«La pobreza va más allá de no tener dinero»

Cristóbal Lupiáñez Fernández es uno de esos tipos que lleva escrita la palabra bondad en el rostro. De ojos curiosos y sonrisa fácil y confiada, es el presidente de Cáritas Interparroquial de Linares. Hasta su jubilación, no hace mucho, fue subinspector de la Policía Local, puesto que siempre compaginó con la solidaridad que corre por sus venas.

Se incorporó a esta organización de la Iglesia Católica con solo 20 años en la parroquia San Juan de Ávila del barrio de La Zarzuela. Su discreción, tan serena como resplandeciente, es lo que más llama la atención a simple vista.

Vive en primera persona la necesidad, la dureza de los sin techo, el amargor de familias que lo han perdido todo. Él, junto con todo el equipo que conforma Cáritas, les brinda su mano y un hombro en el que apoyarse.

Tenemos delante a una buena persona con mayúscula capital, con las que gusta charlar porque no solo su discurso es perfectamente entendible, sino que, además, tiene la virtud de escuchar. Nos citamos con él en la Cafetería Olimpia, donde, acompañados de un café, conversamos sobre Cáritas, la pobreza, el comedor social de San Agustín, la familia, la religión y, por supuesto, la pandemia del coronavirus.

¿Qué es Cáritas Interparroquial?

—Es la suma de las Cáritas parroquiales, es decir, en las poblaciones donde existen más de dos parroquias se forma una Interparroquial que asume proyectos e iniciativas de varios templos, como en nuestro caso es el comedor social, puesto que sobrepasa la labor de una sola parroquia.

¿Qué funciones tiene?

—Nuestra función es coordinar la labor de las parroquias para que se realice todo de forma parecida desde el recibimiento hasta el acompañamiento a las familias. Asimismo, ayudamos a toxicómanos a rehabilitarse en Proyecto Hombre. Entre Cáritas y las familias que pueden, pagamos los tratamientos. Tenemos a unas diez personas en esta situación. Prestamos cualquier ayuda. Cada caso se estudia y se diagnostica por si es necesario derivarlo a otra institución.

Le hago estas preguntas porque no sé si la sociedad linarense conoce realmente el trabajo que hace Cáritas.

—Hay de todo. Personas que piensan que Cáritas es una oenegé -la mayoría- y otras que saben perfectamente que somos una asociación de la Iglesia Católica y, por eso, está en todas las parroquias. Formamos parte de la estructura de la Iglesia. También hay ciudadanos que nos ignoran directamente.

¿Eso percibe?

—La mayoría sabe lo que somos y a lo que nos dedicamos porque son muchos años de funcionamiento y de atención a las personas. Creo que todo Linares sabe que existe Cáritas y para lo que está.

Esta ciudad lleva a sus espaldas numerosas crisis desde mineras a industriales, pasando por la económica de 2008 o el cierre de Santana Motor, pero ¿quizá sea la pandemia del coronavirus la que más daño está haciendo?

—Así es, porque tiene el problema añadido de la salud. No es una crisis económica en sí misma, pero está haciendo mucho daño a consecuencia del confinamiento y todas las medidas restrictivas que se han ido tomando. Los problemas económicos nos han venido por los problemas de salud. Tenemos que elegir entre salud y economía, y esa es la cuestión.

—¿Lo peor está por venir?

—No lo sé. Confío en que todo se solucione y los científicos encuentren una vacuna que nos haga volver pronto a la normalidad y la economía avance.

Lo que sí han notado ha sido un repunte en la demanda a las parroquias.

—Efectivamente. Con los datos en la mano, le puede decir que en las parroquias de Linares se están atendiendo a alrededor de mil familias. De esa cifra, unas doscientas han acudido en estos últimos meses.

Algunas acuden por primera vez, otras estaban antes en Cáritas y han vuelto ahora. Nos encontramos, entre esos demandantes, con parejas jóvenes con bebés y no tienen recursos. Nos piden ayuda para alimentación infantil y el pago de recibos básicos, como la luz, el agua y el alquiler.

Si esto no va a más es porque muchas personas tienen reparo en acudir a Cáritas o a otras organizaciones. Están sostenidas por la red familiar, abuelos que comparten su pensión con los hijos para que puedan ir sobreviviendo.

Sin esa ayuda de la que habla, ¿el número de demandantes en Linares sería mucho más alto?

—Por supuesto. Sin las ayudas de las propias familias, no solo el número sería más alto, sino que tendrían más necesidades. Nosotros podemos dar una ayuda pero no sostener la economía de una familia. Ni Cáritas ni ninguna otra institución puede hacerlo. Es inviable.

Nosotros podemos ofrecer una ayuda puntual, la alimentación de un niño, pagar unas gafas o un recibo de luz. Hablamos de cosas básicas que viene muy bien para la persona que lo necesita, pero es imposible mantener a mil familias en todo.

¿Qué falla?

—No lo sé. En estos momentos la crisis que tenemos procede de la pandemia, en la que las personas han tenido que adaptarse a una serie de medidas para intentar frenar la enfermedad, lo que ha llevado a muchos a cerrar sus negocios en sectores como la hostelería, los feriantes, los mercadillos… Un montón de gente que se ha quedado sin el trabajo que le daba para vivir, pero no para disponer de una reserva de ahorros para hacer frente a una situación como esta. Se han encontrado de golpe sin su fuente de ingresos y es aquí donde esta el problema.

Habrá un momento en el que las familias que han ahorrado se queden sin recursos también. ¿Teme que se produzca una avalancha de demandantes?

—Claro que puede pasar que gente que todavía no ha acudido se vea en obligación de ello. Confío en que esto no ocurra, que antes de que suceda hayamos superado la pandemia. Obviamente habrá unas consecuencias graves, pero pasarán. Los científicos se están esforzando para encontrar un remedio. Hay que seguir confiando para no llegar a esos extremos.

Lo que nos han dejado claro las distintas crisis es que cualquiera, en un momento dado, puede pasar necesidades.

—Nadie está a salvo ni de la pandemia ni de ninguna desgracia. Si cierras el negocio o pierdes el trabajo, te quedas sin nada. Puedes aguantar un mes o dos. Incluso cobrar ayudas, pero estas van descendiendo. Si a esto le añadimos la hipoteca o el alquiler y los gastos propios de un hogar, pues nos podemos encontrar en una situación grave.

¿Qué es la pobreza?

—Definir la pobreza es un poco difícil porque no solo consiste en la falta de dinero o de ingresos. Nosotros la tratamos desde muchos puntos de vista, como la ausencia de formación, valores o un problema de salud que impide a la persona desarrollarse con normalidad. Hay personas que tienen dinero pero que no dejan de ser pobres porque no tienen salud, por ejemplo. Como ve, es un concepto bastante amplio.

¿Cree que esta sociedad es pobre, precisamente, en valores?

—Hay de todo, como en la viña del Señor. Esta sociedad ha respondido generosamente en este momento tan difícil y complejo. Lo tenemos aquí, en Linares, donde la población se volcó durante el confinamiento y nos vimos perfectamente atendidos. Hubo mucha gente nos ayudó con dinero, con medios y con alimentos. Particulares, empresas, instituciones y cofradías se portaron de maravilla. Por eso, creo que la sociedad si tiene valores, lo que pasa que hay que empujar un poco para que salgan a flote

¿Qué opina cuando escucha que hay que retirarle las ayudas a la Iglesia?

—La Iglesia hace un papel, en mi opinión, fundamental a la sociedad, como estamos viendo durante la pandemia, en el que resalta más. Pero esto no es nuevo: lo lleva haciendo dos mil años, con crisis o sin crisis. Lo ha hecho siempre con los más desfavorecidos. Formamos parte de la sociedad y también pagamos impuestos, por lo que necesitamos que el Gobierno colabore con la Iglesia para poder seguir ayudando.

Hábleme de sus voluntarios.

—Siempre que me pregunta por ello digo que necesitamos más gente implicada. Bien es verdad que los equipos de Cáritas requieren un tiempo para poder funcionar correctamente y no toda la gente dispone de ese tiempo. Por eso, la mayoría de los voluntarios está jubilada, como yo. Necesitamos que esos equipos se fortalezcan con gente más joven, que nos puedan aportar ideas. Tenga en cuenta que muchos de nosotros somos personas de riesgo, lo que nos impide realizar con total normalidad nuestra labor en Cáritas.

¿Por qué no se implica ahora la gente joven?

—Es cierto que antes las personas que conformaban los equipos eran más jóvenes. Recuerdo cuando empecé -con 20 años- que Cáritas contaba con personas que prestaban su ayuda después de completar su jornada laboral. Hoy en día, es muy complicado de ver. Vivimos en una sociedad en la que el trabajo nos absorbe muchísimo, aunque también hay cierta dejadez o ignorancia al pensar que no necesitamos ayuda. Lamentablemente la gente joven va por otros caminos y lo vemos en todos los aspectos, no solo en lo referente a Cáritas.

En relación con el comedor social, acaban de recibir una subvención de la Junta de Andalucía.

—Este tipo de ayudas se gestionan directamente desde Cáritas Diocesana que es la que tiene entidad jurídica. Ella es la que tiene el equipo de profesionales que ha sido por el que nos ha llegado esta ayuda. El comedor social llevaba un par de años que no recibía subvenciones y ahora la hemos conseguido.

¿Con ese dinero podrán tirar?

—Este dinero corresponde a este año y se suma a otras ayudas que recibimos. La subvención de la Junta tenemos que justificarla con lo que ya hemos gastado. El comedor social recibe comida, por ejemplo, de Mercadona, El Corte Inglés, así como donaciones de particulares pero no podemos olvidar que tenemos otros gastos, como la luz, el agua, el gas, las reparaciones de la cocina o alimentos que no nos llegan y que nos faltan. Entre unas cosas y otras, todos los meses necesitamos 1.600 euros para que el comedor funcione. Debemos tener en cuenta que son unas 27 familias las que se atienden diariamente, además de una treintena transeúntes. Con el tema de la pandemia tenemos un gasto extra porque compramos los envases de un solo uso para la comida. La cantidad es importante, pero debemos repartirlo entre tanta familias. Esa ayuda de la Junta nos durará un tiempo y volveremos a necesitar más respaldo.

¿Del Ayuntamiento reciben algo?

—Estamos a la espera de una ayuda que nos prometieron.

¿Cuánto tiempo seguirá Cristóbal Lupiáñez en Cáritas?

—No lo sé. Llevo prácticamente toda mi vida. Como coordinador, se puede prorrogar nueve años, pero tengo una edad y ya uno no hace planes de futuro. Lo que pueda.

¿Cómo quieren que lo recuerden?

—Soy uno más de un engranaje que se llama Cáritas. Habrá gente que me recuerde con cariño y otros directamente que ni me recuerden.

Fotos: Javier Esturillo

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