«El bombero es autoexigente y cada día pide más»

0
2430

Jesús Padilla Alcalá es un hombre al que le gusta poco el protagonismo. De hecho, esquiva con su mirada el objetivo de la cámara. Es más de acción que de palabra. El jefe del Parque de Bomberos de Linares habla pausado. Tiene temple, algo clave en una profesión de tanta carga de adrenalina.

Nos recibe en las instalaciones con una sonrisa en los labios, pero pendiente, en todo momento, de la luz de emergencia. Tanto es así que en mitad de la entrevista se levanta para atender una llamada. «Es importante», nos asegura antes de tomar de nuevo asiento en la silla. Dice que no tiene ganas de jubilarse, aunque podría, y que echa de menos salir y estar en la primera línea. «No soy de sillón», sentencia.

El Observador ha conversado con una persona que sabe muy bien lo que quiere y que se ha ganado el respeto de sus compañeros. La pasión por su profesión es incombustible, a pesar de que llegó a ella casi de casualidad. Es ingeniero de Minas y padre de dos hijos.

¿Cómo se hace bombero?

—Ni lo había pensado. Estaba estudiando ingeniería, y un día mi amigo Pepe, que sabía que tenía el carné de conducir especial, al igual que mi padre y mis hermanos, me comentó que había una plaza libre de conductor en el Parque de Bomberos. Nada más decírmelo, pasé por las antiguas instalaciones de la calle Santiago por tener una referencia. Entonces decidí echar los papeles y tuve la suerte de entrar.

Lo que le puedo decir es que a esta profesión se la quiere de menos a más. Para mí, es uno de los trabajos más bonitos del mundo y mi vida la he dedicado prácticamente a esta profesión. En mi caso, la vocación vino después, pero por aquí han pasado generaciones de bomberos que nacen con ello. Quieren ser bombero desde pequeños. De hecho, aquí hay un grupo de gente joven que llevan esa vocación en la sangre.

Es una de las personas que mejor conocer el parque y su transformación desde su traslado a la Avenida Andrés Segovia. ¿Cómo ha visto esa evolución?

—Hace unos 23 años hubo un cambio de instalaciones importantísimo, sobre todo en relación con el espacio en el que estábamos antes. La evolución ha estado acompañada del desarrollo de la tecnología, los medios, los equipamientos, la formación, la cualificación y el nivel que, como ocurre en otros muchos sectores, pues ha aumentado.

Ha sido una transformación positiva, pero no podemos detenernos y debemos seguir evolucionando al mismo ritmo que la demanda y las exigencias de los ciudadanos y del propio Ayuntamiento. En este sentido, todas las corporaciones que he conocido han apostado por mejorar el parque y nos han acompañado en esta evolución.

¿Son los niños mimados del Ayuntamiento?

—Más que mimados, nos sentimos protegidos y amparados, pero creo que como cualquier otro departamento municipal, cada uno en su medida.

¿Qué peculiaridades tiene este parque que lo diferencie de otros?

—He viajado bastante y donde he ido de vacaciones una de las cosas que hacía era visitar el Parque de Bomberos. Las características son muy parecidas y el perfil del bombero es exactamente igual que el nuestro. Hay un perfil definido en todos sitios, como así hemos podido comprobar en los congresos o en jornadas técnicas en las que hemos participado con otros compañeros de distintos puntos del país.

Nos adentramos ahora en un cambio importante con el proyecto de ley que regularice en todos los aspectos: equipos, material, dotaciones, mínimos establecidos, radio de respuesta… Es un instrumento que nos será muy útil.

Conozco los parques de la provincia, como el de Jaén, Úbeda o Andújar que están cogiendo solera, al igual que nosotros, y se está viendo esa evolución.

¿Cuál es el nivel de nuestros bomberos?

—Somos autoexigentes y cada día pedimos más, pero diría que el nivel es aceptable con un equipo de profesionales muy competente. Por ejemplo, los últimos cinco bomberos que han entrado son buenísimos. Los conocimientos y las habilidades son importantes, pero lo que más destaco es la actitud y la capacidad de trabajo de la plantilla.

La gente nueva que está entrando y los que llevan aquí años, con sus más y sus menos, están comprometidos y con actitud. Siempre que se enciende la luz roja, todo el mundo, desde el veterano hasta el nuevo, automáticamente se pone las pilas y se entrega totalmente. No estoy en primera línea, pero lo veo. Me gustaría que los ciudadanos comprobaran como corren para, con las máximas garantías de seguridad, llegar lo más rápido posible para dar el mejor servicio.

Está claro que se trata de trabajo en equipo, más allá de cómo se lleven personalmente.

—Así es. Esto es como un gran hermano y todo el mundo es importante porque esto es una cadena que si se rompe no funciona. Tan esencial es la persona que está en la centralita, que es el que recibe la llamada y marca el nivel de emergencia, como los que salen a cubrir el servicio. No en vano esa comunicación es importantísima porque se transmite al cabo y este asigna las funciones. Por eso, siempre se trabaja en equipo.

En Linares tenemos una dotación mínima de la que no podemos bajar que está compuesta por un mando y seis bomberos-conductores. Son los que marcan la jornada durante 24 horas para tratar cualquier emergencia dependiendo de su tipología.

¿Echa de menos la primera línea de acción?

(Piensa un instante y responde) La verdad es que sí. No soy persona de sillón. Se han presentado oportunidades y al final he acabado como jefe. Lo importante es ser bombero de base porque es el que, al final, resuelve el servicio. Tengo experiencia por mis 38 años en el Cuerpo, pero ese gusanillo nunca se va. Cualquier intervención me provoca un tic con ganas de actuar. Es cierto que los protagonistas son los bomberos.

La palabra bombero significa muchísimo más que la estructura porque es el que da la cara, se arriesga y el que está. Entras y sales de bombero.

¿Qué recuerdo satisfactorio tiene de sus 38 años como bombero?

—Han sido muchas situaciones, sobre todo en accidentes de tráfico. Recuerdo uno a las tres de la mañana hace tiempo en el antiguo trazado de la carretera de Despeñaperros donde acudimos a un rescate de una niña de unos 6 o 7 años, cuyo camión en el que viajaba con su padre -que murió en el accidente- volcó. Fue cerca de una hora de rescate al ser un vehículo pesado. El cabo y un compañero accedieron a la cabina y salvaron a la niña y me la entregaron. La sensación de ver a la niña abrazarse a mí, con miedo y asustada sin saber dónde estaba su padre, se queda para los restos.

No hace mucho también hubo una intervención a la que tuve que asistir porque aquí no se mira el cargo cuando hay que ayudar a los compañeros. Fue en el incendio que hubo más arriba de la Estación de Autobuses donde rescatamos a dos personas que estaban en una situación crítica al quedarse atrapadas entre el humo y las llamas. La gran satisfacción fue sacarlas con vida y ver a esas dos personas agradecerte lo que has hecho por ellas.

Luego tengo muchísimas anécdotas, muchas de ellas insólitas, como rescates de animales o de algunas personas que echaban de menos y que resultó que estaba dormida. Situaciones hay de todo tipo.

En este punto quiero decir que la Semana de la Prevención, que celebramos desde 2008, es sin duda algo que nos llena una barbaridad. Ver los niños como les gusta esta profesión es impresionante. Los escritos y las cartas que nos han enviado te llenan de esa sonrisa que siempre hace falta.

¿Se consideran héroes sin capa?

—Hay que darle su magia y heroísmo. En esta vida hay que tener algo de fantasía, aunque realmente tengamos los pies en el suelo y la cabeza bien puesta para estar siempre en disposición cuando entras a las ocho de la mañana. Esa estabilidad emocional es muy importante para estar preparados para cualquier respuesta porque nada más se enciende la luz aumenta la tensión y en función de esa llamada hay que estar muy bien preparados y coordinados con su mando que es una figura importantísima.

¿Se liga mucho como bombero? Lo digo por eso de los calendarios…

(Ríe y pone cara de desconcierto) Esta profesión, tanto en los hombres como en las mujeres, tiene su tic.

Cada vez son más atletas.

—Me hubiera gustado que hubiera visto las pruebas físicas de la última convocatoria. Simplemente impresionante. El nivel es muy alto y las pruebas físicas son puntuables, por lo que el nivel de preparación es exagerado. Son atletas que, además, están relacionados con todo esto. Al que no le gusta un deporte, le gusta el alpinismo.

Bien es cierto que el tiempo no pasa en balde y aquí tenemos una mezcla de experiencia y juventud, pero siempre requerimos grupos de respuesta duros y con garantías para atender cualquier emergencia.

¿Quién es el que cocina mejor en el parque?

(Sonríe) Lo cierto es que tenemos grandes cocineros y el plato típico que a todos se les da bien es la paella. Aquí hay gente con muchísimo nivel y categoría para cocinar. No me puedo olvidar de un compañero que se acaba de jubilar, como Manuel López, que preparaba unas paellas que no veas. También Alfonso López Simarro, un gran bombero.

El año pasado se hizo una inversión para cambiar la cocina y la verdad es que la estamos aprovechando. Son 24 horas, con sus correspondientes desayunos, comidas y cenas.

¿Cómo ha afectado el Covid al parque?

—Nos pusimos las pilas desde el principio. Así, asumimos toda la información que nos vino desde el departamento de Prevención de Riesgos Laborales del Ayuntamiento y nos reunimos con el concejal delegado, Daniel Moreno, para poner en marcha todas las medidas de seguridad, principalmente en el aspecto sanitario, con el fin de conseguir un nivel de protección que nos garantizara cualquier actuación para que no hubiera ningún contagio.

Nos hemos cuidado mucho no solo en el exterior, sino también en el interior de las instalaciones, donde llevamos un control exhaustivo para que no se contagie nadie. De hecho, hasta ahora solo hemos tenido un positivo y tres o cuatro compañeros en cuarentena por tener un contacto estrecho con familiares.

No podemos bajar la guardia porque el Covid está ahí y nos sabemos cuándo lo podemos coger, por un fallo o en cualquier salida. La situación es crítica y nos cansa a todos, pero debemos seguir en la lucha hasta que consigamos eliminar el virus.

Como hombre de acción, ¿se debe sentir impotencia de no poder combatir a este enemigo invisible?

—Por fortuna hemos tenido una formación práctica. Es fundamental tener conocimiento, aunque sea un enemigo invisible, porque actúas más seguro y mejor. Conocemos el riesgo y el peligro, si bien no estamos en primera línea como los sanitarios. Sabemos lo que tenemos que hacer cuando llegamos a un lugar de riesgo. El bombero está preparado para actuar con las máximas garantías, como nos ha ocurrido, sobre todo en intervenciones con personas mayores que están solas. Además, llevamos la máxima protección y el equipo suficiente para que no nos suceda nada a la hora de rescatar o tocar a alguien.

¿Tiene ganas de jubilarse?

(Risas) Me puedo jubilar cuando quiera. Estamos todavía aquí porque esto tira bastante. Vivo el día a día. Mañana será otro día diferente. Esa es mi filosofía, y siempre luchando y aportando lo que puedo gracias a mi experiencia. Todavía nos queda bastante. Eso sí formados y preparados para atender cualquier demanda de nuestros ciudadanos que nos pueden llamar, consultar y proponer lo quieran porque siempre lo vamos a atender.

Hay otro campo muy importante que es la prevención en la que llevamos mucho tiempo trabajando, sobre todo en el control de proyectos para cumplir la normativa en la licitación. En este sentido, estamos a la espera de que se saque una plaza de técnico en prevención, labor que hasta ahora estoy haciendo yo, aunque no como antes porque hay muchas cosas que hacer. Por eso también tenemos la Semana de la Prevención que es un éxito tremendo y nos sirve precisamente para prevenir. Ahora viene una época complicada por el frío.

Cuando salga por la puerta del parque después de su último servicio, ¿cómo quiere que lo recuerden?

—Simplemente con la satisfacción del deber cumplido porque lógicamente cometemos muchos errores a lo largo de una carrera. También con sencillez y humildad de haber correspondido a mis compañeros y con el cometido. Los recuerdos serán muy grandes.

Fotos: José Antonio Díaz Martínez

Vídeo: TVeo Comarca

DEJA TU COMENTARIO

Por favor introduce un comentario
Por favor introduce tu nombre aquí