Borjita Blues

Borja se llamaba, aunque para sus amigos era ‘Borjita Blues’. Era un tipo alto, delgado, con marcas en la cara. Tocaba la guitarra. Le gustaba la cerveza, le gustaba el tabaco, le gustaba la música y, sobre todo, le gustaba amar.

Su voz era rasgada, muy castigada, quizá, por el exceso de alcohol y de cigarrillos Celtas. Lo conocí en la “calle de Simago”, de Jaén. Lo primero que me llamó fue cómo sonaba y, después, su mirada. Directa, sin concesiones, sonriente, buscando complicidad.

Y allí me quedé, escuchando. No más de cinco minutos, los suficientes para que entabláramos una conversación. Me habló de su vida, de por qué estaba en la calle y yo le conté mis andanzas y las peleas de cualquier joven que quiere ser ya adulta. Quedamos en vernos a la mañana siguiente. Llegó con una noticia. Se había “enamorado”. Así llegaron a mi vida Lola y Raquel. En seguida nos hicimos amigas, hermanas.

Borjita se fue, pero ellas y yo continuamos nuestro crecimiento personal en Jaén. Y construimos algo honesto y bonito. Ellas vivían en un piso de estudiantes y, al año, llegó Gema, que se sumó a ese trío y ya fuimos cuatro; cuatro, sobre todo, para vivir. Juntas crecimos, aprendimos y nos quisimos.

A Borjita Blues le vimos muchas veces. Se dejaba caer por Jaén, por Sevilla, por Madrid, e, incluso, nos enseñó algunas ciudades. Con el tiempo, me di cuenta de que esa mirada que buscaba fraternidad se quedaba perdida, ausente, cuando pensaba que nadie le observaba. Se había ido lejos, quién sabe dónde.

Quizá toda esa imagen de trovador urbano se le revolvía por dentro y hasta tal vez se hubiera arrepentido de dejar su casa para ir de ciudad en ciudad para sacarse unas perras con su guitarra. Quizá no todo fuera tan bonito como quería hacernos ver. La utopía del hippie viajero no se cumplió en él.

Hace décadas –da vértigo hablar de décadas- que le perdí la pista. A Raquel, Lola y Gema las siento cerca aunque ya no nos veamos tanto como querría. Una anda por Granada; otra, en Navarra, y la última, en La Carolina. Cada una con nuestra historia, con nuestras cicatrices, con nuestras luchas y alegrías. Me encantaría volver a verlas y abrazarlas más. De Borjita Blues no sé nada. Ni Google ni el todopoderoso Facebook me aportan luz. Solo hay una referencia en el buscador de un concierto en Lasarte. A saber dónde estará o, simplemente, si está.

No sé si sigue fumando, ni si la cerveza es todavía casi su único alimento. Estoy segura de que la guitarra continúa siendo su fiel compañera. Sí que sé lo que le debo. Le debo grandes amigas, grandes experiencias, el tema de blues argentino “Desconfío” y el de “Rocinante”, de Asfalto. “Un viejo blues, me hizo recordar, momentos de mi vida….”, dice la letra de “Desconfío”.

Y yo os recuerdo, mucho; os siento y tarareo: “Hiciste bien en quedarte aquí, en este valle de paz, todas las cosas que allí ya no están, acompañan tu soledad. Todo lo bello lo he visto aquí no necesitas más… Tal vez quieras venir conmigo en este viaje infinito, vente conmigo buen Rocinante a descubrir lo eterno… bate tus alas al viento”.

Inma Espinilla
Periodista

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  1. Leer Tus artículos es como mirarse en un espejo.
    Es verdad que hay personas que dejan en nosotros huellas imborrables y más aún si esas personas nos conectan con otras que nos descubren el maravilloso regalo de la amistad. Precioso artículo!

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