«La ilusión que me mueve es Arquillos»

Miguel Ángel Manrique Peinado (46 años) atiende a un vecino en la puerta del Ayuntamiento de Arquillos antes de sentarse a conversar con El Observador. Tiene un problema que necesita de la atención del alcalde. La charla es breve y lo emplaza para después.

Nos recibe en su despacho, ubicado en la planta baja del Consistorio. Y tiene una razón de peso para estar en la entrada del edificio: «No puedo obligar a las personas mayores de mi pueblo a subir escaleras para hablar conmigo», sentencia.

Su mesa está llena de carpetas y papeles, pero todo ordenado y limpio. Camionero y agricultor de profesión, llegó a la política casi por casualidad. «Todavía no me creo cómo pude acabar aquí», recuerda con una sonrisa en los labios.

Los años y la experiencia le permiten desenvolverse con soltura en los terrenos más pantanosos. Lo mismo vale para negociar una subvención que para echar una mano a la trabajadora social. Para él, no hay horarios ni distancias, solo una obsesión: mejorar la vida de sus vecinos.

Casado y padre de un hijo (de nombre Miguel, como él), es un tipo de lo más sencillo que se mueve por el sentido común. Las siglas quedan a un lado cuando se trata de luchar por el pueblo.

No le gusta nada la solemnidad. Lo suyo es la calle y el trato con la gente. Los halagos no parecen surtir mucho efecto en Miguel Ángel Manrique. Seguramente por una cuestión de carácter —tiene la cabeza bien amueblada— y también porque sabe que algún día dejará el bastón de mando.

Es todo un clásico. Le encanta la música de los 80 y 90, especialmente 091, y su peli favorita es ‘Los Goonies’. Su hijo tiene una camiseta de esta conocida cinta de aventuras.

¿A qué hora se levanta cada mañana y qué es lo primero que hace?

—Suelo despertarme temprano, sobre las siete de la mañana o antes. Desayuno con mi mujer y, acto seguido, preparo al niño para llevarlo al cole o a casa de los abuelos.

¿Mira el teléfono móvil nada más despertase?

—Sí. Lo miro de inmediato por si tengo algún mensaje importante. El móvil está muy presente en mi vida. Duerme a mi lado (risas).

¿Cuánto tiempo lleva sin un domingo con la familia?

(Suspira) Bastantes. Intento ocuparme de la familia ese día, pero se suelen complicar porque tienes reuniones de partido o en el Ayuntamiento porque he quedado con alguien que no puedo ver durante la semana. Los fines de semana son normalmente de trabajo.

Imagino que para un alcalde de pueblo no existe la rutina.

—Para nada. Los días son imprevisibles y se pueden alargar hasta muy tarde. Sin ir más lejos, ayer llegué a casa a las diez y media la noche. Acababa de ver a un empresario taurino para las Fiestas de Santiago que aún no sabemos qué vamos hacer. Llegar tan tarde a casa es muy común en mi vida. No tengo horas.

Pero no me pasa solo a mí, sino a todos los alcaldes, al menos, los de pueblo. Al final, estamos las 24 horas pendientes de los vecinos y de cualquier cosa que pueda pasar.

¿Qué ilusión mueve a Miguel Ángel Manrique?

—La ilusión que más me mueve es aportar mi granito de arena para tratar de arreglar un poco las cosas en mi pueblo y en la provincia. Quiero que mi hijo se sienta orgulloso y piense que su padre ayudó a mejorar la vida de las personas.

Creo que a la gente joven le debemos un futuro mejor, como a nosotros nos dejaron nuestros padres. Lamentablemente, nos está costando mucho porque, en mi opinión, la situación es peor. En este sentido, pienso que las personas que tenemos de 40 a 50 años debemos realizar un esfuerzo doble para que toda esa gente que viene detrás pueda disfrutar de un lugar digno en el que vivir.

¿Cuántas noches pasó en vela durante el confinamiento y los momentos más duros de la pandemia?

(Cambia por completo el gesto de su cara) Muchas, muchas, demasiadas. Al principio era porque no controlabas la situación. Te despertabas por la noche pensando en las medidas que ibas a tomar al día siguiente, que al final había que cambiar. Fue un caos, acompañado del miedo a las infecciones. Con el primer caso, se disparó la preocupación. No sabíamos realmente cómo reaccionar para frenar su propagación.

También nos preguntábamos qué podíamos hacer por esa gente y por sus familias. Lo que hicimos fue ponernos a su disposición. Así, le llevábamos la comida, la medicación o le retirábamos la basura. Vimos mucho miedo en la cara de nuestros vecinos.

Los primeros días fueron durísimos. Al desconocer esa situación, se hicieron cosas que ahora pueden sonar graciosas como que los trabajadores del Ayuntamiento retiraran la basura de los positivos con cañas de pescar. Como no sabíamos que hacer con ella, porque no había un protocolo establecido o lo desconocíamos, pues optamos por quemarla.

Pero esa anécdota es una de tantas. Los alcaldes lo hemos pasado realmente mal durante la pandemia porque nos han dejado solos. Nosotros no hemos tenido respaldo por parte de nadie. Aquí ninguna Administración ha llamado para preguntar qué necesitamos. La única la Junta que nos dio una subvención el pasado año para paliar un poco los gastos que tuvimos por las desinfecciones y mascarillas. Diputación también nos dio algo, pero pienso que se pudieron hacer las cosas mejor.

¿Se siente soledad en su puesto?

—Nunca la he sentido ni la siento porque estoy muy arropado por mis concejales, mis vecinos y la familia. Además, soy una persona a la que le gusta pasar cierto tiempo solo para pensar en mis cosas y resetear la mente. Muchas veces es necesaria esa soledad para quitarte de la cabeza tanto ruido.

Si le preguntara cuántos nombres o motes conoce de Arquillos, ¿cuál sería su respuesta?

(Risas) Casi todos, se lo aseguro.

¿Y cuánta gente saluda al día?

—Usted lo ha podido comprobar esta mañana. Pero eso no es por ser alcalde, sino por educación. Lo hago desde siempre porque así me lo enseñaron mis padres. De hecho, a mi padre le pasaba igual que a mí. Era un hombre con muchos amigos y a todo el mundo saludaba. Considero que, como él, tengo muy buenos amigos en mi pueblo.

¿Existe la humildad en la política?

—Existe pero rara vez se ve. Conozco a personas que, al principio, dan una impresión equivocada de cómo son realmente. Luego los conoces de cerca y son gente humilde. Para hablar de humildad en las personas, hay que conocerlas. Uno puede tener una careta para protegerse y luego ser de lo más humilde y normal. La política es tan cruel que muchas veces castiga al que hay enfrente sin saber cómo está esa persona.

¿Le ha decepcionado mucha gente desde que está en el ruedo político?

—Algunos sí que me han decepcionado.

¿Ha perdido amigos o ha ganado?

—He ganado, y muchos.

¿Cuántas veces le ha dicho su mujer eso de ‘dónde vas Alfonso XII’?

—(Ríe) Muchísimas. Desde por la mañana y hasta la noche me lo está diciendo. Todos los días.

¿Qué lleva a un hombre con una vida más o menos estructurada meterse en estos fregados?

—Surgió de golpe y porrazo. El alcalde que había entonces del Partido Popular, Francisco José Solano, me planteó la posibilidad de que entrara para cambiar el Ayuntamiento porque veíamos demasiado sectarismo y, además, estaba hundido desde el punto de vista económico y social después de muchos años de socialismo.

Entré en la lista, pero no salí de concejal. Un día me llamó y me dijo que no se iba a presentar. Nosotros por aquellos tiempos no teníamos estructura local de partido y me propuso que me presentara a alcalde. Yo le dije que cómo iba a encabezar una lista cuando ni siquiera había sido concejal. Pero insistió, a pesar de que nunca había pisado el Ayuntamiento. Acepte porque entendí que había que continuar con el proyecto y hacer frente al PSOE, a IU y a un partido independiente, aunque sin demasiadas expectativas. Sin embargo, se dieron todas las circunstancias favorables y aquí estamos.

¿Qué es la erótica del poder?

—Pues no tengo ni idea, porque yo nunca la he sentido (risas).

Usted es camionero.

—Lo soy y lo seguiré siendo.

Sabe, por lo tanto, que su etapa como alcalde acabará.

—Desde que tomé posesión del cargo. De hecho, no tengo intención alguna en perpetuarme en la política. Es algo que tengo clarísimo, por principios y valores. El día de mañana, cuando mis vecinos lo digan, volverá a mi trabajo en el campo y de transportista.

Llegamos al ecuador del mandato, ¿qué sensaciones le deja estos dos años?

—Me deja un sabor agridulce. La pandemia se ha llevado por delante gran parte del mandato, en el que hemos hecho cosas, pero no del calado que nos hubiera gustado.

¿Cuántas vecinos han muerto a causa del Covid?

—Cuatro personas.

¿Ha sido el momento más duro de su etapa como alcalde?

—Sí. He vivido situaciones tensas, muy duras, que no son fáciles de contar. Nunca he querido ocultar nada, pero sí he tratado de salvaguardar al máximo el nombre de Arquillos para que no estuviera en el foco de la prensa, porque ha habido momentos realmente dramáticos.

¿Ha sido entendido por sus vecinos y por la oposición?

—Sí, no tengo queja alguna. Todo el mundo se ha portado muy bien en la medida de sus posibilidades. Me siento muy arropado por el pueblo y por la oposición.

Además de regidor, es el presidente de la Asociación para el Desarrollo Rural de la Comarca de El Condado (Asodeco), una de las zonas más olvidadas de la provincia. ¿Qué necesitan?

—Más atención por parte de la administraciones. Dicho esto, también es cierto que uno de nuestros grandes problemas ha sido el conformismo. Hemos sido demasiado buenos. Nos hemos acomodado en nuestra zona de confort y eso nos ha perjudicado en relación con otros territorios de la provincia.

Nunca ha habido una movilización seria para reivindicar nuestras demandas. Creo que ha llegado la hora de ponernos en pie y pedir lo que consideramos que es justo para esta comarca. Uno de los pilares de nuestro futuro está en una buena red eléctrica, porque si no hay electricidad difícilmente se van a querer instalar aquí empresas.

Otra cosa súper importante para los municipios pequeños es la aprobación de la Ley de Impulso para la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía, porque, con ella, podremos desarrollar suelo industrial para polígonos con el fin de darle vida a nuestros pueblos. No vendrá ni Ferrari ni la Seat, pero si empresas del propio pueblo que necesitan espacio para crecer. Hay negocios muy importantes en Arquillos que están trabajando en otras provincias de España con éxito, pero necesitamos esta norma para disponer de más suelo urbano e industrial.

También es esencial para El Condado el agua. Es algo vital para nosotros y nos han engañado durante 40 años. Tenemos cinco pantanos y, en un tiempo no muy lejano, cambiaremos el olivar tradicional por el intensivo. Sin agua no podemos dar ese paso. Para competir al mismo nivel del resto, necesitamos disponer de medios, y para eso hace falta agua. Insisto, tenemos cinco pantanos y la única zona de riego que tenemos es la del Guadalén y Chiclana de Segura.

No podemos olvidar tampoco los problemas de abastecimiento. Es que nos vimos obligados a denunciar ante los tribunales a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, porque era una situación insostenible que hacía que viviéramos en una comarca tercermundista. De eso hace solo tres años.

Cuando escucha lo de la España vaciada, ¿se siente identificado?

—Por supuesto, y cada vez nos vamos a sentir más identificados si no se le pone una solución a corto plazo. No necesitamos dinero, sino que nos echen una mano para frenar la despoblación. Lo que quiero es suelo, agua y electricidad para que se puedan implantar empresas y las que hay aquí mejoren; así de este modo, la gente no se tiene que marchar de Arquillos.

Le pongo un ejemplo, si la cooperativa muele más millones de kilos de aceituna aumenta el poder adquisitivo de los vecinos y eso lleva consigo una economía circular. Como ve, no pido para un coche solar o leches en vinagre. Solo pido para cosas que son necesarias.

Y cuando escucha Plan Activa Jaén, ITI, Next Generation, ¿qué piensa?

—Que son cantos de sirena. No solo lo pienso yo, sino la mayoría de los ciudadanos. ¿Qué nos ha llegado de la ITI o de los otros fondos que usted nombra? Nada, ni un céntimo. Lo único que nos llegará será deuda que el día de mañana deberán pagar nuestros hijos. Pueden llegar todos los millones que quieran, pero, al final, los tendremos que pagar, de una manera o de otra. Aquí nadie regala nada.

Lo que necesitamos es una reforma profunda del subsidio agrario, de las ayudas al olivar… para cambiar las cosas que no están funcionando desde hace más de cuarenta años.

A nuestro alrededor tenemos municipios que han tenido empresas fortísimas, de las que han comido las comarca de Linares, La Carolina o El Condado, y mire cómo están ahora. Algo habremos hecho mal para estar en esta situación.

Nadie puede negar que en El Condado hay gente emprendedora.

—Por supuesto, y esta comarca lo intenta, pero no nos dan lo que es necesario. Castellar y Chiclana de Segura son dos de los pueblos más bonitos de El Condado, que nada tienen que envidiar a otros. Pero ¿se ha apostado por el turismo de esta zona? ya le digo yo que no. En Arquillos tenemos una cuevas subterráneas y nadie ha venido preguntando por ellas para su puesta en valor. Tampoco le hacen caso al Giribaile y a tantos y tantos recursos y atractivos de El Condado. Nuestra gente es la más emprendedora del mundo pero no se le facilitan las cosas en servicios tan esenciales como suelo, agua y electricidad.

Tenemos aquí un muchacho que quiere montar una granja de cerdos y lleva dos años y medio con el proyecto dando vueltas por las administraciones. ¿Usted cree que eso es normal? Si es para ponerle un monumento, por querer crear riqueza y empleo en su pueblo.

Qué mala es la burocracia, ¿no cree?

—Así es. Es uno de los mayores problemas que tenemos. Entiendo que los temas urbanísticos tienen sus trámites y sus controles, pero no pueden eternizarse en el tiempo porque bloquean el crecimiento de los pueblos pequeños.

Por desgracia, la corrupción durante el boom urbanístico creó un miedo que estamos pagando ahora los ciudadanos. No sabe lo complicado que es, por ejemplo, montar una nave. Es que directamente no puedo. ¿Cómo quieren que anclemos a la población si no contamos con herramientas para ello? Así es prácticamente imposible.

Habla de suelo, agua y luz, tres servicios básicos, pero qué me dice de la brecha digital. ¿La sufren?

—Es súper importante. Por fortuna, contamos con fibra óptica con varias compañías. Hemos avanzado mucho, pero no nos podemos detener.

Es una persona positiva. ¿Tiene esperanza en que todo esto mejore?

—Claro que sí. Creo que llegará un día -no muy lejano- en el que los pueblos sean mucho más atractivos que las ciudades. ¿Por qué? Porque nosotros llegaremos a ser sostenibles. Aquí, sin ir más lejos, ya estamos inmersos en un proyecto en el que el agua con la que regamos parque y jardines no viene de la red de abastecimiento público, sino de pozos. Hemos empezado en El Porrosillo y seguiremos con Arquillos. Es un ahorro para nosotros, al igual que el alumbrado led. Llegará un día en el que también dispongamos de energía solar, lo que nos permitirá no tener que cobrar ciertos impuestos. Le hablo básicamente de ser autosuficientes.

Dice una canción de Loquillo y Los Trogloditas que para uno ‘ser feliz quiere un camión’. ¿Qué quiere Arquillos para ser feliz?

—Empleo, sobre todo para la gente joven. Es desesperanzador que se tengan que marchar de sus raíces porque no tienen un puesto de trabajo garantizado cuando acaban sus estudios. Es lo más triste que puede haber.

Fotos: Désirée Vicente Díaz 

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