimiento vecinal de Linares?

—Estamos muy pendientes y con bastante miedo por la pandemia. Es un problema que nos ha venido encima sin quererlo y sin esperarlo. En cuanto al movimiento vecinal, trabajamos como siempre, día a día. En estos momentos, y debido a esta situación, no hay en marcha grandes proyectos. De hecho, hemos tenido que parar nuestras charlas y el ateneo vecinal. Estamos, como todos, en un ‘stand by’ porque tampoco podemos hacer actividades en las asociaciones vecinales.

¿Dónde se centra el trabajo de la Federación?

—Cuando empezamos, nuestras reivindicaciones iban dirigidas al tema de infraestructuras, porque rara era la calle que no tenía problemas con el asfaltado, el acerado, el alumbrado. Nos ocupaba prácticamente todo el trabajo y toda la guerra que éramos capaces de dar. Esto, por suerte, ha cambiado y ahora nos centramos más en la convivencia, en la igualdad y en otro tipo de problemas. Para ello, hay que fomentar la comunicación entre los vecinos para estar al tanto de lo que ocurre en cada barrio y para echarnos una mano los unos a los otros.

La pandemia, sin embargo, ha frenado este trabajo porque, además, las personas que integramos las asociaciones, salvo muy honrosas excepciones, somos jubilados, con corazón de jóvenes, pero personas mayores, al fin y al cabo. Esto hace que le tengamos más respeto a la situación.

El relevo generacional en las asociaciones de vecinos sigue siendo un problema para el movimiento, no solo en Linares, sino en otros muchos lugares. ¿Qué ocurre? ¿Por qué los jóvenes no dan un paso al frente?

—Hay varias razones. Uno de ellos es que los locales de los que disponemos no son tan amplios como para que quepamos todos en una charla, en una conferencia, en un curso. Las actividades de los jóvenes, como pasa con las bandas de Semana Santa o de música simplemente, necesitan espacio y este lo suelen ocupar en las asociaciones las personas mayores que van a echar la tarde, a leer el periódico o a jugar al dominó. Las edades chocan y es difícil contentar a todos. Solo ha habido unos valientes que se han echado para adelante como ha pasado en Santa Ana y Los Arrayanes.

Pero, al margen, del local, ¿no cree que hay falta de interés en los jóvenes?

—Esto es un problema más profundo. Se critica mucho a los jóvenes ahora con el tema del botellón y la pandemia, pero no olvidemos que estos jóvenes son nuestros hijos, han salido de nuestras casas y saben lo que hemos peleado y por lo que seguimos peleando. Por lo tanto, posiblemente hemos fallado nosotros en la educación de nuestros propios hijos. Si queríamos que tuvieran un espíritu más solidario, pues deberíamos haber apretado de otra manera. Ahora es muy fácil culpar a los jóvenes, pero todos tenemos una parte de responsabilidad.

Cierto es que cuesta involucrar a los jóvenes en el movimiento vecinal. Lo he intentado muchas veces. Algunas veces lo he conseguido, cuando montamos el grupo joven que dio bastante buen resultado. Era un grupo de gente muy apañado. Incluso uno de ellos llego a ser presidente del Consejo Andaluz de Juventud. Lo que ocurrió es que formó un equipo muy bueno y la Administración y nuestros propios estamentos, como la Confederación Andaluza, tiró de él y le sacó el rendimiento, aunque todos ganamos con eso.

Tras el cambio de Gobierno municipal del pasado año, ¿Linares está mejor o peor?

—Este Gobierno es totalmente diferente al que había. Nos da la impresión de que es un Ayuntamiento menos político y más técnico, por lo que en algunas cosas tienen más problemas y en otras las solventan mejor.

Respecto al movimiento vecinal, sí hemos perdido algo porque estas personas son casi todas nuevas y tiene que pasar un tiempo para que volvamos a tener la simbiosis que teníamos con el Ayuntamiento anterior, que estaba totalmente al tanto de lo que ocurría en los barrios. Sabía dónde había una baldosa levantada sin necesidad de decírselo. Los vecinos, además, estábamos informados de las comisiones.

Estas personas han entrado con unas miras de levantar la situación de Linares. No sé si lo van a conseguir. Lo que hemos notado es que con este Gobierno, en la parte política, nos ha tocado perder.

¿Cuál es el denominador común de los problemas de los barrios linarenses?

—Cuando solucionamos el problema gordo de las infraestructuras, lo que más preocupa a los barrios es el paro y la seguridad ciudadana. Curiosamente lo uno se nutre de lo otro: donde hay paro hay necesidad y donde hay necesidad se delinque más. La miseria solo trae miseria. Por eso, centramos nuestros esfuerzos en echar una mano a quien lo necesite. Que se sientan respaldados y tengan un sitio donde los escuchen y les ayuden.

¿En Linares hay barrios ricos y barrios pobres?

—De siempre se ha dicho que las calles del centro no están igual que las calles del extrarradio. Y, curiosamente, las dos asociaciones del centro ya no existen porque no tenían nada que reivindicar una vez que se fue arreglando el problema del ruido del ocio nocturno.

Aunque tenemos colectivos en el Paseo de Linarejos y en el casco antiguo, las asociaciones vecinales estamos en el cinturón de la ciudad. Estamos más bien fuera que dentro del casco urbano, como pueden ser las Ocho Puertas.

¿Qué opinión tiene del plan de asfaltado?

—De un tiempo a esta parte se han deteriorado bastante nuestras calles. Al margen del plan de asfaltado, lo que hace falta es más mantenimiento porque lo que es un pequeño bache termina siendo un socavón. Ese mantenimiento continuo es muy importante y debe perdurar. Recuerdo cuando llamábamos al Ayuntamiento indicándole dónde había un bache y, al día siguiente, ya estaban arreglándolo. Eso no puede perderse y que haya un plan para trece calles, nos parece bien.

También es cierto que salimos de una inversión de la Edusi que ha dado un impulso bueno a los barrios. Lo que necesitamos ahora es más mantenimiento que nueva obra. Estoy seguro de que cuando acaben de asfaltar esas calles, habrá asociaciones que reclamen porque no les ha tocado. Por ello solemos hacer una memoria con la situación de cada zona para que el Ayuntamiento conozca su problemática con el fin de reivindicarlo y pueda invertir en el momento que sea posible.

¿Es partidario de los presupuestos participativos?

—Si son presupuestos verdaderamente participativos, sí. Aunque aquí no los hemos tenido, he de decir que algunos que se han elaborado en comparación con los que llaman a bombo y platillo participativos, han estado mucho mejor. Si participativos significa que todos los colectivos, de cualquier índole, tiene voto se convierte en una rifa y es un maremágnum y, al final, el Ayuntamiento tiene mano libre para decidir.

Aquí tenemos unos representantes elegidos por la ciudadanía, a los que solo pedimos estar al tanto y que nos dejen opinar. Durante muchos años, el Ayuntamiento nos presentaba los presupuestos, incluso, antes que en la comisión para que los estudiáramos. Al estar en todas las comisiones informativas podemos agregar o protestar. ¿Se puede mejorar eso? Por supuesto, si me das los presupuestos con tiempo. Ahora bien, si me los entregas el día de antes, pues es más difícil porque no tenemos tiempo ni para mirarlo. Bien es cierto que cuando le quitas a las cuentas toda la parte fija, lo que queda es el plan de asfaltado, las inversiones y algún proyecto que pueda surgir luego, aunque, por desgracias, es que proyectos nuevos, nuevos no tenemos.

¿Y qué proyectos necesita la ciudad desde el punto de vista vecinal?

—Dos fundamentalmente, al margen de lo que he dicho antes del paro y la seguridad ciudadana. Son dos proyectos de infraestructuras. Uno es terminar el Arroyo Periquito Melchor, que está estancado por problemas burocráticos, por llamarlo de alguna manera. Y esto viene dado por dar prioridad a otras cosas. Recuerdo que la última vez que hablamos con el Ayuntamiento sobre este tema seguía faltando un documento al que Sevilla debía dar el visto bueno, y había un hombre para esa función para los proyectos de toda Andalucía, por lo que no se pudo poner en marcha la última fase que es la más importante, porque no solo divide a Linares en dos, sino que hay vecinos que están sufriendo el problema de los olores, de las ratas y de la inmundicia que es aquello. Para nosotros, esto es una prioridad y así se lo trasladamos a las autoridades municipales cada vez que podemos.

Luego está el asunto de las avenidas de agua que hay en Linares. De todos es conocido que tenemos serios problemas cuando llueve con fuerza. Había unos proyectos para estancar el agua antes de que entrara en la ciudad mediante unos aljibes que almacenaran ese agua. Lo que ocurre es que no se ha terminado de hacer en ninguna de las dos partes donde se dijo. Mientras no llueva, pues no nos acordamos de este problema, pero sigue estando presente en nuestras reivindicaciones y la prevención es importantísima, como estamos viendo ahora con esto de la pandemia. Aunque es muy desagradecido invertir en prevención porque no se ve, pero es importantísima. Políticamente parece que no es rentable, aunque sí para los ciudadanos que sufren este problema.

¿Qué barrios es el que sufre más despoblación?

—Es una cuestión que afecta a todos casi por igual porque el desempleo llega a todas partes. Es problema viene dado porque la gente joven termina la Universidad y al no tener oportunidades de trabajo se tiene que marchar, salvo excepciones que se colocan en el sector servicios. Tenemos un buen Campus en Linares y da como resultado sacar buenas promociones que se van de aquí. De 62.000 habitantes vamos por 57.000 y sin vistas de solución a corto plazo. No podemos mantener a nadie sin un trabajo y un sueldo en condiciones. Se está trabajando en montar empresas aquí con gente de aquí, pero, por desgracia, eso no sale de la noche a la mañana.

No olvidemos que venimos de cerrar una empresa de dos mil y pico trabajadores cuyo déficit no se ha cubierto. Nos va a costar tiempo recuperar empresas que apuesten por lo nuestro. Por tal motivo, la despoblación es inevitable. Mis dos hijos, por ejemplo, están trabajando fuera.

¿Cómo está de salud el asociacionismo vecinal?

—Es la salud de una media de edad alta, pues tienes unos achaques y unas enfermedades crónicas que no hay quien te las quite. Cuando éramos más jóvenes podíamos tener muchos accidentes, pero te recuperabas. Por suerte, la gente que hay se mantiene, suelen llevar bastante tiempo y no tienen problema en ese sentido, por lo que esta todo calmado.

Tampoco los problemas de ahora son los de antes, cuando a las doce de la mañana quedábamos para protestar por las aceras o las calles. Ya no piden tanto y los problemas se resuelven poco a poco.

¿Linares tiene solución?

—Pienso que sí. Nos va a costar trabajo y no será de un año para otro. Tiene solución si todos queremos que la tenga. Lo que debemos tener claro es que no somos el obligo del mundo ni tampoco los peores. Somos gente que en muchos momentos, y no hace tanto, hemos demostrado que sabemos ganarnos las cosas a pulso. Tenemos que mantener esta actitud. Cuando la gente se quejaba en España de la crisis que había, en Linares ya estábamos arremangados trabajando en buscar soluciones sin que nadie viniera a echarnos una mano. Hemos tenido la desgracia de que detrás de una crisis ha venido otra y otra.

Linares ha sido una ciudad que se ha levantado cuando ha demostrado su fuerza. La solución pasa por no dejar morir la ilusión y el ímpetu que siempre hemos tenido. Debemos tirar para adelante.

Lo que no puede ser es que nos confinen perimetralmente y una vez que pasa la tasa sea más alta que antes del cierre. Algo no se está haciendo bien y no todo es culpa de los políticos. Vamos a meternos todos, aunque no escondo de que el Ayuntamiento no ha hecho todo lo que debía; podía haber hecho más, al igual que la Junta de Andalucía a la que le pregunto por los médicos y los enfermeros que debían traer a Linares y a todos los hospitales. Ponen muchos parches, pero, cuando acabe esto, seguiremos con los tres mismos médicos.

En este sentido, ¿hemos sido responsables con la pandemia?

—Como en cualquier parte de España. Más que irresponsables, inconscientes. Hemos lanzado las campanas al vuelo demasiado pronto. Teníamos muchísimas ganas de convertir los aplausos en los balcones en abrazos en la puerta de la calle y esto no nos ha beneficiado en vista de los acontecimientos.

También se nos dijo que teníamos el mejor sistema de salud del mundo, y al final hemos visto que carece de medios suficientes para hacer frente a este tipo de situaciones. Se nos ha quedado a dos velas. Ninguno sabíamos qué era esto y ahora lo vamos conociendo. Al margen del miedo que nos genera la enfermedad, necesitamos a alguien que ponga medios sin entrar en las peleas políticas, porque no tiene nombre. Se está usando la pandemia para otras cosas que no son realmente las que importan, como es mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Y en ese trabajo estamos las asociaciones de vecinos desde que comenzó la pandemia, pidiéndole a la gente que no salga, que sea responsable a través de vídeos y de otras muchas iniciativas.

Fotos: José Antonio Díaz Martínez

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