«Me gustaría marcharme con el Linares en el fútbol profesional y Linarejos con otra imagen»

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El fútbol no tiene grandes secretos, no hay que tomárselo ni muy en serio ni muy en broma: su fin es entretener. Sin embargo, cuando la pasión y el sentido de pertenencia se desbordan hace que vaya hacia el extremo. En Linares, el equipo de fútbol es más que un club, como dicen del FC Barcelona. Lo sostienen las cifras de asistencia al estadio y lo que genera a la economía local, principalmente, a la hostelería, en partidos importantes.

Jesús Medina Marín es el presidente del Linares y sabe mejor que nadie lo que la entidad representa no solo para los aficionados, sino para la propia ciudad. Lo asume como tal y, por ello, desde hace unos años, se dedica en cuerpo y alma a mantener a flote la institución.

Ingeniero de Caminos y empresario, hasta su llegada a la Presidencia era un seguidor más, de los de pipas Juanito y piedra de Preferencia. Acaba de ser reelegido y este domingo vivirá una tarde especial ante el Yeclano (17 horas), pues supone el inicio del curso 21/22, pero en Segunda B, división que ha buscado con ahínco desde el descenso frente al Burgos.

A primera vista, Jesús Medina para un tipo serio y reservado, de los que le gusta hablar poco, pero conforme avanza la entrevista se va soltando hasta convertirse en una persona cercana y divertida. Lo citamos en el bar La Rosaleda, en la linarense Plaza de Santa Margarita, para hablar principalmente de su mayor ocupación: el Linares.

Este domingo comienza una nueva temporada y, además, estrena se recién reelegida presidencia. ¿Qué sensaciones tiene?

—Con muchas ganas de empezar una temporada atípica por el Covid debido a la incertidumbre de los partidos, pero con muchas ganas de estar en Segunda B, tras tres temporadas en Tercera División. Tienes el gusanillo de empezar después de una pretemporada larga.

¿Cuántas veces ha pensado en arrojar la toalla antes de llegar a este punto de su etapa como mandatario azulillo?

—Es cierto que algunas veces me lo he planteado, sobre todo cuando las cosas van mal. También son fruto de calentones, como me pasó en el partido en La Nucía, en el que deambulando por el césped lo pensé: «Lo dejo a partir de mañana». Luego duermes, reflexionas y decides continuar.

—¿Dolió más La Nucía que Burgos?

—Fueron escenarios diferentes. La eliminatoria contra el Burgos veníamos de perder estrepitosamente en San Fernando, cuando nos valía el empate. Aquel partido nos dolió tanto que ya el Burgos fue menos traumático. La Nucía era algo que teníamos prácticamente en las manos y lo perdimos en el último segundo. Las dos duelen, pero en La Nucía teníamos puestas muchas esperanzas.

¿Por qué llega Jesús Medina al fútbol?

—Siempre he ido al fútbol, tanto con amigos como con mis familiares, por ejemplo, con mi tío. Lo que ocurre es que empecé a trabajar, me marché a Ceuta, me casé y luego me fui a Córdoba. Los fines de semana los tenía más ocupado. Ya estando en Linares, donde tenía academias, era socio y hubo elecciones. Fue, en ese momento, cuando me lo planteé realmente. Sin embargo, vivía en Córdoba y después de hablarlo con mi mujer, que me dijo que estaba loco, lo dejé pasar.

Pero esa temporada empezaron los problemas, con procesos judiciales y una gestión que era claramente mejorable. A raíz de ahí, comencé a conformar un grupo de personas que tenían ganas de echar una mano al club. Luego se produjo la dimisión, formamos una junta directiva y entramos nosotros.

Hay quién dice que ser presidente, por ejemplo, del Real Madrid es más que ser presidente del Gobierno. ¿Ocurre lo mismo con el Linares? ¿Es más que ser alcalde?

—Son dos figuras totalmente diferentes. Es cierto que el fútbol es pasional, pero la figura del alcalde fundamental y la más importante de esta ciudad. Con Raúl Caro, tengo continuas conversaciones, en las que le muestro mi apoyo y mi ánimo porque es el peor momento de la historia esta ciudad y necesita el respaldo de todo el mundo. Tiene mucho trabajo por delante y, en estos momentos, es la persona más importa de esta ciudad.

¿Recuerda su primer partido en Linarejos?

—Tengo recuerdos de pequeño, pero no le puedo asegurar cuál fue el primer partido. Me acuerdo de que estaba Carles (padre) y de que jugaba con las latas en el pasillo de Preferencia. También recuerdo que mi padre me hablaba mucho del encuentro ante el Pegaso, que le lanzaron una piedra a mi madre que casi la matan, y de equipos emblemáticos de esa época. Son recuerdos de antaño muy bonitos.

Lo qué está claro es que por sus venas corre sangre azul.

—Sí, porque, aunque haya estado fuera por motivos de estudios o laborales, siempre he mantenido el apago a los colores. De hecho, cuando era universitario venía a los partidos de casa e iba con mi tío, que fue delegado y directivo, y con Agustín de Molina, que fue muchos años médico del club. Mi padre iba a muchos desplazamientos y me contaba cosas. Por lo tanto, es un sentimiento que se transmite de padres a hijos

Ha pasado el tiempo, pero lo que apenas ha cambiado ha sido el campo.

—El campo está igual, salvo el cambio del césped y la colocación de los asientos de plástico. Aparte de eso, no se le ha hecho nada. Tanto es así que cuando vienen exjugadores con otros equipos, me dicen que está igual, como me pasó con Manuel Garrido, antiguo delantero del Córdoba que vino en representación del club y me dijo que el estadio estaba exactamente igual que cuando él marcaba goles en una de las porterías. También me pasó lo mismo con un exfutbolista que vino con el Tenerife.

Es una pena que Linarejos presente un aspecto que no corresponde con la historia del club ni con la ciudad.

—No es culpa de unos ni de otros, porque han pasado varias corporaciones. Linarejos tiene más de 60 años y no se le ha hecho nada. Es preocupante su estado a nivel estructural, porque no cumple ninguna normativa del código técnico de edificación para estadios, ni a nivel estructural ni de accesos. Es una pena que pasen los años y no se le haga nada, ni siquiera retoques.

Linarejos necesita muchísimas cosas porque es fundamental para el club, que, al final, crece con su estadio. No en vano, se pueden organizar multitud de eventos y el tema de público, por ejemplo, en la Copa del Rey, en la que puede entrar muchísima gente. Nosotros no podemos hacer nada y nos duele.

En Segunda B hay clubes en los que entran grupos inversores y lo primero que hacen es adecentar el estadio porque es algo prioritario. Ha ocurrido en Talavera o en Badajoz, cuyo estadio no se parece en nada al de hace dos años, sin invertir demasiado. Desde todos los puntos de vista, Linarejos necesita una remodelación, pero pasan los meses y los años y no se hace nada.

¿Le gustaría pasar a la historia como el presidente que logró remodelar Linarejos?

—Sería algo positivo. No porque mi nombre perdure en la historia, sino porque Linarejos esté mejor de lo que está. Dentro de los objetivos que nos hemos marcado para este nuevo mandato, se encuentran consolidar al equipo en la categoría, luego intentar estar más cerca del fútbol profesional y, por supuesto, como prioritario la remodelación del estadio porque no puede seguir así ni un minuto más.

Cada vez que nos visita alguien, nos da vergüenza enseñarlo. Y más aún cuando piensas la responsabilidad que tienes si pasa algo. Si nos ciñésemos a este último aspecto, el estadio no se puede abrir al público.

¿Cómo va la negociación del nuevo convenio de cesión con el Ayuntamiento?

—Estamos trabajando en ello porque el último convenio data de 2011 y se ha quedado anticuado hasta el punto de que habla del anexo como campo de tierra. Además, es muy confuso. En una de las múltiples reuniones que hemos tenido con el Ayuntamiento, ya hemos dejado clara nuestra intención de cambiar el actual convenio por otro con vistas a los próximos 25 años. La idea es potenciar ese estadio. Esperemos de que antes de que acabe el año se cierre y se apruebe el pleno.

¿Por qué hay tanto recelo a la transformación del club en Sociedad Anónima Deportiva (SAD)?

—Principalmente por desinformación. Siempre pasa, desde que somos pequeños, que cuando no conoces una cosa le tienes miedo. Recuerdo que cuando pasé de tercero a cuarto de la EGB, le decía a mi madre que no sería capaz de sacar el curso adelante, y ella me decía que al final sacaría buenas notas. Al final, todo es el miedo a lo desconocido.

Creo que existe mucha desinformación con respecto a la SAD, y nos pasó en la asamblea en la que se abordó el tema, en la que muchos socios nos hablaban de clubes que habían desaparecido al convertirse en SAD. Sin embargo, olvidan de que ha habido más de un caso de clubes desaparecidos como entidades deportivas. Lo importante es la gestión y la SAD tiene muchísimas posibilidades. Sin ir más lejos, este año ya he dicho que nos vamos a endeudar y cuando eres un club deportivo sin activo alguno de por medio, es imposible que una entidad financiera te dé un préstamo y es algo que necesitamos esta temporada de forma explícita.

Mi opinión personal, y la he dicho por activa y por pasiva, es que el club se debe convertir en SAD. No es nada negativo. No sé si la gente recuerda que el Linares desapareció siendo club deportivo. Si hubiera sido SAD se podría haber acogido a un préstamo y pagar la deuda que mantenía con la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles).

Nuestro modelo se rige por la asamblea de socios y estos en una inmensa mayoría dijeron que no, aunque sea necesario para desarrollarse y seguir creciendo.

También existen recelos con la empresa que ha montado con el director deportivo, Miguel Linares, y su relación con el club. Suena a que no es compatible. ¿Qué nos puede decir?

—No es incompatible. Todo arranca en marzo de 2019, cuando la persona que estaba dedicada en exclusiva al club cambia de trabajo. Estaba en Córdoba, me acababa de operar el hombro y decido venirme para Linares. Hablo con la junta directiva y tomamos la decisión de que me quede como gerente o director general, porque todos pensaron que era la persona más apropiada para el puesto, después de varios años dedicándome a la entidad prácticamente todo el día. Hay gente a le chirrió aquello, pero como presidente no percibo nada, tal y como recogen los estatutos. Mi sueldo venía como director general.

El cambio se produce cuando dos trabajadores que percibían sus salarios a través del Linares lo harán ahora por Momento Team, la empresa de gestión deportiva que hemos fundado Miguel Linares y yo. Al final, en vez de venir como una nómina con seguros sociales, viene como una factura de servicios externos. Además, en mi caso finalizaba contrato como director general y tenía derecho a una indemnización, como cualquier otro trabajador, pero consideré oportuno condenarla al club.

¿Cuántas horas le dedica al Linares al día?

—Demasiadas. Es algo que te absorbe. Cuando entré, recuerdo la conversación que tuve con el exvicepresidente Javier Gómez, quien me dijo solo se quedaba con dos momentos positivos, uno de ellos el ascenso a Castellón, el resto eran negativos. Tengo que coordinar todos los departamentos y eso son muchas horas. Al final, como es lógico, te afecta a la vida personal, estas menos tiempo con la familia, con tus hijos y tienes problemas con la pareja.

¿Qué lleva peor la rumorología que siempre hay en torno al club o las críticas?

—Bueno es lo que lleva el cargo. Hay momentos en los que te calientas por un conflicto. Es, por ejemplo, lo que me pasó el día del Torreperogil, en el que íbamos ganando tres a cero al descanso. Luego, sobre el minuto 60 se fue la luz, me acerqué con mis compañeros al cuadro eléctrico y recibí insultos en un partido que vas ganando con holgura y encima vas primero con muchos puntos de ventaja sobre el segundo, pues no lo entendí. Me calenté y puse un tuit. Es cierto que son cosas puntuales. Hemos recibido crítica e incluso amenazas en diferentes momentos, y me costaba abrir las redes sociales porque sabía que iba a recibir insultos. Es mi quinto año como presidente y la verdad es que cada vez me afecta menos. Muchas de esas críticas vienen, además, por desconocimiento.

Me han dicho es un presidente impulso en el palco.

—Tanto en Tercera como en Segunda B, he guardado las formas. Pocas veces he saltado o he mostrado mis sentimientos, salvo el día del partido de vuelta ante el Moralo que sí que es cierto que, al estar solos en el palco, celebré con mucha euforia el segundo gol de Chendo. Me controlo porque es algo que se debe hacer, sobre todo cuando tu rival no logra sus objetivos; se sufre mucho. Obviamente empatizo con el que está a mi lado.

Dicen que un presidente del Linares hace muchos años se fue a Jaén y puso en letras grandes: Fútbol profesional a 50 kilómetros. No lo veo yo haciendo esas cosas.

—(sonríe) No, no. La rivalidad entre los dos clubes existe, pero no podemos olvidar de que nosotros hemos pasado por momentos muy malos, como la desaparición, y un grupo de hinchas del Real Jaén nos devolvió la moneda. Estaba fuera de contexto porque cuando un club desaparece se siente mucho dolor. No hay que hacer leña del árbol caído. El Real Jaén no está pasando por su mejor momento. Creo que nunca en la historia ha estado tantos años en Tercera División. Atraviesa momentos duros desde todos los puntos de vista.

Conozco a su presidente, Andrés Rodríguez, y sé que trabaja mucho por el club, y lo está pasando mal. Por eso, desde el Linares, mostramos nuestro máximo respeto.

Ese respeto ha existido en la negociación con la Diputación. ¿Se ha tratado a los dos clubes con el mismo rasero?

—Nosotros hemos intentado optimizar al máximo la cantidad, siendo conscientes de que se trata de una Administración pública. Nosotros queremos que se trate a todos los clubes de la misma manera. En este sentido, hay mucha rumorología en torno a las cantidades que la Diputación le daba al Real Jaén. Lo único que sabemos al respecto es el año del descenso a Segunda B y Paco Reyes -presidente de la Diputación- me ha dicho por activa y por pasiva que el trato siempre ha sido el mismo para todos. Ellos marcan su estrategia de patrocinio, y si consideran que la trasera de la camiseta como patrocinador global el máximo que pueden dar es esa cantidad (33.000 euros), lo respeto, aunque, obviamente, me hubiera gustado que hubiera sido más, porque cuanto más apoyo tengamos de las administraciones más lejos llegaremos.

¿Qué tanto por ciento tiene el fútbol de política?

—En divisiones tan bajas no tiene tanto de política, si bien nadie oculta que hay siempre algo de política. Sin ir más lejos, lo hemos vivido estas últimas semanas con el tema del patrocinio de la Diputación o con las subvenciones que nos da el Ayuntamiento. Trato de no meterme en esos terrenos. Mi función es defender los intereses del club tanto en el patrocinio como en la remodelación del estadio.

¿Qué jugador es el que más le ha gustado o le ha llamado la atención con la elástica azulilla?

—(Resopla y piensa unos segundos) Me encantaba Roa -solo estuvo la temporada 00/01- y otros muchos, como Chico, López Murga, Quero, Cristóbal, Carles padre e hijo, a quien recordaremos pasen los años que pasen.

¿Y de entrenadores?

—Quizá Miguel Rivera por toda su trayectoria en el club. Es un entrenador diferente, a la vez que muy exigente.

¿Cómo le gustaría pasar a la historia?

—Mi deseo en estos cuatro años es dejar al Linares en la Primera REF (división de nueva creación, intermedia entre Segunda B y Segunda) y, por supuesto, la remodelación de Linarejos. Este será mi último mandato. Creo que ocho años son más que suficientes, tanto en política como en cualquier otro ámbito presidencial. Si dejo al Linares en el fútbol profesional y Linarejos con otra cara, sería un éxito.

¿Con usted el Linares no va a desaparecer?

—No depende solo de una persona. El trabajo compete a un equipo y las desapariciones están en el fútbol. Obviamente nuestro trabajo es lograr los objetivos para que no suceda.

Fotos y vídeos: José Antonio Díaz Martínez

Edición de vídeo: TVeo Comarca

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