Ana María Nájera, la sonrisa que todo lo ilumina

Regenta la floristería Casa Jardín en la calle Alfonso X el Sabio esquina Julio Burell, donde transmite su pasión por las plantas y las flores, además de una enorme vitalidad

Nada ni nadie puede borrar la sonrisa de Ana María Nájera Ruiz. No importa que se levante antes de que amanezca, de que le falten horas al reloj o de que una pandemia haya puesto contra las cuerdas a cientos de negocios en Linares. Ella afronta cada día con la ilusión de una niña y la esperanza de alegrar la vida a cada persona que cruza la puerta de Casa Jardín, la floristería que regenta desde hace casi tres décadas en la calle Alfonso X el Sabio, 40, esquina Julio Burell.

En la alta costura, ella es la florista a la que todos quieren contratar. No importa el momento ni el encargado, Ana María Nájera siempre está dispuesta a atender al cliente como se merece, ya sea para celebrar nacimientos, cumpleaños, aniversarios, bodas, díad especiales y también para despedir a los seres queridos. Ella disfruta dando «el toque emotivo, de color y personal».

En su establecimiento se pueden adquirir desde rosas, claveles y margaritas hasta bonsáis, pasando por una amplia variedad de plantas de temporada. «Mira esta es la mejor para el huerto de tu madre», aconseja a un chico.

El Covid-19 supuso un duro golpe para Ana María, así como para el resto del comercio linarense. Pero lejos de venirse abajo, apostó por una resistencia férrea con más horas de trabajo y dedicación al arte floral, una auténtica vocación y pasión para una mujer luchadora, emprendedora y cuya mirada destila bondad y agradecimiento.

A su cargo tiene dos empleadas, a las que ha mantenido en sus puestos a pesar del confinamiento, de la suspensión de festividades y de la dureza de la crisis sanitaria.

Con un cuidado especial en entender las personas y sus personalidades, ella ofrece el trato directo. Le encanta hablar con sus clientes, conocer sus gustos para encontrar la belleza de su interior. También apuesta por la innovación y hace arreglos específicos para todo tipo de eventos, siempre con productos y artículos cien por cien andaluces, porque «hay que apostar por lo nuestro».

Y, aunque parezca mentira, su pasión por la floricultura la combina con su oficio de peluquera. Porque Ana María es, además, propietaria de una peluquería -hombres y mujeres- en la calle Diego de Almagro del barrio de Las Américas. «¿Qué cómo llevo todo hacia adelante? Pues con mucha ilusión y trabajo. No hay más secreto», destaca a El Observador mientras atiende un pendido en Casa Jardín.

La empatía es una de las mayores virtudes de Ana María. De ahí que sea una experiencia enriquecedora disfrutar de su presencia en una ciudad que necesita de tantos mimos y cariño.

Fotos: Désirée Vicente 

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