El día que se paró el mundo

¿Qué estaban haciendo ustedes el lunes pasado por la tarde? Yo me disponía a llevar a unos cuantos niños a un cumpleaños infantil. De repente, un sonido extraño salió de mi móvil. ¡Era un mensaje de texto! Qué raro. Una mamá me avisa de que el whatsapp no funcionaba. Tampoco Instagram ni Facebook.

El mundo “se paró” durante unas horas. Cientos de millones de usuarios se vieron afectados. La tragedia se palpaba. En Twitter se publicaron miles de mensajes con el “hashtag” #WhatsAppDown o #InstagramDown.

¿Lo notaron? ¿Echaron de menos asomarse a sus redes sociales? Me imagino el rostro nervioso de los influencers al no poder subir esa foto maravillosa o el enfado de los adolescentes al no poder conversar por Whatsapp. Tendrían que levantar la vista de su móvil y mirarse a los ojos, ¡qué osadía! ¿Qué tal si nos damos una vuelta o si jugamos? A falta de un teléfono para comunicarnos…

Seguro que también están aquellos que sacaron las cajas de los recuerdos, y los más atrevidos se animaron a hacer una llamada, la que sea. Qué bonito, ¿verdad?, como en los viejos tiempos. Yo estuve en el cumpleaños sin recibir los cien mensajes con las fotos de la celebración. Llegaron durante la noche. Y, la verdad, se vive bien sin tanto Whatsapp.

Nos hemos acostumbrado tanto a pasar el rato con teléfono en mano que, en muchas ocasiones, hemos dejado de lado lo importante. Hemos cambiado la cercanía sincera, la risa abierta y los abrazos por los emoticonos y stickers. Igual de reconfortantes.
El otro día me contaron un chiste:
– El otro día, como no funcionaba el teléfono, hablé con mi mujer.
-¿Y qué tal?
-Era simpática.
No digo más. Así nos va.

Los que ya pintamos canas, los que nacimos en los 60 y 70 y más atrás ya venimos con el colmillo retorcido en esa cuestión de los apagones. ¿Lo recuerdan? Nunca olvidaré los apagones de luz, y más por estas fechas, cuando mi madre encendía las mágicas «mariposas» en un cuenco de agua y aceite y los chiquillos nos arremolinábamos a su alrededor para contar historias de miedo. O cuando, en verano, había cortes de agua y lo resolvíamos todo con cubos y palanganas. Eran otros tiempos y éramos todoterreno. ¿O no?

Inma Espinilla
Inma Espinilla
Periodista

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