La noche se transforma en rezo de Santa Ángela de la Cruz, Columna y Amargura

Y de nuevo la noche volvía a cubrir Linares para llegar a una «Madrugá» esperada por muchos eso si con el permiso del Señor de la Columna y Nuestra Señora de la Amargura, enlace divino entre el Jueves Santo de Dolores, Rosario y Amargura y el Viernes de Pasión de Mayor Dolor, Esperanza, Soledad y Penas. Desde la Plaza del Ayuntamiento vista privilegiada cuando a las nueve de la noche la luz de los guardabrisas del Prendimiento aún alumbraban calle Rosario, desde la Puerta de la Basílica de Santa María se dibujaba una silueta divina del Señor de la Columna, seguido de una candelería de amor que iluminaba el Rostro de la Amargura. La Columna está en las calles de Linares.

El morado y blanco de las túnicas, poco a poco iban dando color a las viejas piedras del casco antiguo, feligresía que recibía con el corazón en un puño a la Cruz Guía de la Hermandad, casi sin querer dejarla ir de sus alrededores y contener el momento para siempre. El aroma de la primavera dejaba en calle Pontón, calle cofrade por que así lo ha querido Dios, un reguero de sentimientos en la espalda flagelada de Jesús y a la que el querido amigo Pedro, tantas veces quiso calmar con amor y devoción a un Cristo que cada Jueves Santo nos recuerda su enorme sacrificio.

Mientras tanto como un suspiro al cuello de sus costaleros, la Amargura, en completo compás de Fe con los sones de Linarejos Coronada, parecía querer acercarse un poquito más en cada chicotá a su Hijo, pero a la que los sayones del paso del divino Misterio no dejaban.

Tras un solemne y serio paso por carrera Oficial, llegaba el momento de saludar al Santísimo en San Francisco, teniendo como testigo de excepción de tan alto momento a la Inmaculada, ambos pasos un o tras otro, se tornan en rachear cuidadoso hacia el Altar Mayor, dejando una bella estampa entre los naranjos y una sombra en la fachada del viejo convento franciscano difícil de borrar, ni del pensamiento ni del corazón.

Pero ya casi se escucha a los lejos, perdida en las callejuelas estrechas, la llamada de las Hermanas de Santa Ángela de la Cruz, hacia donde la Hermandad tras dejar su impronta en la Plaza del Gallo se dirige como ella sólo sabe hacerlo en la noche. Pero antes un instante en el que el golpe de llamador quiere recordar a uno de sus hijos en la calle La Rosa, a un enamorado de la bella mirada de la Amargura, «esta por ti Seco».

Y más abajo, en la esquina se va perdiendo la vista de los pasos poco a poco para dejar sitio a las voces de ellas, a las Hermanas de Santa Ángela que por fin pueden tener al Señor de la Columna y a la Madre y Reina frente a su ventana para rezarles como ellas sólo saben hacer.

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