Reportaje | Diez años de entrega y amor al rugby

El Íberos Rugby Linares celebra su primera década con un enorme crecimiento en el que ha conseguido dar visibilidad a un deporte lleno de principios y valores

Para muchos, sobre todo los de la vieja escuela, el rugby va más allá de ser un deporte. Es casi una filosofía de vida, sobre todo por los valores que inculca desde que se pisa por primera vez una cancha o participas en tu primer entrenamiento.

Hace diez años un grupo de chavales de Linares decidieron recuperar un deporte con cierta tradición en la ciudad gracias a la Escuela de Peritos, donde algunos de sus estudiantes, sobre todo en la década de los 90 y principios de 2000, conformaron un equipo de rugby que llegó, incluso, a competir.

Con el traslado al Campus Científico Tecnológico, y la marcha de muchos de sus jugadores al concluir sus carreras, aquella iniciativa se difuminó hasta que nació el Íberos Rugby. Fue de la manera más rudimentaria, con entrenamientos en las pistas de la Estación de Almería, en el Complejo Deportivo de La Garza o en el Parque de Deportes de San José, con todo pagado por los propios jugadores. Corría el verano de 2010 y, un año después, aparecieron las primeras mujeres atraídas por el balón ovalado, si bien fue un visto y no visto.

A la temporada siguiente, el club formalizó su situación y se federó con la intención de comenzar a disputar partidos con otros equipos, principalmente de la provincia. Con una estructura algo más sólida, aunque sin entrenador -esa función la hacía el jugador con más conocimientos- ni campos en los que prepararse, el Íberos Rugby fue creciendo poco a poco. Su primer encuentro amistoso fue frente al Úbeda en el Campo de Las Lagunillas de Jaén. Muy pocos recuerdan hoy el resultado, pero nadie olvida la excitante sensación de salir del túnel de vestuarios como equipo.

Más tarde, llegó la Liga Provincial y los primeros ensayos oficiales. Aquella temporada -11/12-, el club linarense acabó en tercera posición de una competición compuesta cinco equipos, incluido el Mineros Puertollano de Ciudad Real. La cosa iba en serio. La junta directiva cierra acuerdos con patrocinadores, lo que supone un desahogo y la posibilidad de entrenar en el césped artificial de San José y en unas condiciones dignas.

El Íberos avanza en su proyección y crea la sección femenina, mientras el equipo masculino se queda sin Liga. También apuesta por la cantera con la promoción del rugby en los centros educativos de la ciudad, y empieza a perfilar conjuntos de juveniles e infantiles en colaboración con el Atlantes Úbeda.

Se disputa, asimismo, el primer torneo organizado por el club para las chicas de rugby 7 y en 2016 estructura sus propias categorías inferiores, en lo que supone un punto de inflexión para la entidad.

Además, se implica en la sociedad local con la celebración de una jornada sobre violencia machista, a la da que paso la participación de los equipos masculino y femenino en el XXVII Torneo Internacional de Rugby Sevens de CR Cisneros. Una competición de enorme relevancia que permitió al Íberos ganar en experiencia y aprendizaje.

Los años fueron pasando y la consolidación del proyecto ya era una realidad, no solo desde el punto deportivo sino también social, con actos benéficos para colectivos de la ciudad, como la Asociación Española contra el Cáncer. El Íberos era reconocido en Linares y fuera de nuestras fronteras. Su cantera se fortalece, a través de charlas con las madres y los padres y clases extraescolares, y el equipo femenino se codea ya con los grandes de Andalucía en la Copa FAR, donde realiza un brillante papel.

Todo marcha en un club humilde que se ha forjado su historia a fuego y cuyos jugadores y familias son la base de su existencia. Como el propio juego, se ha caído y levantado hasta ganarse el respeto de sus oponentes y de la propia ciudad gracias unas normas no escritas enfocadas a una cosa, que la batalla que se produce en el campo no vaya más allá del límite del terreno de juego.

Estas tradiciones son parte intrínseca del rugby y una de las razones por la que pocas personas que hayan probado este deporte a cualquier nivel se enamoren de él. Ni siquiera el Covid-19, que tiene paralizado prácticamente todo, puede con la ilusión del Íberos que ya ha comenzado a programar las actividades de su décimo aniversario, entre las que se encuentra reunir a los jugadores del primer equipo de rugby de la Escuela Politécnica para invitarlos a la celebración, como si se tratara del tercer tiempo.

Porque si algo queda claro en el rugby es que por encima de todo, por mucho que te pisen, te golpeen y hagan la vida imposible, al contrario, al árbitro, a tus compañeros y a la afición hay que respetarlos.

Fotos: Íberos Rugby

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