Hacer lo correcto

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«¿Por qué no puedo creer que esto me baste solo porque tiene que ser así?

Y no puedo fingir que no siento lo que siento solo porque mañana se acabe»

-Robert Kincaid en ‘Los puentes de Madison’. 

Qué maravilla, oigan. Teníamos la solución a todos los problemas ahí, al alcance de la mano: nuestra felicidad depende únicamente de nosotros.

En hacer lo correcto todo son ventajas; si desean comprobarlo pueden googlear y verán cientos de frases no por casualidad copiadas en comic sans sobre campos floridos místicamente desenfocados: hacer lo correcto unge a uno de integridad, sobre todo cuando nadie está mirando, cuidado porque hacerlo con público ya es trampa. «Siempre es el momento apropiado para hacer lo correcto», quien dijo esto debió de quedarse a gusto. «Siempre es el momento correcto para hacer lo apropiado», que hubieran añadido los hermanos Hernández y Fernández.

Sigo bajando por Google y atribuyen el axioma a Martin Luther King, me asalta un sentimiento de culpabilidad y agacho la cabeza ante la mirada reprobatoria del espíritu referente moral. Veo que más adelante se lo atribuyen a Mandela, de Internet hablaremos otro día.

Volvamos a esa palabra, Moral. Mentir, mentir no es correcto, ¿estamos o no todos de acuerdo? Bien, si me preguntan diré a esos nazis que escondo a una familia judía en mi granero, sí. Siempre es el momento apropiado para hacer lo correcto y hay momentos en que resulta difícil pero hacerlo nos permitirá pasear la conciencia por un campo florido desenfocado.

Teniendo entonces claro que hay que hacer lo correcto, ¿cómo identificamos qué lo es y qué no? Los Diez Mandamientos ya nos dicen lo que no tenemos que hacer (entre otras cosas, mentir) y siempre surge algún familiar, amigo o allegado que se presta a iluminarnos con su luz infalible, indicándonos la senda única del camino de lo correcto.

Si a pesar de todo lo anterior necesitamos despejar alguna duda, existen auténticos métodos del cómo hacer lo correcto for dummies, que se resumen en Primo: tomar distancia para analizar la situación de manera racional, Secundo: prever las consecuencias posibles de nuestra decisión y Tertio: tener en cuenta a todas las demás personas que podrían verse afectadas. Dicho en román paladino, prohibido hacer nada por impulso o capricho.

Total que, como hacer lo correcto nunca puede ser un acto espontáneo, cualquier acto espontáneo es por definición incorrecto. Pues miren, la tautología está muy bien hasta que se convierte en perogrullada o se pervierte en falacia.

Hacer lo correcto, por ejemplo, elimina de la ecuación al heroísmo: el hombre no se lanzará al mar sin pensárselo dos veces para salvar al desconocido que se ahoga. Maravilloso.

Aquí todas llorando mientras Robert te sonreía bajo la lluvia, implorando a la pantalla desde donde no podías escucharnos “¡Abre la puerta, abre la puerta!” y resulta que no había dilema, lo mires por donde lo mires, hiciste lo correcto. Cómo se te queda el cuerpo, Francesca.

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