«La Cámara de Comercio de Linares es un modelo para el resto gracias a su personal»

Nos citamos con María Jerez Carrillo (Linares, 1975) en una (otra) tarde de incertidumbre pandémica, en una cafetería de la céntrica Isaac Peral. Destila elegancia, buen gusto y seguridad. Es la gerente de la Cámara de Comercio e Industria de Linares, puesto al que accedió después de la marcha de Raúl Caro-Accino a la política.

Su nombramiento no pilló a nadie de sorpresa porque conoce como nadie el funcionamiento de una institución a la que llegó con solo 21 años, por lo que lleva más de media vida en uno de los centros de poder de la ciudad. Diplomada en Trabajo Social, se define como una mujer trabajadora y muy hogareña, a la que le gusta que todo esté en orden.

Se ofrece, generosa, a hacer un exhaustivo repaso a trayectoria profesional y personal. No pone reparos a pregunta alguna, aunque en alguna haya sido políticamente correcta. Casada y madre de dos hijos, afronta una de las etapas más complicadas para la Cámara de Comercio y la propia ciudad de su historia reciente como consecuencia de la crisis sanitaria derivada del coronavirus. Un escenario desconocido al que tratan de hacer frente desde una visión global de los hechos con el fin de anticiparse a lo que pueda pasar una vez acabe la pandemia.

¿Quién es María Jerez?

(Piensa durante unos segundos) Creo que una mujer trabajadora, muy familiar, según mi marido, excesivamente familiar, muy fiel a mis amistades, activa, curiosa y a la que le gusta aprender de todo.

¿Cuántas horas dedica a su trabajo?

—Depende. Hay días que la jornada completa, pero luego sigues con el teléfono, el ordenador… Con las nuevas tecnologías es difícil desconectar. Siempre atiendo a todo el que me busca o me necesita para algo.

¿Cómo concilia la vida laboral y familiar? No debe resultar fácil.

—Lo que hago es priorizar, pero evidentemente hay sacrificios. Antes de aceptar el puesto de gerente de la Cámara de Comercio, lo consulté con mi marido porque sabía que necesitaría ayuda. Él debía asumir responsabilidades y tareas que antes eran mías. A partir de ese momento, priorizas. También tengo la suerte que mis hijos son mayores. El grande va a cumplir 16 años y el chico 12, por lo que me ha pillado en un momento algo más liberada. Ahora tengo algo más de tiempo. Cuando los niños eran pequeños, no hacía nada de deporte y lo retomado. Dicho esto, por supuesto que sacrificas cosas.

Para desempeñar un puesto ejecutivo, ¿hace falta ser disciplinado?

—Sin duda. Tienes que ser disciplinado y estar al tanto de todo. No puedes parar de aprender cosas y exigirte a ti mismo. La sociedad va más rápido que uno y, por este motivo, la formación debe ser continua. Y, además de disciplina, es fundamental la constancia.

¿Qué le ha aportado la Cámara de Comercio?

—Todo. Allí tengo mi casa, mis compañeros, mis amigos… Llevo en la Cámara desde los 21 años, pues imagínese lo que me ha aportado. He crecido allí.

Lo que percibo desde el exterior es que trabajan en equipo.

—No se puede concebir la Cámara sin el trabajo en equipo. Es imposible que funcione una institución como esta sin una organización y sin la implicación de todos. Los departamentos están relacionados y dependen los unos de los otros, porque hay tal diversificación de asuntos que es necesario estar coordinados para sacarlos adelante. Al final necesitas el apoyo de tus compañeros para desarrollar el tuyo.

¿Cuál es su función dentro de la Cámara?

—Es tan amplio el campo de actuación de la Cámara y ha evolucionado tanto en los últimos años, que mi labor consiste en tratar de encuadrarlo todo para que cada uno realice de manera eficaz su trabajo. Es esencial, además, priorizar para cumplir los objetivos que nos marcan los programas y proyectos que desarrollamos, por ejemplo, de Cámara de España. Mi función es tener una visión global de todo lo que hacemos.

Mi conocimiento y el haber empezado de auxiliar administrativo en esa empresa es lo que me ha traído hasta aquí. No sé más que nadie, tal y como les digo a mis compañeros. Lo que acumulo es experiencia y práctica profesional.

Cuando llegó no había nada de lo que hay ahora, principalmente nuevas tecnologías. ¿Cómo recuerda esos inicios?

(Esboza una sonrisa) Empecé a trabajar con el wordperfect y con el fax, porque no existían los correos electrónicos. Recuerdo que el primer proyecto que ejecuté que me pidió Raúl -exgerente de la Cámara y actual alcalde de Linares- era hacer unas fichas de formación para la antigua PPO -hoy Centro de Formación Profesional para el Empleo-. No tenía ni idea de lo que me estaba pidiendo. Me lleve la máquina de escribir a mi casa y dos carpetas para ver cómo lo hacía el anterior compañero. Era todo ensayo y error sin saber realmente lo que estaba haciendo. Imagínese sin han cambiado las cosas.

¿Y cómo ha vivido esta evolución tecnológica?

—Anticipándonos a la jugada. Desde el primer momento, fuimos conscientes de que el mundo iba a cambiar y necesitábamos estar preparados. Plantear la desaparición del fax era algo impensable para algunos empresarios. Quién iba a imaginar hace unos años que Linares contaría con su propio ‘amazon’ como es el marketplace DTiendas y lo íbamos a hacer en solo cuatro meses.

Por el sitio en el que trabajas y por lo que ves en otros lugares, a través de reuniones y jornadas, te permiten tener una idea de lo que puede pasar. Esto te permite tener el espectro un poco más amplio. En este sentido, muy importante escuchar.

¿El tejido empresarial de Linares es consciente de estos cambios?

—En cierta forma al empresario linarense le cuesta muchísimo adaptarse a los cambios. Es un sector complicado porque están acostumbrados a una serie de cosas y cambiar ese modelo no es fácil. Linares es una ciudad cómoda en todos los sentidos.

Sin embargo, de golpe y sin esperarlo, nos llega la pandemia, que lo ha alterado todo. Y, en este punto, puedo decir, como ya lo exprese en la comisión de Comercio del Ayuntamiento, que me ha sorprendido gratamente la disposición de los empresarios. Me siento orgullosa de cómo están trabajando.

La respuesta, por ejemplo, en el tema del marketplace ha sido sensacional. Aquí más de cuarenta negocios se han sumado a la iniciativa, mientras que en Badajoz, una ciudad mucho mayor, no han pasado de veinte. En otros lugares han alucinado de que lancemos la propuesta con tanta gente y en tan poco tiempo. De ahí mi aplauso a los empresarios linarenses. Han captado desde el principio la necesidad de vivir con los tiempos y las circunstancias. En esta ocasión, han sabido responder hasta tal punto de que seguimos recibiendo solicitudes para el marketplace, por lo que podemos decir que ha sido un rotundo éxito.

¿Cuándo dio la Cámara de Comercio su salto de calidad?

—El salto de calidad nos lo dio el Centro de Innovación. Fue el que nos hizo pasar de Cámara pequeñita y algo encogida, a perder los complejos y darnos cuenta de que éramos buenos de verdad. Ese centro se concibió con la idea de trabajar todas las instituciones juntas y coordinadas, sin pisarnos las unas a las otras. Esto nos hizo espabilarnos y ponernos a la vanguardia en muchos aspectos.

Supongo que sacarían pecho cuando el presidente de Cámara de España los puso como ejemplo de cómo se tienen que hacer las cosas.

—Es bonito que nos pongan como ejemplo. De hecho, no era la primera vez que la Cámara destaca por sus méritos. A nivel europeo, nos premiaron por buenas prácticas. Recuerdo que cuando Raúl recibió la llamada se quedó contrariado por qué no sabía a qué se referían con lo del premio y era sencillamente por hacer las cosas que dices.

Sin embargo, notó que la ciudadanía ve a la Cámara como algo elitista…

—Eso es por la mentalidad que tenemos de prejuzgar antes de conocer realmente las cosas. Recuerdo a una señora, de otra institución, que se quedó alucinada con lo aquí hacemos. Ya no sé cómo decirlo, ni cómo explicarlo: la Cámara está abierta a todo el mundo. Estamos aquí para que nos pregunten y nosotros tratar de darle una respuesta. El problema radica también en que la gente no lee lo que le mandamos o no le presta la atención que merece. Es importante que estén informados para, de este modo, poder pedir. Me gustaría que alguien nos dijera cuál es el camino para estar más cerca de la gente porque lo seguiríamos a pie juntillas.

¿Cómo se consigue una máquina tan bien engrasada como la Cámara de Comercio e Industria de Linares?

—Tan simple como tener un buen equipo de trabajo.

Por lo que me dice, el mayor valor de la institución es su gente.

—Sin lugar a dudas. El valor humano es lo que importa. Ni Raúl ni yo somos importantes, ni siquiera el pleno, es el personal de la casa. A nivel de Cámaras somos un modelo, y eso es un orgullo, no porque lo diga el señor Bonet -presidente de Cámara de España-, sino porque así me lo transmiten en todas las reuniones.

Cuando entré, estábamos cuatro personas. Pero empezaron a llegar los fondos europeos que nos permitieron ampliar la plantilla. Raúl ha tenido mucha culpa en eso porque hizo una buena selección de personal. Todo viene hilado y al final hemos conformado una plantilla que se complementa perfectamente. Es una máquina bien engrasada que funcionaría igual sin mí y sin Raúl.

Se moja y me explica, a groso modo, qué ha pasado con la Cámara de Comercio de Jaén.

—Sin entrar en detalles, le diré que se debe a la gestión. No ver a la Cámara como tu propia casa. Cuando ve problemas en casa, toma medidas para solucionarlos. Si no lo haces, los problemas crecen. Todo radica cuando piensas que tus problemas los va a solucionar otro. Ahí está la equivocación, sobre todo, cuando pasa el tiempo y nadie le pone el cascabel al gato. En realidad, es gestión y tomar medidas en el momento oportuno.

Nunca vieron a ACIL (Asociación de Comerciantes e Industriales de Linares) como un enemigo.

—Así es. ACIL es una asociación y se debe a sus asociados. Nosotros somos una corporación de derecho público que se debe al desarrollo socioeconómico de un territorio. No tiene nada que ver. A mí me interesa que estén y que colaboren con nosotros. Nunca ha habido piques entre ambas organizaciones. Le puedo decir que mi segundo contrato fue con ACIL, a través de la Cámara, durante seis meses.

Habla mucho de Raúl -el alcalde-. ¿Cuándo le comunica que se presenta a las elecciones?

—No lo recuerdo, porque tampoco lo tenía claro (risas).

¿Cuál es su opinión como regidor?

—No la puedo dar porque ha sido mi jefe y mi compañero durante muchos años.

Pero es ciudadana de Linares, algo opinará.

—Insisto, no puedo. Básicamente porque si pido que se separe la figura de Raúl como alcalde de su anterior puesto en la Cámara, de la que yo soy ahora la gerente, creo que no sería objetiva.

¿Lo echa de menos -a Raúl Caro-Accino-?

—Claro. Mantenemos una relación estrecha pero no es la misma que antes porque tiene otras ocupaciones. Antes, pasábamos muchas horas juntos y hablábamos de muchos temas, no solo de trabajo, sino también familiares y personales. Ahora no es posible. Hablamos menos, aunque intentamos, de vez en cuando, tomarnos un café para ponernos al día y mantener el contacto.

Como amiga, le deseo que cumpla todos los objetivos y su trayectoria sea exitosa porque es buena para él y para la ciudad.

Dígame con qué se relaja.

—Es difícil que me relaje. Soy una persona muy nerviosa y siempre estoy activa. Me relajo algo después de hacer deporte. También cuando llego a casa y encuentro todo ordenado y en paz. Cuido mucho de que mis hijos hagan sus deberes y de que mi familia esté bien. Por las noches suelo hablar con mi madre para saber cómo está o cómo le ha ido el día.

Veo que le gusta tener el control.

—Sí, la verdad. Al menos lo intento.

Es una de las personas que mejor conocen esta ciudad. Me puede hacer un diagnóstico de cómo se encuentra.

—Estamos en un momento muy dramático, por lo que es prematuro realizar un diagnóstico exacto. El Covid nos ha afectado en todo no solo económicamente, sino también socialmente. Hemos tenido que parar un montón de cosas por culpa de la pandemia. No sabemos desde qué punto comenzaremos una vez pase esto. Ahora lo importante es buscar un tratamiento para cuando salgamos de la enfermedad.

¿Qué le puede decir al empresario de Linares?

—No lo sé porque lo de la adaptación al cambio lo hemos dicho tantas veces que cualquier empresario debe saberlo. Tanto es así que la pandemia les ha obligado a asumir nuevos retos que ni ellos imaginaban. A la fuerza las empresas se tienen que adaptar y están obligadas a reinventarse para no quedarse atrás. En este punto son fundamentales la digitalización y las nuevas tecnologías. Esa es la realidad, son lentejas. Una vez que asumamos esto, la gente lo verá todo desde otra perspectiva. El cambio de mentalidad es muy importante y le pediría que no se conformen. Siempre se puede mejorar.

Fotos: Javier Esturillo

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