El tiempo se detuvo una vez más a las cuatro de la mañana con la Bendición del Nazareno

Y si llegó la hora, es la Madrugá, ese espacio de tiempo en el que todo se transforma y se torna en Bendición. Este año a diferencia de otros, acompañaba a la Madre del Mayor Dolor que salía desde su Casa de Hermandad para encontrarse con su Hijo y con los miles de linarenses que le esperaban en la Plaza de San Francisco. Su manto volaba entre las calles del casco antiguo iluminado por los candelabros y candelería del paso, al tiempo que los varales del palio iban cantando una nana a la Reina, como si quisieran consolarla en su Mayor Dolor acompasado todo con los sones de Alfredo Martos que la dejaban al unísono de sus costaleros en el mismo dintel del Convento Franciscano con la marcha por excelencia, La Madrugá.

En cada llamada de su capataz, en cada levantá, en cada mecida o chicotá se dejaba notar en el aire un sentimiento especial, teniendo como testigo inigualable a San Juan, que poco antes las costaleras, esas almas y corazones inquietos de Fe y devoción, dejaban al Evangelista listo para recibir como uno más de los que allí estábamos, la tan deseada y esperada Bendición de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Y si llegó la hora, golpe fuerte y firme a la puerta, voz ronca de «abrid al Nazareno» y el paso poco a poco hace que el Señor de Linares, se encuentre de nuevo con su pueblo. Toque de trompeteros y Oración de su Banda de Cabecera y todas las miradas sin quererlo hacia su Bendita Mano, «ahí está mira ya esta dando la bendición» y es imposible contener una lágrima, el corazón palpita como nunca, «viva el Nazareno».

Y así todo comienza de nuevo, cada Madrugá es distinta, diferente, especial y más este año tras dos sin poder verlo. Al golpe de llamador el Nazareno de Linares comienza a andar por nuestras calles, calles por las que antes incluso no había pasado y que ahora en el amanecer deja su huella imborrable, calle Raphael o Navas de Tolosa, eso si, dejándose rezar en forma de Saeta en calle Espartero, lugar donde se entremezclan los sentimientos desgarrados de esas voces saeteras.

Pero aún queda una cita más con El, en la Plaza del Ayuntamiento, esta vez con los rayos del sol que dan vida, Nuestro Padre volverá a impartir su Bendición y de nuevo con rachear lento acompasado con los sones de María Inmaculada, la «Niña», la Madre, Reina y Amiga, la que nuca falla, la que siempre cobija, María Santísima del Mayor Dolor ve como todo un pueblo arropa a su Hijo como queriendo llevar el peso de Cruz.

Son tantos los momentos, los instantes que quedan en la memoria que llenan una vez más las páginas en blanco de la historia de la Madrugá, escribiendo en mayúsculas San Juan, costaleros, banda de cabecera, trompeteros, Padre Nuestro, Ave María, Rosario, María Inmaculada, «penitentes», MAYOR DOLOR EN LA MADRUGÁ DEL NAZARENO.

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