Culpable por amar

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Hace unos días me topé con la noticia de que el Parlamento declara la UE “zona de libertad” para las personas LGTBIQ. Una buena noticia, pensé a priori, pero, según leía, me daba cuenta de lo triste que era, de eso que trasciende línea tras línea.

Y no es otra cosa que el no permitirnos amar a quienes queramos. Por desgracia, todavía tenemos que hablar de esto y, por desgracia, todavía es necesario legislar para que uno ame a quien le dé la gana.

Sin embargo, el texto europeo tiene mucho de brindis al sol, de hacer lo políticamente correcto. ¿Cómo es posible que haya que regular para que Europa sea zona de libertad para las personas LGTBIQ? ¿De qué estamos hablando? ¿Quiénes nos creemos? No podemos olvidar de que también en nuestro continente existen municipios “libres de LGTBI”, así, sin despeinarse, como quien habla de un territorio libre de covid.

Nuestro continente falla. Falla mucho cuando existen agresiones a parejas del mismo sexo, cuando existen persecuciones o, incluso, tantos prejuicios que hasta se hace necesario que legislar.

La votación puso de manifiesto lo mucho que queda por hacer y la cantidad de prejuicios que aún existen. El texto fue refrendado por 492 votos a favor, mientras que 141 diputados se pronunciaron en contra y 46 se abstuvieron. Por supuesto entre los que dieron su no se encontraba Vox, qué casualidad, ¿verdad? Con esta resolución, la Unión Europea amenaza con sanciones económicas –porque de otra forma no nos enteramos- a aquellos que discriminen o atenten contra la libertad sexual-.

«El miedo, la violencia y discriminación siguen siendo a lo que se enfrentan algunas personas en algunos países. Hay 70 países que criminalizan las uniones del mismo sexo, y 12 de ellos pueden aplicar la pena de muerte.

Las zonas libres de LGTBI polacas recuerdan la barbarie de nuestro pasado. La protección corresponde a todas las instituciones. La estrategia de igualdad LGTBIQ es una firme respuesta de la Comisión Europea ante el retroceso de libertades en Polonia y Hungría. No aceptaremos el hostigamiento homófobo en Polonia y Hungría», aseveró la presidenta de los socialistas europeos, Iratxe García.

En Estados Unidos, muchos de sus estados permiten la terapia de conversión sexual. Vamos, que prometen la “cura de gais, lesbianas y otros por el estilo”. Descargas eléctricas, personas atadas y muchos más agravios “para curar sobre la homosexualidad” Leyendo sobre el tema, “El espectador” recoge un estudio del Williams Institute de 2018. La investigación afirmó que por lo menos 700.000 ciudadanos estadounidenses han recibido alguna terapia de conversión sexual en algún momento. Terrible.

Pero no hay que irse tan lejos. En España es ahora cuando se está regulando su prohibición. Vale que algunas comunidades tenían algo al respecto, pero es la futura LGTBI la que prohíbe las terapias de conversión en nuestro país con multas de hasta 150.000 euros.

Si eso pasa en la mayor democracia del mundo, ¿qué ocurre con los países que coartan las libertades si avergonzarse de ello? En la vieja Europa, ya son 21 los países que reconocen las uniones entre personas del mismo sexo y 15 les permiten adoptar. España, entre ellos, ¡bien! Sin embargo, también aumenta la cifra de personas del colectivo que se sienten marginadas.

Por eso, cada pequeño avance, es un logro. Pero, de verdad, considero que aún nos queda mucho para ser la democracia libre y diversa que tanto pregonamos. Todos hemos oído hablar alguien que dice yo tengo un amigo gay y le quiero mucho y me ducho con él y no pasa nada, como quien habla de su nueva mascota o del jersey que se acaba de comprar. Esa frase dice mucho de por sí.

Esos comentarios sobran porque en realidad el debate va sobre el amor, de amar a quien se quiera, con el respeto que merece cualquier tipo de amor. Uno no es más normal que otro, pero hay que explicarlo. Aun así, tengo esperanza.

Los niños y niñas nos superan con creces en esto de la apertura de mente, en ver las cosas sin prejuicios, en asumirlas tal y como son. Les cuento la conversación que tuvimos el pasado fin de semana con una pandilla con edades comprendidas entre los 9 y los 13 años. Era un grupo diverso, unido al azar porque sus familias han elegido el mismo residencial para vivir. Son todos diferentes. A unos les gusta el fútbol, a otros Harry Potter, a otros el otaku, había para todos los gustos, pero voy al grano.

En este grupo había una niña que se siente chico, y sus amig@s, sin que sus padres lo sepan, llevan un año tratándola en masculino. Otra tiene dudas sobre su orientación sexual. Y los demás ni se plantean estos temas. Pero lo que más me sorprendió es lo que dijo uno de este grupo: “Somos todos diferentes y nos queremos así. Da igual quién te guste y quién no. Cómo seas. Cada uno somos perfectos dentro de nuestras imperfecciones y habilidades, pero nos da igual”. Acto seguido pasaron a relatar las habilidades y torpezas de cada uno… y ninguna tenía que ver con su orientación sexual.

Y siguieron jugando toda la tarde. El flipado con el otaku no era capaz de agarrar la pelota, pero no importaba. El que sabía todo de Harry Potter dedicaba su tiempo a explicar los entresijos del mundo de la magia y así durante horas. A nadie le importaba cuál era la orientación sexual de cada uno. Ni se veían preocupados por el asunto. El caso era que se querían sin más, sin condiciones. Altos adultos nos queda mucho por aprender.

1 COMENTARIO

  1. Tal cual, en estos tiempos nos toca a los adultos aprender de nuestros hijos, quizá porque aún no nos ha dado tiempo a inundar su mente de prejuicios y sinsentidos que no hacen más que alejarnos de nuestra humanidad. Cuanto nos queda aún por andar. Magnífico artículo, señora Espinilla.

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