«Defina violencia» (Martin Scorsese)

El «cuanto peor, mejor» no es una frase de M. Rajoy; se le atribuye al revolucionario Chernyshevsky, presunto ruso del siglo XIX, que explicaba con ella lo siguiente: mientras más dura fuera la represión zarista contra el Pueblo, antes se impondría la anhelada revolución. Sería la versión comunista de la doctrina del shock, que Naomí Klein aplica al Capitalismo salvaje, o Neoliberarismo.

Salvando las distancias, invito a realizar un ejercicio de extrapolación con la situación del Linares del XXI. Estos días volvíamos a ser portada de los diarios nacionales, esta vez del digital Publico.

Pues a positivizarlo; vamos a verlo desde el ying, el lado soleado de una montaña y no desde el yang, su lado oscuro. Después de tanta publicidad, España entera tiene la certeza de que somos como el Ebro, con un delta; nosotros de crisis, sedimentadas unas sobre otras a lo largo del tiempo; que somos los mejores en lo peor; no, perdón, y eso es lo bueno dentro de lo malo; saben, no que somos lo peor, sino que nos pasa lo peor, que no es lo mismo. Y eso crea complicidad.

Los de Linares somos distintos y por eso somos iguales a los demás, que también son distintos como nosotros. Diferentes, como todo el mundo, pero un poco más desgraciados, por las circunstancias simplemente.

Un buen Pueblo (pueblo como concepto de comunidad y no por cantidad de habitantes) no se define por tener más o menos artistas, poetas y demás creativos, estaríamos haciendo otra forma de elitismo si así fuera, sino porque predomine la decencia comunal de su gente, sepa defenderse con la solidaridad y una red de ayuda mutua y haiga trabajo, prosperiá, pan y alegría nunca nos falte…esas cosas sencillas.

Lo digo porque hay gente que para defender a Andalucía necesita explicar que aquí nació el gran Machado o en Linares, Raphael; está bien, pero es solo un añadido, tipo guinda.

Porque lo que pasó en Linares en la noche de las barricadas le puede pasar a cualquier ciudad, aunque sea más rica y con menos parados, como Barcelona, que se ha sacado un abono de 6 noches violentas.

Y vamos a preocuparnos menos por la imagen de ciudad que trasladamos a las empresas que quieran venir porque vendrán si les propiciamos las condiciones de beneficio que persiguen.

No les debemos ninguna disculpa, porque tampoco tenemos culpa. Ellas entienden que siempre son las minorías las protagonistas, de lo bueno y de lo malo; quienes descubren las vacunas son una minoría y los que hacen fiestas ilegales en pandemia, también. Eso es lo que nos salva, porque las mayorías están ahí para colaborar y obedecer, sin dar un ruido, que no es poco. Y los cafres anticontainas eran unos pocos, una obviedad por cierto.

Como decía un grande de los inicios de la radio, Arribas Castro, «Don Pollo»: «la ciudad es un millón de cosas» y Linares será todo lo bueno que sepamos y queramos describir de nosotros mismos, pero Linares también es lo que «sucedió una noche» (homenaje de paso a Claudette Colbert), aquella noche…nos guste o no. El “mal” está siempre ahí, disponible, al acecho.

Pero la ciudad está aparte; ella es como una madre, la mejor del mundo si aceptamos que la de los demás también lo es. Lo dice un inmigrante de primera generación, llegado desde Canena en los felices 70.

Se habla mucho de violencia, aunque no sabría hacer un análisis sociológico; ¡con que no soy capaz de analizar algunas miradas que me dirige mi mujer, voy a analizar esto! pero creo que aquí predominó su versión más espectacular, rechazable y condenable, pero no más grave: el estallido de adrenalina, la rebeldía espasmódica que se escapa por los poros, una pequeña incursión en guerra de guerrillas o quizás el lado oscuro de la fuerza, en fin, esas manifestaciones agresivas; porque la violencia más dañina suele ejercerse por gente tranquila, con buena ropa y oliendo probablemente a colonia cara; sí, sí, por ejemplo desde un consejo de administración de El Corte inglés (qué tío más demagogo!) cuando se decide cerrar algo. Hacerlo con Santana fue un acto violento, puede incluso que terrorista, porque produjo miedo, pánico, para muchos, terror.

De Hasel no voy a decir nada porque no sé qué dice, canta o tuitea, ni me interesa.

Entonces, todo este cúmulo de infortunios que se definen con el término técnico de «ponernos la pierna encima» puede ser el punto de inflexión para revertir la dramática situación, empezar a subir y alcanzar pronto el cero.

Porque, además de nuestra valía, contamos con la empatía simpática de nuestros compatriotas, ya sabéis, esa cercanía afectiva, esa compasión, por qué no, que despierta el que más sufre, quien más veces besa la lona de cualquier cuadrilátero. Porque la gente suele ser buena gente; acordaos de la inocencia, candidez, ingenuidad y paciencia jobiana de las personas que «sufrían» las bromas pesadas, en el preludio de la cámara oculta, que ideaba Manolo Summers en aquel viejo programa televisivo «To er mundo e guëno».

Vamos a aprovechar que ahora hay clamor; las administraciones públicas atienden, por no decir temen, a los clamores. Vamos a disponer las velas para que nos favorezcan el viento a favor…

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