A propósito de Ceuta

1
993

¿Alguien recuerda a Ayllan Kurdi? Quizá hay que hacer un esfuerzo mental para evocar quién es. Sin embargo, si les hablo de la imagen de un niño de tres años, con su camiseta roja y pantalón azul, muerto en la playa de Ali Hoca Burnu (Turquía) lo identificarán al instante. La fotografía de Nilufer Demir dio la vuelta al mundo y removió la conciencia de buena parte de la población. Rápidamente, dirigentes de diferentes países se apresuraron a salir en los medios de comunicación asegurando que “nunca más” debería ocurrir. Realmente, resultaba creíble y parecía que algo iba a cambiar por fin.

Nada más lejos de la realidad. Entonces corría el año 2015 y, seis años después, todo sigue igual. Lo vivido esta semana en Ceuta nos demuestra el largo camino que nos queda por recorrer. Miles de personas han llegado a nado, con un bañador como única maleta, otros han saltado la valla. Todos, arrojados por el Gobierno marroquí, que decidió abrir la frontera con el único objetivo de presionar a España.

Es vomitivo. Es terrible ver lo poco que vale la vida de un ser humano. Es asqueroso comprobar que somos títeres y que los que mandan se aprovechan de la necesidad ajena para forzar y extorsionar. La política se ceba con las personas. Antes, durante los conflictos bélicos, asistíamos atónitos al uso de las personas como «escudos humanos». Ahora, la humanidad ha dado un paso más de bajeza y utilizamos a los vulnerables, a los desposeídos, a los que corren desesperados por salvar sus vidas (en todos los sentidos) como armas arrojadizas para afrenta de los países. Marruecos no solo ha generado una crisis migratoria sin precedentes, sino que nos ha puesto frente al espejo y nos ha vuelto a mostrar la sociedad de mierda en la que vivimos.

Me da igual lo que se diga desde el Gobierno de Pedro Sánchez y me da igual el mensaje que se envíe desde las autoridades marroquíes porque está claro que la geopolítica falla, falla porque se olvida de que debería estar al servicio de la ciudadanía. Se olvida de que el derecho a la dignidad está por encima de otras muchas cosas. Tengo en mi retina las imágenes de una voluntaria de Cruz Roja (se llama Luna) abrazando a un joven, la de un bebé alzado en el mar, la de un niño casi aplastado contra la valla… Son tantas que desgarran el alma.

Y siento asco al ver a una buena parte de los políticos conservadores. En el PP no han tardado ni un minuto en ver la oportunidad de sacar rédito político y empezar una nueva gresca y, por su parte, Abascal se plantó en Ceuta para hablar de avalancha de inmigrantes y de enviar al Ejército a la frontera. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, escogió el término invasión. Como si fueran con pistolas y armas para tomar lo que no les pertenecen.

Seguimos sin entender que buscan una vida. ¿Quién lanzaría al mar a su hijo si en casa tuviera la posibilidad de un futuro? ¿Quién se tiraría al mar si no es por la esperanza de alcanzar una mejoría? Da igual que nos rebelemos, que pataleemos o que levantemos la voz. Hoy todo serán declaraciones de buenas intenciones y mañana todo seguirá igual.

Cuando hoy nos sentemos frente al televisor y pongamos las noticias, nosotr@s que hemos sido hijos de emigrantes debemos tener claro una cosa: cuando el gobernante de turno diga que se va a reforzar la frontera, que se van a asegurar los límites del país, no pensemos que se va a poner un cartelito avisando del cierre amablemente. No, lo que va a ocurrir es que van a llover palos, muchos palos, sobre las personas más vulnerables. Y del lado marroquí más palos.

Permitidme que termine con la reflexión de Javier Gallego (Carne Cruda): «Si estás en otro país y tienes un problema, ¿a quién te gustaría encontrarte al otro lado cuando necesites ayuda: a Luna o a ti mismo?”.

Foto: REUTERS/JON NAZCA

1 COMENTARIO

  1. Es muy difícil encontrar el calificativo adecuado para describir lo que ha sucedido en la frontera Marroquí está semana. La bajeza moral de quien usa a las personas, a los niños, como una herramienta de extorsión y presión dice mucho de su nula sensibilidad y humanidad. Desde el otro lado de la frontera, desde el supuesto lado “bueno”, la sociedad debemos mandar un mensaje muy contundente a los que desde su pedestal de soberbia, y falso patriotismo, se olvidan de que en la política no todo vale y lo se puede usar según qué cosas para conseguir rédito político. Como ciudadano siento vergüenza. Siempre nos queda la esperanza y orgullo de ver como nuestras fuerzas de seguridad y organizaciones humanitarias españolas han dado un ejemplo al mundo mostrando lo que es la empatía y la humanidad. La pena es que, uno por su condición de dictador y otros por su afán de derrocar al gobierno de España o por seguir envenenando la sociedad con su odio, no sepan ni a lo que me refiero….. Magnífico artículo, Espinilla.

DEJA TU COMENTARIO

Por favor introduce un comentario
Por favor introduce tu nombre aquí