Análisis | El Linares y el éxito de la estabilidad

Alberto González ha logrado construir un proyecto capaz de multiplicar las capacidades individuales y colectivas de la plantilla

¿Cómo ha llegado un club modesto de una ciudad sumida en una profunda crisis a convertirse en el equipo revelación de Segunda B y soñar con el ascenso al fútbol profesional? Es una las preguntas que muchos analistas se hacen cuando ven al Linares encaramado a la primera posición del Grupo IV-C de Segunda B por delante de plantillas que lo superan en presupuesto y en potencial deportivo.

Tratar de explicar las razones del éxito del conjunto azulillo no es fácil, pero existen una serie de claves que definen estos extraordinarios resultados y el alto rendimiento del vestuario.

Enrique González toma nota mientras su hermano Alberto avanza hacia el túnel de vestuarios de Linarejos en un entrenamiento del equipo.

La primera de ellas está en el cuerpo técnico que lidera Alberto González. El entrenador de Tolox ha sido capaz de multiplicar las capacidades individuales y colectivas de la plantilla gracias en buena parte a la ayuda y colaboración de su hermano Enrique, persona de confianza y auténtico especialista en analizar todo lo que gira en torno a la pelota, desde el aspecto técnico hasta el táctico, pasando por el motivacional.

Obviamente, luego está la composición de la plantilla, en la que juega un papel destacado el director deportivo, Miguel Linares, quien, junto con Alberto González, ha construido un proyecto basado en el compromiso de un puñado de jugadores que combinan experiencia y juventud y comparten un propósito común: ganar, ganar y ganar. Así de fácil.

Otro de los aspectos que contribuyen a la marcha del Linares es la claridad en los roles y expectativas de cada uno de los profesionales. Alberto González ha conseguido que todos los jugadores se sientan partícipes del éxito, pero también del fracaso. Todos, en mayor o menor medida, asumen su papel en el club sin conflictos ni malas interpretaciones.

Esto nos lleva a la confianza y a la certeza de que los futbolistas van a dar lo mejor de sí mismos en aras del objetivo común, más allá de los retos personales, con una fuerte carga de empatía entre ellos.

Cuando se alcanza ese nivel de complicidad y de estabilidad se consigue un carácter como equipo que supera cualquier adversidad; en el caso del Linares, un brote de coronavirus que afectó en la víspera de empezar la segunda fase de la competición a 13 futbolistas.

Por el momento, nadie pone techo al Linares que está a solo un punto de meterse por méritos propios en la pelea por el regreso a la Segunda División A 41 después de su último ascenso.

Fotos: Linares Deportivo 

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