Cristalería Jordán, un bastión comercial de la calle Santiago

El negocio regentado por la segunda generación está más vivo que nunca gracias al compromiso y la profesionalidad de su actual propietario, Miguel Ángel Jordán

El comercio tradicional de la ciudad, a pesar de la crisis industrial, del coronavirus, de la pérdida de población y del cierre de Zara y El Corte Inglés, sigue siendo uno de los más dinámicos de la provincia, gracias al empuje de las nuevas generaciones que se niegan a dejar morir el legado de sus familias.

Es el caso de Miguel Ángel Jordán, propietario de Cristalería Jordán, fundada por su padre Miguel en 1977 en la linarense calle Santiago, uno de los bastiones comerciales de la ciudad.

Miguel Ángel Jordán realiza un corte, con su padre al fondo.

Se trata de un negocio vivo que pone la nota de esperanza entre tanta desazón y pesadumbre. «Desde que se abrió establecimiento, hemos pasado por muchas fases y hemos crecido a base de mucho trabajo y paciencia», cuenta Miguel Ángel, un viejo conocido del fútbol sala y del fútbol local y provincial, ligado a equipos como la Unión Deportiva Linares, el Linares, el Puente Génave, el Urgavona y el Baeza, en Tercera División, de la mano de Roberto Romero.

La cristalería comenzó a funcionar en el número 27 de la calle Santiago para trasladarse después al número 17, coincidiendo con la jubilación de Miguel Jordán Cruz, quien antes de embarcarse en esta iniciativa empresarial había trabajado en la Costa del Sol durante el boom del turismo, como otros muchos linarenses.

El establecimiento toca todo lo relacionado con el vidrio y ha ido evolucionando con el paso del tiempo y de las necesidades del mercado. Así, ha pasado de reponer cristales en ventanas y puertas a especializarse en otros servicios a medida, siempre con la profesionalidad que ha caracterizado a este negocio familiar.

Mantener tantos años abierta una empresa es una carrera de fondo que pocos consiguen, pero Cristalería Jordán ha sabido adaptarse a los cambios con tesón y firmeza. La receta para sobrevivir es clara: Tener un trato cercano con el cliente, ofrecer lo mejor de sí mismo, calidad en los trabajos y ampliar su campo de actuación más allá de Linares.

Miguel Ángel Jordán reconoce que «no les va mal» dentro de las circunstancias. «Ahora la gente pasa más tiempo en casa y, ‘afortunadamente’, se rompen más cristales», dice con cierto toque de humor.

Como linarense y comerciante, confía en que la ciudad remonte el vuelo una vez pase la tormenta perfecta que sacude sus cimientos. «Todo pasa por algo y esto nos puede servir de trampolín para afrontar el futuro con un poco más optimismo», señala a El Observador, no sin antes hacer autocrítica: «No podemos seguir retroalimentando lo negativo para hundirnos más nosotros. No nos puede servir de consuelo decir que mal estamos los unos a los otros. Somos una gran ciudad, de las mejores de la Andalucía, y vamos a salir de esta todos juntos», concluye Miguel Ángel Jordán.

Fotos: Javier Esturillo

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