Análisis | Remodelar la remodelación

Tras la salida de Cilu, el alcalde debe reordenar su Gobierno y reubicar las áreas de Urbanismo, Interior, Medio Ambiente, Igualdad y Diversidad

El Ayuntamiento de Linares ha vivido una semana de vértigo en el ámbito político con la remodelación de su Gobierno y la ruptura de facto del tripartito por parte de Cilu al considerar este que la retirada de las competencias de Función Pública y Bienestar Social se realizó de «forma unilateral» y «sin negociar».

La salida del partido localista del equipo de Gobierno, por «dignidad» y para demostrar que sus tres concejales no estaban por los sueldos, obliga al alcalde, Raúl Caro-Accino, a readaptar las áreas municipales en los diez concejales (cinco de Ciudadanos y otros tantos del Partido Popular) que sustentan el poder municipal para lo que queda de mandato. Departamentos del peso de Urbanismo (Ordenación Territorial), Interior, Medio Ambiente o Igualdad buscan acomodo en otras delegaciones.

El decreto de Alcaldía por el que se retiraban competencias a Cilu e, incluso, al PP, refuerza el liderazgo de Caro-Accino y su partido al asumir los departamentos de Función Pública (Recursos Humanos), Contratación, Patrimonio y Asesoría Jurídica.

Está claro que el regidor cederá algunas de las carteras que quedan libres a su único socio de Gobierno para evitar recelos que enturbien aún más la ya de por sí azarosa vida pública del Consistorio, cuya buena parte de Corporación se encuentra denunciada, querellada o a la espera de juicio por distintos presuntos delitos.

Por tanto, la tarea de Caro-Accino no es nada sencilla, máxime teniendo en cuenta que gobernará en minoría, con una ciudad patas arriba por la crisis económica y la pandemia y frentes abiertos por doquier con las administraciones para que cumplan lo prometido.

Además, deberá mostrar su mejor talante para sacar adelante los presupuestos y evitar una moción de censura -algo, por otro lado, que se antoja poco probable dadas las diferencias ideológicas y de posicionamiento de la oposición-.

Con un Ayuntamiento tan ‘italianizado’ y la situación sofocante de Linares, se hace más necesario que nunca el diálogo y el consenso entre las diferentes formaciones políticas, ya que de lo contrario puede ser un mandato perdido y lo que es peor condenar al municipio al ostracismo.

Los políticos con mando en plaza suelen administrar su tiempo y decisiones con criterios muy a menudo inescrutables. En esta ocasión, y por lo dicho por el propio Caro-Accino, su determinación obedece a cuestiones que tienen como único propósito «fortalecer» la estructura del Ayuntamiento para afrontar los incontables proyectos pendientes de ejecución con «plenas garantías».

Sin embargo, hasta alturas de la legislatura, a nadie se le escapa que la relación entre los socios que firmaron el acuerdo de Gobierno en junio de 2019 no era precisamente buena.

Pero ya está en el tajo el remodelado y recortado el Ayuntamiento, en el que la cuestionada por la opinión pública linarense Ángeles Isac mantiene Cultura, pero asciende un puesto en el escalafón y se convierte en la primera teniente de alcalde.

La reorganización de áreas se conocerá la próxima semana, antes de que se convoque el pleno en el que también se abordará la bajada de nóminas de la Corporación. Una medida más que acertada dado el «error» cometido por Ciudadanos, PP y Cilu al equiparar los sueldos de sus tres cabezas de cartel tras suscribir el pacto. Decisión que ha pesado como una losa y que ha terminado por estallar en las manos de Caro-Accino.

El Ayuntamiento de Linares entra en una nueva etapa cargada de incertidumbre que requiere de alta política y, sobre todo, de sentido común porque Linares no está para más fuegos de artificio.

Fotos: Javier Esturillo

 

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