«El patrimonio no debería tener ideología, pero los políticos lo utilizan a su antojo»

Noelia Flores Sánchez nació en Linares el año en el que Barcelona celebraba los mejores Juegos Olímpicos de la Historia. Su mirada es profunda y siente una especial fascinación por el pasado, por sus orígenes.

Mujer reflexiva, con carácter y de verbo fácil, es una aventurera del patrimonio y la cultura, a las que dedica buena parte de su tiempo, no solo como historiadora del arte, sino porque lo siente realmente. Demuestra tener un discurso coherente y comprometido cuando habla de lo que sabe, y se muestra escurridiza si desconoce la materia.

Conversamos con Noelia Flores sobre su forma de construir ese camino en el que ella ha aprendido a rodearse de las personas adecuadas. También hablamos de la importancia de escuchar consejos y saber cuándo ignorarlos y de defender la diferencia como virtud, siempre sin perder la órbita de la tierra.

Habla como actúa: con pasión y claridad, sin medias palabras, sin la menor afectación. Culpa a la clase política de no poner todo el interés que debería en la conservación de nuestro patrimonio, aunque no sea tan bello como sagrada capilla de El Salvador de Úbeda, donde, en la actualidad, trabaja de guía turística. Pero, al mismo tiempo, responsabiliza a los linarenses de no cuidarlo como merece. Noelia Flores encuentra la estabilidad pensando con el corazón.

¿Linares tiene patrimonio?

—Muchísimo, sobre todo relacionado con su pasado industrial, pero también tiene patrimonio anterior, en menor medida, como renacentista, gótico… Quedan pocos restos y los encontramos en el casco antiguo en el Palacio de Zambrana, la Casa del Torreón, la iglesia de Santa María o El Pósito, entre otros sitios. Como le digo, tenemos mucho patrimonio, aunque en el que más destaca es el vinculado a la revolución industrial y a la minería.

Por tanto, va más allá de Cástulo.

—Por supuesto.

Es curioso, sin embargo, lo poco que hay catalogado o protegido.

—En mi opinión es por puro desinterés y falta de conocimiento. Creo sinceramente que no hemos tenido un Gobierno municipal a la altura del patrimonio de esta ciudad. Los pocos concejales de Cultura que he conocido no han controlado demasiado sobre las necesidades reales del patrimonio de Linares.

Para usted, como especialista en la materia, será duro pasear por el casco antiguo y ver el estado de algunos edificios.

—Imagínese. Hay inmuebles privados que amenazan ruina en los que podría intervenir el Ayuntamiento de oficio, hablando con sus propietarios y llegando a un acuerdo. Entiendo, del mismo modo, que no resulta fácil y que los dueños de esos edificios a lo mejor no disponen de recursos económicos para su restauración y conservación. Por eso, es tan necesario llegar a acuerdos.

Además, si el edificio no tiene la catalogación de BIC (Bien de Interés Cultural), es aún más complicado. En caso contrario, los propietarios estarían obligados a realizar unos trabajos mínimos de conservación.

¿Qué sintió cuando tiraron el edificio Peñalver en la Plaza de San Francisco?

—Me pilló de sorpresa porque no sabía absolutamente nada de ese proyecto, algo, por otro lado, muy habitual en Linares, donde las intervenciones relacionadas con el patrimonio se suelen llevar muy en secreto. Y es lo que me pasó en este caso.

Me causó, como le he dicho, sorpresa porque se trataba de un edificio histórico, aunque luego leí en la prensa que no tenía valor patrimonial alguno de alguien que, a buen seguro, no era historiador. Lo cierto es que fastidió bastante porque estaba tan avanzado el proyecto que no se pudo hacer nada para evitar que fuera tirado. Hubo un compañero de profesión, José Antonio Mesa Beltrán, que trató de frenar aquello, pero no fue posible.

El argumento de que no estaba protegido ni catalogado, no me vale porque en el momento que un inmueble revela algún tipo de interés histórico, como era este caso, deber ser protegido o utilizar los mecanismos para ello.

Le pongo el ejemplo del tranvía de la Estación de Madrid. No está catalogado. Sin embargo, tiene un valor histórico para la ciudad y esto ya lo hace susceptible de ser protegido. Las administraciones públicas tienen la obligación de cuidar nuestro patrimonio.

¿El patrimonio tiene ideología?

—No debe tenerla, pero, lamentablemente, los políticos juegan con el patrimonio dentro de su ideología. Hablamos de bienes que forman parte de la vida y la historia de toda una sociedad, independientemente del color político de quien gobierne en una Administración. Por desgracia no es así y se utiliza de mala manera.

Este tema suele levantar bastante polvareda en las redes sociales. Sin embargo, luego no se ve reflejado en un verdadero movimiento ciudadano. ¿Qué visión de la falta de colectivos que defiendan realmente el patrimonio?

—Es un problema que no pasa solo aquí, sino en cualquier otro lugar. Es muy raro que la gente se una para defender el patrimonio de su ciudad o de su pueblo. Por desgracia no lo tenemos insertado en nuestra educación.

Desde que somos pequeños, no se nos inculcan unos valores patrimoniales, no se nos enseña la historia del lugar en el que hemos nacido o vivimos. Bien es cierto que en algunos colegios comienzan a preocuparse por ello, aunque no sea mi caso y el de muchos jóvenes linarenses que desconocen su pasado y saben de Cástulo de oídas. Es un problema generacional.

Te tiene que interesar mucho para ponerte a bucear en la historia, porque no existe una concienciación real ni colectiva por el patrimonio. Las administraciones públicas que son los encargados de velar por su conservación y promoción tampoco ayudan demasiado, por lo que la población pasa del tema.

No cree que existe una contradicción en nuestra clase política. Por un lado, defienden la importancia del patrimonio como motor turístico y, por lo tanto, económico, pero, luego, hacen poco por invertir en él.

—Así es, porque en España uno de los principales motores económicos es el turismo. En Linares también son consciente de ello y, por eso, tratan de sacarle el máximo rendimiento dada la situación tan grave que sufre la ciudad. Pero es como la pescadilla que se muerde la cola: no puedes vender patrimonio, por un lado, y no protegerlo y conservarlo, por el otro. Si no cuidas de aquello de lo que quieres que tu ciudad viva, nos esperes que evolucione.

Úbeda y Baeza, en este aspecto, nos pegan mil patadas. Sus ayuntamientos miman como nadie su patrimonio porque saben lo importante que es para ambas ciudades. También nos ganan por goleada en concienciación ciudadanía. He tenido la oportunidad de tratar a los concejales de estos pueblos y se preocupan mucho por la valoración que sus vecinos y visitantes tienen del patrimonio. Aquí, eso, en cambio, no pasa. Ahora, quizá vea algo de interés, pero no es suficiente.

El problema es que hay concejales en Linares que no acaban de ver el atractivo del patrimonio industrial. Se fijan más en si es bonito o no. Por eso, no se termina de valorar como realmente merece. Por tal motivo, los primeros que se deben concienciar son nuestros políticos, como ocurre en Úbeda y Baeza. A partir de ese momento, el siguiente paso sería promover las herramientas necesarias para custodiar ese pasado industrial, de la misma manera que se hace con el Renacimiento, aunque este sea más atractivo ante los ojos de la gente.

¿Cómo se cambia esta tendencia?

—Poniéndole más interés. Le vuelvo hablar del tranvía. Conseguimos que no saliera de la Estación de Madrid para acabar en una rotonda, pero, después de aquello, no se ha hecho nada más. En teoría, se iba a buscar la manera de mejorar su conservación e insisto no se ha hecho nada. Se lo digo de primera mano porque sigo en contacto con Izquierda Unida para elaborar algún plan y así me lo transmiten. De hecho, la comisión en la que debía debatir sobre distintas alternativas para el tranvía se canceló. A día de hoy, no tengo más noticias.

Sinceramente, no sé a lo que juegan o lo que piensan para retrasar tanto las cuestiones de patrimonio, pero, lamentablemente, siempre ocurre. Para los políticos, es un tema menor, aunque luego se utilice para hacer campaña.

Quizá falten más técnicos o asesores en determinados departamentos que sepan de qué va el tema.

—Esto depende. Sé que antes había técnicos que elaboraban informes sobre patrimonio, y, seguramente, los haya ahora también, lo que ocurre que la realidad nos dice que, al final, los políticos hacen lo que les da la gana.

Del mismo modo le digo que toda la culpa del estado del patrimonio no es de la clase política. Algo de responsabilidad tenemos los ciudadanos, ¿no cree?

—Claro está. Como hemos hablado en una anterior pregunta, no existe concienciación ciudadana. No es un problema de ahora, sino que ha pasado siempre. Cástulo, por ejemplo, se lleva expoliando desde tiempos inmemoriales. A partir del siglo XIX, comenzó a promoverse algo la concienciación patrimonial y se empezó a proteger los bienes por gente que se preocupaba por ello. Pero, hasta ese momento, no se le daba la más mínima importancia. Ha faltado, por lo tanto, mucha educación y concienciación.

No obstante, antes, si la gente se llevaba a sus casas piedras o monedas, quizá era simplemente por desconocimiento. En cierto modo, se podía entender, pero, en nuestro tiempo, no debe pasar porque disponemos de mucha información a través de los medios de comunicación o de la gente que escribe sobre ello. A golpe de click, podemos conocer todo nuestro patrimonio. Creo que es puro desinterés, a pesar de que estemos en la era en la que más información tenemos a nuestro alcance. Llega un momento en que obviamos por completo lo que nos llega.

¿Qué es ‘El Aprendiz’?

—Es una asociación cultural que nació hace dos años. Al principio surgió como grupo teatral para representar una obra en las Jornadas Vicente del Moral que escribí y que se llama ‘Por todos los dioses’. Empezamos con los ensayos y el 18 de enero estrenamos en el Cervantes. Salió genial y nos vinimos arriba, así que pensamos en organizar visitas guiadas y promover iniciativas de concienciación patrimonial. Para ello, necesitábamos convertirnos en asociación y tener personalidad jurídica. Fue entonces cuando decidimos presentar toda la documentación. Lo que ocurrió, después, es que llegó el Estado de Alarma por la pandemia y se paralizó todo hasta el verano del pasado año que nos confirmaron que todo estaba en regla.

A partir de ese momento, comenzamos a realizar las visitas teatralizadas por el casco antiguo porque considerábamos que era un lugar que no estaba explotado lo suficiente. Tanto es así que una zona prácticamente desconocida, a pesar de que los orígenes de Linares se encuentren allí. Sobre esta ciudad hay muchísimo escrito, pero no de todo te puedes fiar. Cuando te pones a leer y a analizar lo que se escribe, te llevas las manos a la cabeza con ciertas afirmaciones a nivel artístico o de catalogación estética. Hay algunos patizanos gordos.

¿Cómo cuál?

—El más gordo que tengo reciente es leer que el Hospital de los Marqueses es un edificio ecléctico, cuando se trata de un inmueble historicista. No quiero parecer ‘esnob’ en este asunto, pero hablar de una disciplina que no conoces en profundidad o no te dejas aconsejar por alguien, pues pasan estas cosas y meter la pata. Nos puede pasar a cualquiera cuando te metes en algo que no conoces realmente. Es necesario distinguir ambos estilos antes de catalogar el hospital como ecléctico porque conduce al error y produce cierto dolor en el corazón, como linarense que soy.

Linares es un lugar cargado de talento. No conozco otro sitio con tanta gente joven preparada y formada por metro cuadrado. Sin embargo, les veo poco reivindicativos. ¿Por qué?

—Por muchas razones. La principal es la falta de trabajo, lo que lleva a muchísima gente a marcharse a otros sitios en busca de un futuro mejor. También existe cierta incomunicación entre los jóvenes, aunque nos conozcamos y nos veamos por las redes sociales. Otro de los motivos es que faltan foros o espacios en los que debatir.

También le digo que, antes de aparecer la pandemia, en esta ciudad había un movimiento cultural muy importante y potente entre los jóvenes. Los grupos de teatro y los músicos hicieron una gran esfuerzo para que se les valorase y se reconociera su trabajo que, en cierta forma, se ha conseguido. El coronavirus lo cortó todo de raíz y ahora cuesta mucho volver a ponerlo en marcha, porque estamos todos muy dispersos. Lo bueno es que esa unión que se produjo antes de la pandemia sigue viva y seguimos hablando, pero no sabemos cómo actuar dada la situación en la que nos encontramos.

¿Su futuro está aquí, en su ciudad?

(Suspira profundamente) No lo sé, la verdad. Es cierto que me están saliendo cosillas por Linares y pueblos del entorno, como en Úbeda. Espero que, a partir de septiembre, se materialicen algunos proyectos en los que estoy trabajando, pero, como le he dicho, no sé qué pasará en el futuro. Aquí, nacemos y crecemos, lo que no tenemos claro es si viviremos aquí. Somos un poco la generación engañada, a los que nos dijeron que estudiáramos para tener un trabajo y ahora te das cuenta de que no es tan sencillo y, mucho menos, en Linares, donde no sabes cuándo será tu momento.

Fotos: Pedro Jesus Ibáñez/Visualy Linares

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