Coman carne, pero con moderación

Y mientras las populosas redes sociales estallan esta semana con el dichoso vídeo del ministro invitando a que comamos menos carne, en otros lugares menos populosos, como en el interior de Soria, Aragón, Granada o Albacete, el problema real es otro, que tiene mucho que ver, pero que está menos viralizado. Eso seguro.

Imagínense un pequeño municipio español, de esos de la España vaciada, en el que a duras penas se llega a los 150 habitantes. Seguro que tienen alguno en mente. Pues ahora imagínense que justo al lado le construyen una granja de vacas con capacidad para 23.500 animales.

En este caso, en vez de carne, se espera una producción anual de 200 millones de litros de leche, pero, según un artículo de Lainformacion.com, para alcanzarlo será necesario consumir seis millones de litros de agua al día y se producirán unas 368.000 toneladas al año de estiércol. Es decir, que gastarán agua más que en Úbeda y ensuciarán tanto como la ciudad de Barcelona. A eso habrá que añadir una producción anual de dióxido de carbono igual a la que generarían 120.000 coches.

Quizás den trabajo a todo el pueblo, pero menudo regalito. Esto es lo que está ocurriendo en Noviercas (Soria) en estos momentos; en Pozuelo, (Albacete), donde la granja prevista quiere dar cabida a 85.000 cerdos; o en Baza (Granada), donde el propio Ayuntamiento está tratando de poner freno a la construcción de nuevas instalaciones de esta índole.

Todos estos ejemplos, y muchos más que se reparten por ese territorio del despoblado, constituyen lo que ha venido a llamarse la ganadería industrial, que es, precisamente, ese tipo de ganadería que se ha demostrado como un verdadero problema para el medio ambiente. No es de extrañar que agrupaciones vecinales, ecologistas y algunos partidos políticos se hayan posicionado en contra de este modelo.

A todo esto, lo que ha dicho el señor Garzón, ministro de Consumo, y que tantas ampollas ha levantado en el sector cárnico español, no es otra cosa que lo que nos vienen diciendo, desde hace ya muchos años, los que saben de salud, de nutrición y hasta de cambio climático. Entre ellos, la Organización Mundial de la Salud y el IPCC (el panel de expertos en cambio climático de la ONU). Curiosa combinación pero que, en definitiva, está muy relacionada como hemos visto.

El consumo de carne, especialmente de carnes procesadas y carnes rojas, alcanza en nuestro país niveles de preocupación ya que la vinculación entre estos productos y determinados problemas de salud – colesterol, problemas cardiovasculares, obesidad – está más que estudiada y demostrada.

A esta derivada hay que añadir la de la contaminación y el elevado consumo de recursos naturales, como ya hemos comprobado con el agua -otro dato, para producir un kilo de carne se necesitan 15.000 litros de agua-.

Por este motivo, la recomendación ministerial pasa por reducir el consumo de carne y pasarnos a una dieta más mediterránea, con más frutas y verduras, más pescado, y con más legumbres. Vamos, lo que veníamos haciendo hasta no hace mucho tiempo.

Parece que vivimos en un país donde para sobrevivir, al menos en lo político, es necesario mantenerse en una equidistancia cómoda respecto de los problemas. Y por supuesto, son muchos los que se han sumado a desacreditar a Garzón en sus pretensiones.

No sé ustedes, pero por mucho que me gusten los chuletones (me considero una carnívora empedernida y doy la vida por ese chuletón al punto, una paletilla de cordero lechal o, incluso, una buena hamburguesa del Tony Roma’s) está claro que tendré que asumir muchos y molestos cambios en los próximos años.

Lo de reducir la ingesta de carnes rojas me va a costar, pero, a cambio, podré volverme más exigente y consumir aquella que no proceda de la industria más impactante, sino la de un buen cordero segureño o de un lechal del pie de monte del Sistema Central. Ambos criados en extensivo y mucho más sensibles con el medio ambiente. Ese cambio, al fin y al cabo, se antoja medianamente fácil.

Pero qué ocurrirá cuando digan que mi coche diésel ya contamina demasiado, lo que tendrá que pasar más pronto que tarde. O qué ocurrirá cuando nos digan que ya no se pueden coger aviones por ser altamente contaminantes, que se acabó lo de viajar a otros países por ocio.

Al Gobierno que le toque, ¿cuántas patronales y oposiciones se le echarán encima? Todo esto va a ocurrir de una manera u otra. O lo hacemos progresivo y empezamos ya o lo tendremos que hacer a las bravas en pocas décadas. Igual está ocurriendo con la descarbonización de la economía, con el consecuente cierre de las minas de carbón y el programado cese de las centrales térmicas.

De eso se trata cuando hablan de aquello de la “transición ecológica” y de hecho, parece que han creado un ministerio para tal fin. Esperemos que sean valientes y tengan alturas de miras para atajar los desafíos que vienen. Agárrense porque vienen curvas.

Inma Espinilla
Inma Espinilla
Periodista

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  1. Una vez más la actualidad nos hace ver que los cambios no son fáciles por muy necesarios que sean. Unas buena educación, comunicación y concienciación resultan vitales en estos casos. Porque lo que nos jugamos es mucho!!! Gracias Inma por acercarnos una reflexión dentro de tanto ruido.

  2. Que a lo mejor las frutas,verduras y hortalizas no gastan agua…?riegan por inundación como si de arroz fuere…y los olivos no digo nada…vacían todos los acuíferos y sin control ninguno (si mi vecino tiene el sondeo a 150m yo perforo a 200m y sin permiso ni regulación por parte de confederacion)pagan un Canon al año pk no pagan por m3 y riegan día y noche….no seamos más papistas que el Papa, TENEMOS LO QUE MERECEMOS

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