Felicidades, Bob

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Estaba en mi último año de instituto. Y, en mi casa, junto a un amigo, buscábamos, tras la mesa camilla, las cintas de Dylan. Encontramos la del disco “Desire”. Comenzó a sonar “Hurricane”. Nos besamos. Fue el primero de muchos. Teníamos ganas. Quizá fue por eso por lo que también con Bob Dylan, también con “Hurricane”, también con el mismo chico, dimos un paso más en el conocimiento del amor y del placer. De eso han pasado más de 30 años.

El otro día, Ángel Lobo celebraba el 80 cumpleaños de Dylan en el programa Saltamontes de Radio 3. ¡Cómo corre el tiempo! Pinchó “Hurricane” y, después, una versión de “Just like a woman”. A Martina, mi hija de 4 años, le gustó la primera. Estuvimos hablando un largo rato sobre la armónica y sobre la guitarra. Y le conté cuando, el 2008, el cantautor llegó a Jaén para promocionar el aceite de oliva. Uno de mis grandes sueños se cumplía: poder verlo en directo.

Acudí al concierto con mi novio del instituto, pero, esta vez, él besaba a su mujer. Yo, por mi parte, iba con mi pareja de entonces. Estábamos dispuestos a vivir un gran momento. Nos mirábamos y nos sonreíamos, no sé si evocamos tiempos pasados. Ya no lo recuerdo. Sin embargo, Dylan ya no era el mismo. Ni rastro de su armónica y, quizá, la guitarra se le olvidó en el camerino. Parecía lejano y ausente, perdido en el mar de olivos. No levantó la vista del teclado. Salí algo triste, la verdad. Lo mismo me ocurrió con Lou Reed en La Riviera (Madrid) a cuyo concierto, por cierto, volví a ir con aquel novio de la juventud.

Pero volviendo a Dylan, en ese concierto no se me erizó la piel, ni me ensancho el alma. Disfruté de verlo, pero ya no era lo mismo. Salí pensando que me quedaba con el cantautor de los discos y las cintas, no el que había visto sobre el escenario.

Sin entrar en su carácter polémico, sí que le debo mucho. Dylan me acompañó en el pasó a la edad adulta, en muchas tardes de lectura, en mis primeros acordes de guitarra, en tardes interminables de té y algo más. Por todo ello, le perdono la decepción de Jaén.

Es más, nadie en su sano juicio dudaría de su valía. Elevó las letras de las canciones a otro nivel. No eran simples estrofas con su estribillo. No voy a recorrer su discografía, ni sus grandes éxitos porque de sobra son conocidos, tampoco les voy a hablar del premio Nobel ni de su conversión religiosa. Ha tocado con grandes, pero para mí, su música forma parte de mi historia, de mi intimidad. Sé que no soy la única porque muchas generaciones de ayer y de hoy se siguen mirando en él. Por todo ello, muchas gracias. ¡Felicidades, Bob!

1 COMENTARIO

  1. Me ha encantado el artículo, yo también era fans pero no he tenido la suerte de tener ningún recuerdo con sus canciones como tú. ¡Enhorabuena por el artículo y tus vivencias!

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