«El espectador es el que da vida a los títeres con su imaginación»

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La Cultura -en mayúscula- forma parte de su vida desde que vino al mundo en 1967. Francisco de Paula Sánchez Rosales tuvo un espejo en el que mirarse: Juan Sánchez Caballero, último cronista oficial de Linares y una de las personas más queridas y respetadas de la ciudad. De su progenitor heredó la capacidad de trabajo y, sobre todo, el amor por los libros, la música y la búsqueda del conocimiento constante.

En 2010 fundó, junto con la canadiense Julie Vachon, la compañía Claroscuro con la que regresa al Teatro Cervantes para poner en escena, los días 6 y 7 de noviembre, ‘La increíble historia de Juan Latino’. Una zarzuela pasticcio barroca acerca de uno de los personajes más fascinantes del siglo XVI: un esclavo negro que alcanzó el respeto y la fama gracias a su talento y a un amo que supo ver en él a un hermano.

Pero ante todo es una fiesta de música y teatro, una invitación a la tolerancia y al respeto, una evocación del mestizaje sonoro y visual de la España de los Siglos de Oro. «El público se lo pasará en grande», asegura un ilusionadísimo Francisco de Paula.

Francisco de Paula Sánchez y Julie Vachon, fundadores y directores de la compañía de títeres Claroscuro.

¿Qué tienen los títeres que seducen tanto al público infantil?

—Hay varias razones, pero creo que la principal es que los títeres dejan mucho espacio a la imaginación del espectador que es quien decide darle vida. El titiritero pone la técnica, pero quien olvida durante una hora que es un ser inanimado es el espectador… y para los niños, la imaginación es su materia diaria de existencia.

¿Los mayores somos menos vulnerables a la fantasía?

—Menos, sin duda. Alguien dijo que un adulto es un niño que ha perdido la curiosidad, pero queda algo personal y social en la memoria de los adultos y les hace emocionarse más incluso que a los niños.

¿Es posible alcanzar la belleza a través del arte o esta depende de los sentidos

—Te contesto con una frase del rockero y dramaturgo Stew: «La vida es un error que solo el Arte puede corregir».

¿Qué es Claroscuro?

—Una compañía de teatro que intenta unir en sus creaciones las artes plásticas, las musicales y las teatrales como ha unido dos sensibilidades, dos tradiciones, dos culturas: la canadiense-quebecoise, de mi esposa, y la española-andaluza, mía.

Sus espectáculos destacan por su puesta en escena. Van más allá de los títeres. Juegan con las máscaras, la luz y la música en vivo para dar forma a sus historias. ¿Es una evolución, la manera de diferenciarse o lo que mejor se adapta a los textos?

—En arte algunas cosas evolucionan espontáneamente y otras de una manera muy meditada, pero no hacemos nada para diferenciarnos. Todos esos elementos que cita se retroalimentan… a veces es el texto el que cambia en función de los medios (¡y de la economía!).

¿En qué se diferencia Claroscuro de otras compañías?

—Cada compañía tiene su sello. a veces son sutilezas, otras son más obvias. Hay cuestiones de pura concepción filosófica. Por ejemplo, tenemos la necesidad de introducir elementos dramatúrgicos que el niño no comprende en absoluto junto a otros que sí. Los primeros pueden emocionar a los adultos… se pueden hacer obras para una franja de edad amplia.

¿Cree que se valora realmente la cultura en nuestro país, cuando fue clave durante la cuarentena?

—El sector cultural genera 700.000 puestos de trabajos directos (no digamos indirectos). Por desgracia, no está regulado en España ni laboral ni fiscalmente, cosa que sí ocurre hasta en el más modesto país de la Unión Europea. Y no porque la cultura sea maravillosa, sino porque es peculiar en su naturaleza económica.

Ahora la pandemia ha destrozado este sector que, como bien indica, ha sido fundamental para soportar la angustia del confinamiento, de las muertes y de la incertidumbre. La cultura nos ha salvado porque es el constructo que ha tejido la humanidad y ha creado los lazos invisibles entre el animal y su consciencia.

¿Qué podrá ver el público linarense en ‘La increíble historia de Juan Latino?

—Verá una obra de teatro para niños y adultos, con títeres, máscaras y música barroca en directo acerca de la historia real de un esclavo negro, Juan Latino, en la España del siglo XVI quien junto a su amo, Gonzalo de Córdoba y Sessa, rompieron las barreras artificiales que la sociedad había levantado entre ellos. Ambos nos miran desde el pasado para darnos una lección de tolerancia, respeto y libertad. Es una historia descomunal…

Lástima que el Covid reste afluencia…

—Ahora mismo la seguridad es lo primero. Es una pena que ya que por fin vengo a mi tierra no pueda ver el teatro abarrotado…

¿Se siente valorado por fin en su tierra?

—Sí, por fin. No tenía lógica que una compañía con nuestro currículum no viniera a la casa de uno de sus directores. En diciembre ya estuvimos con una obra pequeña, «Donde van los cuentos» y fue un gran éxito. Fui muy feliz.

¿Cómo ve el panorama con la pandemia?

—Desastroso. La mayoría de las compañías no han facturado suficiente ni para pagar los gastos de la actividad. Mucho menos los gastos comunes de cualquier persona y menos aún beneficios. La mayoría estamos viviendo de los ahorros, pero en este gremio los ahorros son pocos. Se prevé un par de años de desaparición de mucho tejido cultural…

¿Por dónde pasa el futuro de Claroscuro?

—En el corto plazo actuar en Linares, Úbeda, el Circuito de Abecedaria y volver en enero al Teatro de la Zarzuela con 18 representaciones. En el medio plazo estamos trabajando en un proyecto nuevo para 2022 e intentando recuperar nuestro primer espectáculo, «Yo soy la Locura», ambos con dos grandes Teatros nacionales de gran prestigio. Pero ya veremos: está todo en el aire.

 

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