Análisis | El mandato llega a su ecuador con más sombras que luces

La pandemia marca a fuego el segundo aniversario de la llegada del «Gobierno del cambio» a un Ayuntamiento con poco peso político y dependiente del resto de administraciones para generar esperanza

El autoproclamado Gobierno del cambio de la ciudad de Linares llega al ecuador de un mandato marcado por la pandemia, que le ha obligado a rediseñar la hoja de ruta de una gestión en la que políticamente se puede apuntar el tanto de la cesión del Parque Empresarial Santana y la implantación de nuevas empresas, algunas de ellas públicas, como el centro digital de Renfe.

Unos hitos que, sin embargo, no ocultan otros muchos errores cometidos por inexperiencia, una pésima comunicación y las más que visibles diferencias entre los firmantes del acuerdo post electoral que ponía fin a dos décadas de hegemonía socialista.

Raúl Caro-Accino se dirige a los periodistas en presencia de Ángeles Isac.

Fruto de esas tensiones internas se produjo la crisis que desembocó en la salida de Cilu del Gobierno local a finales del pasado enero, aunque, con anterioridad, hubo otras más sonadas, como, nada más comenzar, equiparar el sueldo del regidor al de los dos tenientes de alcalde -Ángeles Isac (PP) y Javier Bris (Cilu)-, una medida que no supieron explicar a la ciudadanía y que persiguió al tripartito hasta su disolución.

Ciudadanos, hoy una formación deshilachada y sin fuelle en la ciudad, y el Partido Popular -en modo transición- tratan de mantener a flote el acuerdo con la esperanza de que en los dos años que quedan antes de una nueva cita con las urnas sean capaces de enderezar el rumbo de una ciudad que sigue sin ver la luz al final del túnel.

Sin peso político prácticamente y dependiente del resto de administraciones para acometer grandes proyectos, el bipartito puede estar tranquilo, por otro lado, porque en la lontananza, por el momento, no se atisba moción de censura.

Eso es al menos lo que dice el líder de los socialistas jiennenses, Francisco Reyes, puesto que la disposición de su partido es la de «trabajar por los hombres y mujeres de Linares» sin alterar el tablero político de la vida municipal.

Francisco Reyes en la rueda de prensa posterior a su reunión con el alcalde de Linares.

Ahora bien, esa disponibilidad «no es un cheque en blanco para el alcalde». «Esto no es para que las derechas sigan haciendo lo que les da la gana en la ciudad de Linares», advierte Reyes, quien, en su opinión Linares «ha perdido dos años a pesar de que el Gobierno de la Junta de Andalucía lleva las mismas siglas que el de Linares».

La realidad, dos años después, es que de los 25 puntos que estructuraban el pacto de Gobierno, más otros compromisos adicionales, buena parte de ellos siguen sin verse materializados. Como excusa siempre quedará la pandemia y las enormes trabas que han encontrado en la gestión del día a día, al margen de la descoordinación entre áreas.

La Corporación Municipal más coral de la historia -con seis formaciones, Cs, PP, PSOE, Cilu, IU, Linares Primero- tampoco ha sido un ejemplo para los linarenses, sobre todo en los plenos, donde más que debatir y proponer soluciones se han dedicado a tirarse los trastos a la cabeza. Y en este punto no se libra ninguno de los partidos. Todos y cada uno de ellos han sido cómplices de la pérdida de credibilidad de la ciudadanía a la clase política local.

Entre tanto, Cs y PP se están encontrando en lo que va de mandato con una oposición que no es demasiado dura con su gestión, salvo en episodios puntuales. Quizá porque el partido que debía llevar la voz cantante ha estado más pendiente de sus problemas caseros que de Administración municipal. Esa percepción parece que está cambiando con la llegada a la secretaría general del PSOE linarense de Javier Perales, mucho más beligerante con el equipo de Gobierno que su predecesor.

Lo que sí está, más o menos claro, es que, a partir de ahora, entramos en una nueva etapa en la que el bipartido deberá dar el do de pecho, no tanto mirando a 2023, sino para hacer realidad todos aquellos proyectos que están a medias y que necesitan un empujón. En este punto, hay una verdad irrefutable: «Es imposible sacar adelante la ciudad si no es arrimando todos el hombro», como ha afirmado el alcalde en repetidas ocasiones.

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