La panda

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Cuando paso por nuestras calles me parece vivir en un planeta distinto del que me presentan los medios. Solo veo gente tranquila, cada cual en lo suyo, gente tratando como yo de salir adelante, con procesiones de las que van por dentro, sí, gente completamente normal que pide las cosas por favor, se saluda y se da las gracias.

Sin embargo las noticias hablan siempre de enfrentamientos. Cuando no son piedras, son palos y cuando no insultos. En las imágenes, orangutanes arengando a mandriles.

Podría ser algo de los medios de comunicación pero no es sólo eso: si uno tiene la desgracia de querer seguir con interés una sesión del Congreso de los Diputados, esos ciudadanos cuyo sueldo se justifica por representarnos a todos, al rato y por salud mental tiene que desistir del empeño porque en lugar de enterarse de qué sucede en nuestro país y escuchar un debate de ideas y razonamientos se encuentra con candidatos a presidir nuestro Gobierno insultándose con los miembros del mismo al mismo nivel que el de los programas más chabacanos de la basura televisiva.

Estas son la altura y la profundidad del debate político actual en la que la parte correspondiente del hemiciclo aplaude a manos batientes cuando alguno de sus compañeros de carnet da un “zasca” al adversario y se pone en pie cual público de grada si el compañero ha desplegado el más puro estilo matón o verdulera.

De hecho, cada vez más políticos eligen estos escenarios televisivos vacíos de contenido como estrado para difundir sus mensajes ideológicos. ¿Es así como se consigue un puñado de votos? ¿Es medianamente normal que una campaña política se sustente permanentemente en insultar al adversario? ¿A qué sociedad representan? Quizá la cada vez más escasa participación electoral de la ciudadanía podría dar una pista.

Entonces, ¿por qué lo hacen? ¿Les conviene en algún modo la desafección de la ciudadanía hacia la cosa política para que deje de prestar atención, incluso de acudir a las urnas y poder reunir su puñado de votos de entre los usuarios más polarizados de redes sociales como Twitter? De verdad, a veces leo tweets y me viene a la cabeza la imagen del malo del Inspector Gadget frente a la pantalla, acariciando al gato obeso y creyéndose el ser más poderoso del Mal.

Es tan sumamente ridículo que permitamos esto como sociedad. ¿Cuántos de nosotros y más con la que está cayendo nos sentimos representados por este subirse a los coches oficiales sin haber hecho absolutamente nada más que meter cizaña y lanzar exabruptos constantemente?

Vuelvo a salir a la calle, tengo que ir a comprar algo. La verdad, no sé si el tendero vota, si lo hace por quién lo hace ni si piensa hacerlo por quién lo haría. Él tampoco lo sabe de mí y dudo que nos importe a alguno de los dos.

Lo que si sé es que nos damos los buenos días, nos tratamos con educación, nos sonreímos. Si es suya la tienda espero que el mes que viene siga abierta; si es un empleado espero que el mes que viene siga manteniendo su empleo; sea lo que sea, seguro que él espera que vuelva y a ser posible que me gaste lo más que pueda; si habláramos de política, seguramente coincidiríamos en una expresión común: “Vaya panda”.

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